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Lo último en los quirófanos: cirugía a control remoto

Como extraído de la más delirante película de ciencia ficción, funciona en México un robot tan “inteligente” que resulta capaz de llevar a cabo con mayor precisión que el mejor cirujano operaciones otrora complejas de manera tan eficaz que los enfermos salen del quirófano, literalmente, por su propio pie.

Las comidas condimentadas que tanto disfrutaba el defeño Manuel García  —de 40 años de edad, casado, padre de tres hijos— comenzaron a convertirse en problema a principios de 1997: cada vez que ingería grasas o picante padecía agudos dolores en la boca del estómago. Amante de los platillos mexicanos, García se resistía a dejar de lado los alimentos muy sazonados y enmascaraba los síntomas con ingentes cantidades de dispépticos y antiácidos.

Orillado por el creciente malestar, el capitalino terminó por acudir al médico, confiado en que se trataría sólo de un caso rebelde de gastritis, curable con medicamentos. Grande fue su sorpresa cuando le comunicaron que debían extirparle la vesícula biliar y más grande aún cuando le dieron a escoger entre ser operado convencionalmente por un cirujano o bien por uno de los más avanzados aparatos disponibles en los quirófanos: un robot controlado a distancia por un médico.

—Parece ciencia ficción, pero es la pura realidad —señala el médico Adrián Carbajal Ramos, egresado de la escuela médico-militar y uno de los contados expertos mexicanos en la nueva disciplina, la cirugía de telepresencia.

Así como en la computadora es posible crear dibujos tridimensionales animados manejados por sensores electrónicos (el mouse o el teclado), con los programas adecuados —explica el galeno— se consigue recrear el entorno de la operación, con la ventaja de que el doctor queda aislado de cualquier distracción y aun es posible corregir automáticamente pequeños errores, como el temblor involuntario de las manos que a veces aqueja a los cirujanos luego de varias horas continuas de manejar el bisturí.

Astronautas en el quirófano

La cirugía de telepresencia utiliza un dispositivo parecido a un visor de buceo dotado de dos monitores de alta resolución capaces de producir imágenes en tercera dimensión (al bloquear toda visión periférica provocan en el operador un efecto de inmersión, como si nada hubiera en el mundo más que él y su paciente), un par de guantes sensores y tres brazos robóticos parecidos a los empleados por los astronautas en los transbordadores espaciales.

El primer brazo, desarrollado a principios de los noventa por el ingeniero estadunidense Yulun Wang y conocido como AESOP por sus siglas en inglés, sostiene una diminuta cámara de cirugía endoscópica en uso en México desde hace casi un lustro (ver No es Nintendo: es cirugía con brazo robótico, Contenido, Dic. 1996) que introducida en el abdomen del paciente a través del ombligo y manejada por un dispositivo que obedece a la voz del médico, le evita tasajear a los enfermos para exponer las vísceras. Los 2 brazos restantes (equipados, según se necesite, con cualquier instrumento quirúrgico) responden a los movimientos de las manos del cirujano con una precisión que supera el pulso del más templado.

Si bien el doctor puede operar ahí nomás, al lado del paciente, también puede hacerlo a cientos o miles de kilómetros de distancia: el primer experimento que permitió vislumbrar el gran potencial de la nueva tecnología fue efectuado en 1993 por el científico de la NASA Richard Satava y el médico Licinino Angeli, de la Universidad de Roma. Ese año, ambos sabios pusieron a prueba la precisión del robot al drenar un quiste hepático simulado mientras el “paciente” (un maniquí) se encontraba en Pasadena, California, y el cirujano —cuyos movimientos replicaba el autómata— en Milán. La comunicación entre hombre y máquina se logró al entrelazar la señal de 2 satélites, que transmitían las órdenes a la velocidad de la luz.

Paralelamente a las investigaciones de Satava y Angeli, el doctor Philippe Green, de la Universidad de Stanford (acuñador del término “telepresencia” para describir la combinación de multimedia, robótica, comunicaciones satelitales y realidad virtual), desarrolló un sistema parecido, con el que logró cortar una uva en secciones de menos de un milímetro de grosor y tocar la cabeza de un alfiler decenas de veces consecutivas, sin errar una sola vez.

Ya conjuntados ambos prototipos, la técnica fue empleada en personas por primera vez en 1996, cuando el doctor belga Luc Vanderheyden dirigió desde Brujas, Bélgica, una laparoscopía practicada a un paciente que se hallaba en Hieuwegein, Holanda, unos 400 kilómetros al norte.

Ese año quedó conformado el proyecto Intuitive Surgical (intuición quirúrgica, en español), compuesto por más de un centenar de especialistas de distintos países abocados a perfeccionar con sus observaciones los prototipos. A diferencia de los primeros modelos del AESOP, que sólo podían mover la cámara en dos planos, los nuevos brazos pueden girar de la misma manera que lo hace una esfera, con lo que consiguen reproducir 12,000 movimientos del brazo humano. La depuración de los programas permitió eliminar los errores: si un buen cirujano tiene una precisión de 99.8% en los movimientos de sus manos, el robot compensa las pequeñas oscilaciones involuntarias, con lo que los yerros quedan eliminados.

Recuperación asombrosa

Cuando abrió los ojos, el defeño García Rodríguez se encontró con que sólo tenía una incisión de apenas 10 milímetros y casi ninguna molestia. Horas después ya estaba en su casa y en menos de una semana se había reincorporado a sus actividades cotidianas. —Sometido a cirugía convencional, la recuperación habría durado varias semanas —explica el doctor Adrián Carbajal Ramos, uno de los integrantes del Intuitive Surgical.

A la fecha, más de 250 mexicanos se han beneficiado del empleo de robots en el quirófano y se buscan nuevas aplicaciones a la novedosa tecnología: en Europa se realizan experimentos para incorporar transmisiones olfativas y sápidas, para conseguir simulaciones que abarquen los cinco sentidos. En hospitales de ese continente, desde el año pasado se emplean autómatas en operaciones de corazón y los especialistas prevén su pronta expansión a otras áreas del cuerpo, como columna, cerebro e inclusive al ámbito de la cirugía intrauterina: —Esto es apenas el comienzo —ilustra el médico Carbajal—; los creadores de la telepresencia ya trabajan en el desarrollo de robots tan diminutos que podrían introducirse en el sistema circulatorio de los enfermos y permitir a los médicos explorar desde dentro cada rincón del cuerpo, tal como hicieran los personajes de la película Viaje fantástico (dirigida por Richard Fleischer, 1966). En el próximo siglo, los cirujanos seremos los audaces exploradores de la última frontera: la interior.

Publicado originalmente en diciembre de 1999.

(Alberto Círigo)