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Krauze estadista, páginas de Gabriel Zaid

Estadista es la persona que se preocupa por el país e interviene para mejorarlo. No todos los que llegan al poder lo ejercen como estadistas ni todos los que mejoran el país están en el poder. El país se construye de abajo para arriba, empezando por los millones de mexicanos que saben hacer cosas necesarias y las hacen bien.

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En 1884 Francisco Sosa publicó 294 Biografías de mexicanos distinguidos desde Nezahualcóyotl y Vasco de Quiroga hasta sus propios contemporáneos. Incluyó arqueólogos, arquitectos, astrónomos, bibliógrafos, botánicos, cantantes, caricaturistas, diplomáticos, dramaturgos, escritores, farmacéuticos, filántropos, fundadores de instituciones, gobernadores, historiadores, ingenieros, insurgentes, juristas, lingüistas, marinos, matemáticos, médicos, militares, misioneros, músicos, naturalistas, obispos, oradores, pintores, poetas, presidentes de la República, químicos, etc. Salta a la vista que los hombres de Estado no son la mayoría y que el recuento excluye marbetes como: biógrafo, empresario, intelectual, aunque de hecho los había entre sus biografiados y él mismo estaba en ese caso.

Una galería semejante, actualizada hoy, incluiría a Enrique Krauze. Se ha distinguido por sus intervenciones en favor de la democracia y el debate para mejorar la vida pública de México. Ha sido un estadista ciudadano, con ánimo valiente frente al poder y la incomprensión. Arguye claramente y con una prosa de lujo.

Cuando empezó, había desprecio hacia la democracia. Desde el Estado estable y triunfalista, la Revolución fructificaba en obras y servicios públicos: parecía ingenua la “mística del voto”. Desde el marxismo universitario, la democracia era una máscara de la opresión. Lo importante era la Revolución, pero la de veras: la cubana.

Frente a la “democracia dirigida” del régimen mexicano y las “democracias populares” de los regímenes totalitarios, Krauze abogó Por una democracia sin adjetivos (1986). El libro tuvo mucha resonancia, aunque fue tachado de neoliberal por los creyentes en un Estado redentor, benefactor, soberano y, desde luego, en manos políticamente correctas. Proponía limitar la intervención del Estado, someterlo a la crítica de una prensa libre, a la rendición de cuentas, a elecciones de verdad. Proponía una presidencia acotada por los otros poderes. Proponía cosas que se han vuelto normales, pero que no existían en el México de entonces.

Hay quienes hacen cosas admirables en el papel que asumen vocacionalmente y quienes hacen algo más: inventar su papel en la vida, contra la corriente de “lo que debe ser un historiador” o lo que “debe ser un ingeniero”. Krauze habló de “caudillos culturales” para referirse al papel histórico de Vicente Lombardo Toledano, Manuel Gómez Morín y otros hombres de libros que fueron más allá de los libros para crear un país mejor; empeño en el cual tuvieron que inventar su propia vida, nada convencional. Así también Daniel Cosío Villegas (una generación después) y Lucas Alamán (un siglo antes), lograron la unidad de su vida creadora en lo que externamente parecían figuras incompatibles. Lucas Alamán estudió ingeniería, se volvió empresario y se puso a investigar la historia de México para entender en qué país vivía y mejorarlo. Además, escribió con una prosa admirable.

Como hombres de libros y de iniciativas prácticas, todos comprendieron la importancia del desarrollo cultural y casi todos actuaron como “empresarios culturales”, figura desgraciadamente escasa en México, aunque tiene antecedentes ilustres. De esos historiadores empresarios como Francisco Sosa, Lucas Alamán y Daniel Cosío Villegas viene el linaje intelectual de Enrique Krauze.

Empezó como ingeniero, se transformó en empresario del negocio familiar, sacó un doctorado en Historia y se especializó como biógrafo del poder. Se volvió un crítico del sistema político mexicano, hizo televisión cultural y fundó una revista. Sorprende la cantidad de cosas valiosas que ha hecho en sus primeros 70 años. Y está en forma para hacer muchas más. Ahora, frente a la tragedia de los pueblos remotos dañados por los sismos, lanza la buena idea de que cada uno sea apadrinado por un empresario que apoye los trabajos de reconstrucción.

En Polonia, patria de sus abuelos, los cumpleaños se celebran con una canción tradicional que registra la Wikipedia y puede escucharse en YouTube. Sto lat. ¡Que viva cien años!

Gabriel Zaid