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Juan Torres y el pueblo de las Catrinas

El artista creó un un nuevo concepto de catrinas.
El artista creó un nuevo concepto de Catrinas.
  • ¿Sabes de dónde vienen las Catrinas de barro?

 

 

Quienes entran por primera vez a la morada del artista michoacano Juan Torres Calderón tienen la sensación de recorrer un museo no sólo por las pinturas y esculturas exhibidas en jardines y corredores, sino por la arquitectura que las enmarca, tan delicada que parece tallada a mano. La singular casa-taller se encuentra en el pueblo de Capula (a 19 kilómetros de Morelia) y es parada obligada para los amantes del arte que visitan la región.

Pintor, escultor, orfebre, grabador, albañil, arquitecto, jardinero y trombonista, las creaciones de Torres —quien expone anualmente tanto en México como en el extranjero— le han valido ser calificado como un “moderno Hermenegildo Bustos”, en alusión al pintor guanajuatense de fines del siglo XIX.

Tercero de los 11 hijos de un taxista «que sólo manejaba carcachas» y con frecuencia se veía obligado a repararlas: —De verlo manejar con soltura el martillo, las pinzas y los desarmadores aprendí a usar todo tipo de herramientas —asegura el artista, que descubrió la pintura a los 10 años de edad, una tarde en Morelia en que contempló, asombrado, a decenas de estudiantes de la Escuela Popular de Bellas Artes de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo empeñados en pergeñar sus cuadros.

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Torres, decidido a vivir del arte, se entrevistó con el director del plantel, el pintor Alfredo Zalce, quien fascinado por el desgarbo del muchacho lo admitió sin reparos. Era una época en que no pedían papeles ni había mayores requisitos, así que Torres obtuvo su primera credencial como universitario a los 10 años.

Naturalmente, los padres del precoz pintor no se mostraron conformes, pero cambiaron de parecer cuando un año más tarde Torres recibió una beca de 75 pesos y, además de comprar sus pigmentos, pudo contribuir al gasto familiar.

La estancia de Torres en esa escuela terminó abruptamente, cuando alumnos y maestros ebrios de marxismo expulsaron a Zalce y tres alumnos: los hermanos Naranjo (Humberto y Rogelio, el último hoy caricaturista en diarios) y Torres, quien mantuvo contacto con su maestro hasta la muerte de éste, acaecida en 2003.

El pueblo de las Catrinas

 Por entonces el artista ya era un joven adulto y pensaba en independizarse. En un viaje de fin de semana a Capula quedó enamorado del pueblo y se las arregló para adquirir un terreno a precio de ganga donde comenzó a edificar su casa: —Aproveché las piedras que encontré en el predio y utilicé materiales como la teja (hecha por los alfareros del pueblo) y el adobe —cuenta—. También construí un taller de alfarería donde mis primeros aprendices fueron cinco niños, hoy ya adultos y convertidos en mis empleados de confianza.

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En los años setenta Torres empezó a elaborar Catrinas de barro, similares a las antaño dibujadas por José Guadalupe Posada. Tanta demanda encontraron esas artesanías —hoy muy cotizadas en el extranjero— que poco a poco el resto de los artesanos locales comenzaron a imitarlo: —Yo dejé de hacerlas hace algunos años —comenta—, pero algunos compañeros exponen sus obras regularmente en México y en otros países. Si bien las llego a realizar eventualmente para alguna exposición o pedido especial, todas las manufacturadas en mi casa van firmadas con la leyenda “del taller de Juan Torres”.

Por la misma época en que se afanaba con las Catrinas, Torres discurrió elaborar esculturas con herrería que le valieron una invitación a exponer en una galería de Monterrey (hoy conserva una casa-museo en la cercana Villa de García, donde reside 3 meses al año). Su obra fue muy bien recibida y vendió todas las piezas, por lo que en años subsecuentes volvió con figuras de bronce y pinturas, como El sueño de la rosa: —En una subasta se vendió en 30,000 dólares —relata— y me acuerdo muy bien no por el precio, sino porque mi esposa estaba embarazada, se contagió de hepatitis, abortó y cayó en coma durante varios días.

Inspirar a los otros

El artista michoacano también se dedicó a elaborar retratos y cuadros de “angelitos” (niños muertos), de raro encanto por su eclecticismo que combina rasgos de maestros como Ingres, Delacroix, Picasso, Matisse y Velázquez: —Las influencias son admisibles siempre y cuando se transformen en algo nuevo —asegura.

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En años recientes, tras construirse una nueva casa-estudio a la orilla del Pacífico en el poblado costeño Caleta de Campos, Mich., Torres se ha consagrado a pintar cuadros en los que funde desnudos de mujeres con motivos marinos (“Su mezcla representa el erotismo, el placer y la soledad”). Mientras trabaja en cualquiera de sus tres refugios, el pintor gusta de oír música clásica. También, de tiempo en tiempo, elabora joyería en plata, cerámica y litografías: —El principal objetivo del artista es inspirar a los demás —filosofa—; por eso, me enorgullezco al ver que muchos de mis vecinos de Capula realizan magníficas “catrinas” a partir de mis diseños originales.

Actualmente en el pueblo alfarero se realiza un festival dedicado a la catrina que termina el tres de noviembre. Si desea recordar a la calavera garbancera, creada por José Guadalupe Posada para criticar a la mujeres de su tiempo que se vestían siguiendo la moda francesa, Capula es el lugar adecuado.

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Por A.C.