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¿Será posible predecir los terremotos?

Los científicos aseguran que es muy probable que se logre predecir los terremotos en los próximos años, pero en tanto hay que descreer de los falsos profetas y, en cambio, entrenarse para saber qué hacer para sobrevivir a un sismo de gran intensidad.

Hace años circuló por Internet un correo electrónico según el cual un terremoto de grandes dimensiones azotaría la Ciudad de México el 24 o 25 de mayo. El escritor y periodista Héctor de Mauleón publicó en el diario El Universal que la magnitud sería tal que no quedaría piedra sobre piedra y atribuía el pronóstico a un tal Minik Zek Balam, mejor conocido como “Jaguar Negro”, un chamán que supuestamente había predicho el terremoto de 1985 y que alardeaba que su predicción la habría reportado en su momento el mismo diario, aunque no pudo comprobarlo.

Uno de los más sorprendidos por la supuesta noticia fue Carlos Valdés González, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM y jefe del Servicio Sismológico Nacional: —Mucha gente se muestra dispuesta a creer en charlatanes sin tomar en cuenta que la ciencia, pese al acelerado avance tecnológico de las últimas décadas, aún no consigue desarrollar un sistema confiable para predecir los terremotos con antelación —dice.

Sin embargo, algo se ha avanzado, asegura. Ejemplo de ello es el Sistema de Alerta Sísmica (SAS) operado por el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES), considerado uno de los más modernos del mundo. El sistema se basa en sensores colocados en la costa de Guerrero y puede detectar sismos de más de 6.5º en la escala Richter y emitir un aviso hasta 50 segundos antes de que los efectos se sientan en la Ciudad de México.

—Es un primer paso, pero dentro de no muchos años dispondremos de herramientas más potentes —explica Valdés—, que tal vez nos permitan predecir con antelación los temblores, tal como hoy se pronostica el clima.

Vigilancia orbital

Se sabe que antes de un terremoto se presentan fenómenos geológicos llamados “precursores sísmicos”, como variaciones en el campo electromagnético de la Tierra, emanaciones de gas radón, aumento de la temperatura de la corteza terrestre cerca de alguna falla geológica, emisión de ondas de radio de baja frecuencia o alteraciones de la ionosfera provocadas por dichas ondas.

La NASA ha puesto en órbita satélites que monitorean estas anomalías y la UNAM ha seguido su ejemplo con un nanosatélite diseñado para detectar los precursores de un sismo mayor a 5º Richter.

—Otros científicos estudian el comportamiento de algunos animales capaces de “oír” o percibir de algún modo las ondas de alta frecuencia liberadas por la fragmentación de las rocas del subsuelo —señala Valdés—. Por ejemplo, en Japón se demostró que cierto pez de agua dulce puede detectar los sismos un día antes de que ocurran, con un 80% de precisión.

Los sismos se miden con dos escalas: la primera fue creada por Charles F. Richter y considera la energía que se libera durante un temblor, calculada a partir de registros obtenidos con sismógrafos; la escala progresa de manera exponencial: un terremoto de 7º es 10 veces más fuerte que uno de 6º. La otra escala, diseñada por el sismólogo italiano Giuseppe Mercalli, tiene 12 grados y califica los daños causados por el movimiento telúrico.

Se calcula que al año ocurre un millón de sismos, de los cuales 100 causan daños graves y 10 son muy destructores. El más intenso del que se tiene registro sucedió en 1960 y tuvo su epicentro en Chile: con 9.5º Richter, se sintió en toda América del Sur, desplazó montañas, cambió el curso de ríos, originó nuevos lagos y provocó tsunamis que afectaron las costas de Japón, Hawai, Filipinas y Estados Unidos. La urgencia de poder predecir los terremotos quedó, una vez más, demostrada el pasado 12 de mayo, cuando un terremoto de 7.9º Richter devastó la región de Sichuan, al sureste de China, donde murieron alrededor de 70,000 personas y más de 5 millones quedaron sin hogar.

Los 10 sismos más intensos

LUGAR FECHA MAGNITUD RICHTER
Chile 1960 9.5
Alaska 1964 9.2
Islas Aleutianas 1957 9.1
Indonesia 2004 9.0
Kamchatka (URSS) 1952 9.0
Ecuador 1906 8.8
Islas Aleutianas 1965 8.7
Tibet/India 1950 8.6
Kamchatka (URSS) 1923 8.5
Indonesia 1938 8.5

 

Las causas

La corteza terrestre es como un rompecabezas de 15 piezas llamadas placas tectónicas, que flotan sobre un manto plástico y caliente en constante movimiento. Dichas placas tienen unos 100 kilómetros de grosor y como se mueven en diferentes direcciones (a razón de 5 centímetros al año), chocan entre sí, lo que da origen a volcanes y cordilleras. También se alejan, lo que amplía el área de los océanos.

Cuando 2 placas se “atoran”, se acumula energía que es liberada de forma brusca como ondas que provocan el movimiento del suelo. Las hay de tres tipos: primarias (se sienten como una gran sacudida), secundarias (inician unos segundos después y se sienten de manera más sostenida) y superficiales (parten del epicentro y pueden ser horizontales o verticales). El epicentro de la mayoría de los sismos se localiza a profundidades que van de 5 a 400 kilómetros bajo la superficie terrestre.

En México ocurren al año alrededor de 1,000 sismos mayores a los 3.5º Richter y en el último siglo se registraron 150 que superaron los 6.5º. Esto se debe, explica el geofísico Valdés, a que el territorio del país se encuentra “montado” sobre 5 placas tectónicas: la de Norteamérica (que también contiene a Estados Unidos, Canadá y partes del Atlántico y Asia), la del Pacífico (sobre ella se encuentra la península de Baja California, casi toda California y parte del océano Pacífico), la del Caribe (sur de Chiapas, islas caribeñas y países de Centroamérica), la de Cocos y la Rivera (contiene el litoral del Pacífico).

La mayor parte de los sismos en México se originan en la costa pacífica, donde el área de choque entre placas (llamada zona de subducción) es más amplia, pues abarca desde Puerto Vallarta hasta Tapachula. Ahí se originaron los 2 terremotos más intensos que azotaron al país en el siglo XX: el primero, acaecido en junio de 1932, tuvo su epicentro en Jalisco y alcanzó 8.2º Richter; el origen del segundo, ocurrido el 19 de septiembre de 1985, estuvo frente a las costas de Michoacán, su intensidad fue de 8.1º y devastó partes de la Ciudad de México, a más de 200 kilómetros de distancia.

—Hasta antes de ese desastre se creía que los suelos blandos amortiguaban las ondas sísmicas, pero hoy se sabe que no es así —afirma Cinna Lomnitz, investigador emérito del Instituto de Geología de la UNAM y uno de los sismólogos más prestigiados del mundo—. De hecho, lo ocurrido en la capital del país hoy se conoce como “efecto Ciudad de México” y permitió una mayor comprensión de lo que ocurre durante un terremoto.

Prevención ante todo

Cuando ocurre un sismo en el litoral del Pacífico, explica Lomnitz, la energía sísmica no afecta mucho a las regiones costeras, pues su suelo es duro; en cambio, se desplaza por “canales” conocidos como “guías de ondas”, regiones donde el suelo es más blando y que desembocan en el Valle de México. Ahí topan con otra “guía” originada por el lodo subterráneo que dejó el antiguo lago de Texcoco al desecarse y, como consecuencia, las ondas rebotan de un lado a otro por lapsos de 5 minutos y se amplifican.

—En consecuencia —añade, por su parte, Valdés—, durante el sismo de 1985 los edificios se vieron sometidos a una severa agitación y 371 de ellos colapsaron al golpearse unos con otros o por no poder vibrar libremente (al hacerlo se disipa la energía sísmica sin dañar la estructura) por tener otras construcciones al lado.

El resultado más notable de lo aprendido, señala Carlos Magdaleno Domínguez —catedrático e investigador de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del IPN— fue la modificación del reglamento de construcción en el DF —donde los edificios deben estar más separados de sus vecinos conforme son más altos—, ahora copiado por otros países con suelos similares al del Valle de México.

También se recomienda la utilización de mampostería y concreto reforzados y acero, que por ser flexible puede absorber y disipar la energía sísmica de una manera 100% más eficaz que el cemento.

Cinna Lomnitz, autor del libro El próximo sismo en la Ciudad de México, explica que terremotos como el de 1985 no suelen ocurrir más de 2 o 3 veces por siglo: —Nadie, ni siquiera los científicos, pueden saber aún cuando azotarán —enfatiza—, aunque sí conocemos cuál será la zona más afectada en el DF: la parte baja de la ciudad, donde el suelo es de un lodo muy ligero y blando.

Para los expertos como Carlos Valdés conviene que la población se adiestre en simulacros para saber qué hacer en caso necesario. Cinna Lomnitz opina que las autoridades son las responsables principales de la prevención: —También deben poner de su parte los constructores —añade—, pues los sismos por sí mismos casi nunca matan, pero los edificios que se desploman sí.

 

 

Los 10 sismos más mortíferos

LUGAR AÑO MAGNITUD RICHTER MUERTOS
Shansi, China 1551 No disponible 830, 000
Thang Shan, China 1976 7.5 655, 000
Indonesia 2004 9.0 230, 000
Sining, China 1927 8.3 200, 000
Kansu, China 1920 8.6 180, 000
Kwato, Japón 1923 8.2 143, 000
Messina, Italia 1908 7.5 120, 000
Turkmenistán, URSS 1908 7.3 110, 000
Chihli, China 1290 No disponible 100, 000

 

Este artículo fue publicado originalmente en nuestra edición

(Alberto Círigo)