facebook@ twitter@ instagram@ youtube@

Te puede interesar

Nuevas tecnologías para la salud

El antes y el después de ocho artículos cotidianos

Movilidad urbana: el calvario cotidiano para llegar a tiempo

Inicio / Reportajes / ¿ Insatisfacción ? El nuevo mal de la sociedad

¿ Insatisfacción ? El nuevo mal de la sociedad

En los últimos años los mexicanos hemos sido invadidos por un mal cuya “cura” ha beneficiado al mercado de lujo, educativo, de mascotas y de bienestar emocional: la insatisfacción.

  

A los 32 años de edad Rosana Lomelí contaba con un excelente puesto de trabajo que le permitía viajar dos veces al año, pagar el alquiler de un departamento en una zona residencial, cambiar de auto cada año y vestir siguiendo las tendencias de la moda. Era dueña de un cuerpo moldeado en el gimnasio y una alimentación 100% orgánica, porque “el resto de las comidas me producían náuseas”, decía.

En el trabajo, esta gerente de ventas rompía récords, laboraba hasta 12 horas diarias para superar las expectativas de sus jefes y “asegurar el puesto”. La relación con sus compañeros era mala, su obsesión por la perfección la llevaba a ser rígida y devaluatoria: “Más vale ser odiada que amada”, decía.

No obstante,sentía insatisfacción, así que a toda conquista le seguían nuevos retos: un postgrado, la última versión de todo, un nuevo tratamiento de belleza, hasta que una visita al cirujano para aumentar sus senos, afinar su cintura, operarse la nariz y realizarse una liposucción, puso en evidencia su verdadero sentir: cuando el médico le indicó que tantas operaciones no eran necesarias ni indicadas, ella entre llanto y cólera señaló: “Usted no entiende, necesito operarme o no conseguiré una buena pareja, y seguiré sola”.

 

I: El duro reto de desafiarse a sí mismo

Casos de insatisfacción con la vida y consigo mismo a pesar del éxito, han crecido en los últimos años. “Seis de cada 10 pacientes que llegan a terapia lo padecen, afecta por igual a hombres y mujeres, niños y adolescentes”, asegura Jocelyn Orizaga Romero, psicoterapeuta adscrita a la clínica de psicología de la Universidad Anáhuac del Sur.

Quienes lo padecen –explica la especialista en terapia sistémica familiar– viven una continua infelicidad, vacío y angustia que buscan eliminar fijándose desafíos para lograr distinguirse y ser admirados, principalmente a través de las conquistas laborales, profesionales, económicas y físicas.

“Las metas –agrega– son muy grandes por lo que alcanzarlas les requiere renunciar a aspectos importantes de su vida, de ahí que a pesar de cumplir las expectativas, se sienten insatisfechas y buscarán metas más extremas, que de no lograr generará enojo y ansiedad impulsándolas a exigirse más y llevándolas al límite físico y emocional: depresión, ansiedad, enfermedades psicosomáticas y hasta paranoia son síntomas frecuentes (ver recuadro Perfil de la insatisfacción).

En su libro La industria de la felicidad, William Davies explica que este mal encuentra su origen a finales del siglo XIX cuando los anunciantes, gestores de recursos humanos, gobiernos y empresas volcaron sus esfuerzos para analizarnos con un solo objetivo: decirnos cómo debemos comportarnos y vivir, para ser felices, sentirnos satisfechos, y pertenecer al grupo de los “ganadores”.

Esta tendencia –apunta el sociólogo Julián Flores Arellano– se agudizó con la llamada obsolescencia programada, es decir el cálculo premeditado de la vida útil de un producto, de modo que rápidamente se torne obsoleto, no funcional, inútil, y sea considerado malo, feo, loser (perdedor).

“Desde mediados del siglo pasado los especialistas ya visualizaban lo que estaba por venir: la obsolescencia programada permearía en la cultura de tal forma que el valor de las personas también tendrá tiempo de caducidad a no ser que se esfuercen por cumplir con los requerimientos sociales que las mantendrán vigentes y en el grupo de los ‘ganadores’”, puntualiza el también académico de la Facultad de Estudios Superiores Aragón (UNAM) y de la Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía (IPN).

Para los seres humanos –explica Jocelyn Orizaga Romero– pertenecer a un grupo, y especialmente al fuerte, es un mandato biológico y evolutivo, pues nacemos indefensos y requerimos de otros para sobrevivir. “Pero en la actualidad la fortaleza ha sido reinterpretada como riqueza, poder e imagen, de ahí que se hará lo que sea para ser aceptados”.

Curiosamente bajo el sistema actual, no hay esfuerzo que valga pues, coinciden los especialistas, de lo que se trata es de promover la insatisfacción y el sentimiento de “no ser suficiente” para “vender” el antídoto: ropa, comida, gadgets, cosméticos, juguetes, libros de autoayuda, etcétera, que por supuesto, tendrán un tiempo de caducidad para que compres más, y te esfuerces más.

 

Perfil de la insatisfacción (*)

  • Piensan que la felicidad está determinada por los logros y éxitos laborales y profesionales.
  • Establecen metas muy grandes, y sobrevalúan sus alcances por lo que se esfuerzan por sobresalir y lograr la admiración de los demás.
  • Sus aspiraciones no van de acuerdo con la realidad. Quieren resultados inmediatos y no disfrutan ni valoran el aprendizaje.
  • Son muy impacientes e irritables, con poca tolerancia a la frustración.
  • Son perfeccionistas, devaluatorios con los logros propios y ajenos.
  • Se comparan continuamente con personas exitosas.
  • Invierten mucho tiempo en su imagen externa y el conocimiento.
  • Padecen continuamente de dermatitis, insomnio, dolores de cabeza, gastritis y colitis, que atienden a través de la automedicación, pues las visitas al médico quitan tiempo y los alejan de sus objetivos.
  • Son muy solitarias, no establecen vínculos afectivos cercanos pues “no necesitan de nadie”.
  • No consideran sus emociones como importantes, y mucho menos aquellas relacionadas con el dolor, el cansancio y la tristeza a las que consideran debilidades, por lo tanto son poco empáticos con los demás.
  • Son muy racionales e inteligentes, pues estudian y trabajan de manera obsesiva buscando la superioridad.
  • Son altamente valoradas en el trabajo pues son capaces de dejar su vida personal a un lado, y dedicar largas horas de trabajo por cumplir con las expectativas de la empresa.

* Con información de Jocelyn Orizaga

 

 

Spleen vs. speed

Charles Pierre Baudelaire describió un fenómeno ocurrido a finales del siglo XIX al que denominó spleen y que consistía en la pérdida de la capacidad de asombro, sensación de monotonía, aburrimiento y desasosiego por una “carencia que nunca será colmada, una ausencia que jamás se hará presente”, por lo que los aquejados, principalmente clases nobles, padecían de una pasividad y melancolía inquietantes.

No obstante, la insatisfacción que prevalece en el siglo XXI es distinta: ataca a pobres y a ricos, jóvenes y ancianos, y lleva a las personas a la movilidad extrema, veloz (speed) y autodestructiva.

 

II: La industria de la felicidad

Paradójicamente la felicidad y la satisfacción ocupa hoy más que nunca el interés público y privado, reflexiona William Davies, quien subraya cómo encuestadoras y redes sociales se dedican a medirla detalladamente, pero de nuevo con fines comerciales para crear nuevos productos que satisfagan “hasta al más exigente”.

Los números no mienten: sin importar la crisis económica, que se concentre la riqueza en pocas manos o que las clases medias se diluyan, el mercado del lujo y el dedicado a la imagen ha despuntado en los últimos decenios. De acuerdo con Fflur Roberts, investigadora de Euromonitor Internacional, este año el mercado de nicho creció 6% en 2016 con un valor de 4,000 millones de dólares sólo en bienes (la economía sólo el 2.3% anual), colocando a México como la novena industria más dinámica en este rubro a escala mundial.

La venta de libros de autoayuda o desarrollo personal también se ha incrementado. Es uno de los nichos de más ventas, de acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), en 2005 se publicaron 4,642 títulos y en 2015 (últimos datos) más de 6,000. “Estos libros son los más vendidos en tiendas de autoservicio y departamentales, lo que habría que medir es cuántos realmente se leen pues pueden ser considerados amuletos para la felicidad”, indica Carlos Anaya Rosique, presidente de la Caniem.

La sobreexigencia y la falta de tiempo para la vida personal y el establecimiento de vínculos afectivos muy cercanos, también ha hecho que despunte una nueva industria: la de las mascotas, que otorgan aceptación y amor incondicional. Este mercado ha sido valuado por Euromonitor Internacional en más de 2,300 millones de pesos al año y de este total, el 74% lo ocupan los alimentos cuyas ventas crecieron de 2011 a 2016 en 28.3%, superando al de comida para bebés que alcanzó apenas el 8.3% en ese mismo periodo.

La demanda de cirugías plásticas estéticas también va a la alza. Se hacen más de 400,000 procedimientos por año. México ocupa el quinto lugar mundial en cirugías estéticas, detrás de Estados Unidos, China, Brasil e India. “Esto obedece al excelente trabajo y la preparación de los cirujanos plásticos mexicanos, pero también a la continua búsqueda por mejorar la imagen personal tanto de hombres como de mujeres. En los últimos dos años los procedimientos estéticos se han incrementado en un 37%”, afirma el doctor Eugenio Rodríguez Olivares, presidente de la Asociación de Cirugía Plástica y Estética de México.

No obstante –puntualiza Rodríguez–, también los cirujanos plásticos han visto un aumento de pacientes con dismorfia corporal o el trastorno dismórfico corporal (TDC), desorden en el que existe una severa preocupación por un defecto imaginario (o real) en la apariencia física. “A pesar de ser personas atractivas o que ya han sido intervenidas exitosamente, siguen solicitando cirugías en exceso, extremas e innecesarias”.

 

Recuadro

Mercado de lujo

 

Producto Ventas anuales en millones de pesos
Ropa de diseñador 27,371
Relojes 8,432
Vinos y bebidas 5,481
Artículos de cuero 7,924
Gafas 6,757
Joyería 5,137
Cosméticos y belleza 3,991
Instrumentos de escritura y papelería 129

Fuente: Luxury Lab

 

 

Cerebro insatisfecho

La psicoterapeuta Jocelyn Orizaga explica que la insatisfacción genera un sentimiento de angustia continua ante la pérdida de algo importante y que da sentido a quiénes somos y lo que valemos (aceptación, admiración, posición económica, laboral, social, etc.), por lo cual se secreta adrenalina que nos prepara para la confrontación a la que se considera “peligrosa”.

Bajo el influjo de este neurotransmisor la persona adquiere mucha energía que le permite trabajar por periodos prolongados y la mantiene alerta y sin descanso. Sin embargo, con el tiempo esta situación origina un desequilibrio en los neurotransmisores llevándola al otro extremo: causa depresión, vacío, sentimientos paranoicos y una visión alterada de la realidad.

El problema es que bajo la dinámica consumista el sexo, las drogas, el alcohol y las compras serán la vía más “práctica” para generar un placer inmediato, pero también finito que nos llevará a requerir mayor cantidad del “satisfactor” sin poder establecer límites, pues el sentimiento de vacío persistirá.

 

III: ¿Sin salida?

Con 38 años cumplidos el veterinario Rodrigo Núñez llegó a solicitar ayuda psiquiátrica luego de que ideas suicidas aparecieran en su vida tras varios meses de depresión. El veterinario había dedicado cuatro años de carrera, dos de especialización, cinco como practicante, sin que hubiese alcanzado el empleo y salario deseados, por lo que había comenzado una costosa maestría que lo mantenía a raya económicamente y lo había desgastado al punto que paralizó sus estudios. “Siempre pensé que bastaba con que te gustara algo y trabajaras arduamente para alcanzar tus sueños, hoy me doy cuenta que no es suficiente”, comenta.

“La infelicidad y la depresión se concentran en las sociedades muy desiguales, marcadas por los valores fuertemente materialistas y competitivos”, afirma William Davies en su libro. Y es que “lo paradójico de este sistema es que nos exige ‘tener’ para ser “valiosos” y crea una gama de bienes y servicios para nuestra entera satisfacción, pero ofrece pocas oportunidades laborales y económicas”, afirma el sociólogo Julián Flores Arellano.

La mecanización del trabajo y el avance tecnológico a pasos vertiginosos ha sepultado muchos empleos y redefinido el perfil laboral haciéndolo mucho más selectivo: “Se requiere un alto nivel de especialización, pero también el desarrollo de habilidades multifuncionales, dominio tecnológico y continua renovación de conocimientos”, afirma Jared Isaac Cortés Montes, gerente de mercadotecnia y relaciones públicas de Manpower.

Esto lleva a los jóvenes y a los adultos a sobreexigirse para ingresar o mantenerse en el mundo laboral, y el mercado educativo privado ofrece todo tipo de opciones: plataformas para aprender idiomas rápidamente, carreras en menor tiempo, másters, diplomados en productividad, certificados, etc., pero todos con un tiempo de caducidad. Y para “sobrevivir al estrés” se ofertan spas, cursos de meditación, yoga y todo tipo de novedosas disciplinas orientales”, agrega Flores Arellano.

El problema –coinciden Orizaga y Flores Arellano– es que inmersos en este sistema sólo reproducimos una dinámica que con el paso del tiempo ha demostrado sus efectos destructivos.

La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017, estimó que en los últimos siete años el consumo de drogas aumentó 47% entre la población de 12 a 65 años de edad, y de 125% en adolescentes entre 12 y 17 años.

De acuerdo con el Inegi del año 2000 a 2014 (último censo), la tasa de suicidios se elevó de 3.5 a 5.2 por cada 100,000 habitantes, pero en el grupo de 15 a 29 años la tasa se elevó en un 40.2% (7.9 suicidios por cada 100,000 jóvenes).

Para nuestros especialistas la única forma de salir del círculo vicioso es cuestionarse si lo que se observa y se vive a diario nos hace sentir bien o, en caso contrario, fomenta la insatisfacción que nos lleva a buscar nuevas vías para revaluarnos nosotros y nuestra vida. (Ver recuadro: Pasos para revertir la insatisfacción ).

La familia, primer sistema al que se pertenece, es pieza fundamental para salir de esta dinámica, asegura la psicoterapeuta Jocelyn Orizaga: los padres en lugar de “blindar” a sus hijos para enfrentar la vida con objetos y sobreexigencias, deben otorgarles tiempo para enseñarlos a identificar y validar sus emociones y necesidades afectivas; equilibrar y valorar los diversos componentes de su vida el –estudio, recreación, convivencia familiar, deporte–, y que su valía no dependa de su imagen y de la aprobación de los demás.

Además –añade Orizaga– deben impulsarlos y acompañarlos en sus proyectos, enseñándolos a no tener miedo a las malas experiencias hoy denominadas “fracasos”, y en cambio aprender de éstas y disfrutar el camino, valorando cada logro por más pequeñito que sea.

En el aspecto social -concluye Julián Flores Arellano- es urgente caer en la cuenta que reproducir esquemas donde lo valioso es lo que se tiene y no lo que se es, está fomentando el desarrollo de ególatras y sociópatas cuya falta de empatía les permite fácilmente tomar decisiones sin considerar las consecuencias sociales y políticas que conllevan, realidad que ya estamos enfrentando.

 

 

Pasos para revertir la insatisfacción (*)

  1. Hacer un balance o corte de caja sobre cómo se está en las diferentes áreas de la vida: social, personal, sexual, familiar, financiera, etc., para que se esclarezca qué aspectos se han sobrevalorado y cuáles se han abandonado, para redefinirlas y revalorarlas.
  2. Escribir una breve biografía para reconocer momentos cruciales o palabras que fueron marcando la percepción de nosotros mismos, y las sobreexigencias y decisiones que tomamos.
  3. Dejar de compararnos con otros. Entender que cada persona tiene su propio camino.
  4. Trazar una línea del tiempo para ir observando y reconociendo los logros en diversas áreas de nuestra vida, estableciéndose límites claros y acordes con la realidad.
  5. Hacer un análisis de dónde proviene la sobreexigencia, desde fuera o desde dentro, y reflexionar sobre las pérdidas y logros que ha traído este estilo de vida.

* Con información de Jocelyn Orizaga

 

 

(Mariana Chávez Rodríguez)