jueves , septiembre 21 2017
facebook@ twitter@ instagram@ youtube@

Te puede interesar

Movilidad urbana: el calvario cotidiano para llegar a tiempo

Cómo ha cambiado la familia mexicana

Las carreras del futuro para un mejor entorno laboral

Inicio / Reportajes / Qué tan verde eres

Qué tan verde eres

Cosas que sí podemos hacer en nuestra vida diaria para ayudar al planeta y por ende, a nosotros mismos. Descubre en nuestro artículo ¿qué tan verde eres?

Luis Manuel no utiliza energía de la red de la Compañía Federal de Electricidad, porque en su casa tiene un sistema fotovoltaico de paneles solares; tampoco usa agua de la red pública debido a que capta, recicla y potabiliza el agua de lluvia, no tiene horno de microondas ni secadora de pelo, cada que puede baja escaleras y no usa el elevador, y aunque tiene auto trata de usar el transporte público. “Pero mi caso no es general, soy un mal ejemplo”, dice.

Amparo, por su lado, convenció a los vecinos de instalar en su conjunto habitacional un sistema de celdas fotovoltaicas, de recuperación de agua de lluvia y otro de separación de basura. Pero los compromisos de su trabajo la obligan a usar muchas veces el auto a la semana y por eso exclama: “Soy un mal ejemplo”.

Liliana tiene un sistema de sensores nocturnos en los focos de su casa que se encienden sólo cuando hace falta, capta el agua de la regadera y la reúsa posteriormente, se mudó para llegar en unos minutos a su oficina –que está en un bosque–, usa jabón que no hace espuma, trata de comer productos orgánicos, tiene un pequeño huerto urbano y usa cremas para la piel porque tiene una enfermedad que lo requiere, sin embargo todos esos cuidados la hacen decir: “No soy un buen ejemplo”, me falta ser verde.

Es curioso que estas personas aseguren que sus costumbres no son ejemplares para la mayoría de los mexicanos cuando Contenido les pregunta sobre lo que ellos hacen en su vida personal para disminuir su “huella ecológica” –es decir la afectación en el ambiente por el consumo de recursos naturales–, dado que estos personajes son, respectivamente, uno de los máximos divulgadores de la sustentabilidad ecológica, Luis Manuel “el Químico” Guerra, fundador del Instituto Autónomo de Investigaciones Ecológicas y autor de libros referentes a la problemática del agua y el aire en México; Amparo Martínez, directora general del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (Inecc), bióloga y doctora en Ecología que suele representar al país en los compromisos internacionales como el Acuerdo de París o la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible; y Liliana Balcázar, bióloga y subdirectora de Centros de Educación Ambiental de la Ciudad de México, con 23 años de experiencia y especialista en Dimensión Ambiental en diseño de políticas públicas.

Todos ellos actúan en su cotidianidad para paliar, en sus posibilidades y de acuerdo a sus convicciones, el cambio climático y al mismo tiempo cuidar su salud. Ellos saben científicamente que ambas cosas –ambiente y bienestar personal– están íntimamente relacionadas. Las prácticas ambientalistas de Guerra, Martínez y Balcázar son, desde luego, plausibles y dignas de imitarse, aunque ellos sientan que son extremas o incompletas.

¿Tus residuos son verdes, cuántos generas?

Generación diaria de residuos sólidos por persona dependiendo de la zona geográfica.

Sur: 770 gramos

Norte: 870 gramos

Promedio Nacional: 990 gramos

Centro: 1.05 kilos

Frontera Norte 1.10 kilos

Distrito Federal: 1.52 kilos

Semarnat, datos del 2012

LAS COSAS GRANDES

Contrario a lo que se suele decir por estos días, quizá el presidente de Estados Unidos, Donald Trump le hizo un favor al planeta. En su afán de quedar bien con la franja dura de sus electores comprometidos con la producción de carbón y petróleo, anunció que su país no aceptaba los términos del Acuerdo de París, pacto que aspira a que el mundo disminuya la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) que emite a la atmósfera, para impedir que aumente la temperatura del planeta y, con ello, sortear el gran riesgo para ecosistemas y especies, incluyendo la humana.

La reacción de los demás países fue unánime contra Trump. Si bien hubo especialistas que aseguraron que para que Estados Unidos deje el Acuerdo de París tendrían que pasar al menos cuatro años dado que el pacto apenas se firmó en diciembre de 2016 (en 2020 sustituye a su predecesor, el Protocolo de Kyoto), aún quedan y reafirman el compromiso 159 países, entre ellos los más poblados y contaminadores como China, India y Rusia, más Europa y los grandes de Latinoamérica.

Lo que sí logró el mandatario estadounidense fue encender aún más las alarmas ambientalistas, no sólo en su propio país –que por cierto es uno de los que más han hecho la tarea verde, con estados completos como California y Washington volcados a la generación de energías limpias–, sino que también despertó la reacción de empresas e industrias verdes, y de compañías antes reacias como las petroleras ExxonMobil, Chevron o Shell.

El propio gobierno de México desde hace años insiste en reforzar algunos notorios esfuerzos (ver recuadro “Las acciones macro”), y hay ejemplos de administraciones locales como la de Monterrey, que dota de energía a su Metrorrey, alumbrado y oficinas públicas con biomasa extraída de la basura que genera la urbe; o el de la Ciudad de México, que pondrá la planta de termovalorización más grande del mundo, que se alimentará con miles de toneladas de residuos, mismos que con sus gases generarán electricidad que podría mover diario todo el enorme Metro capitalino.

Asimismo hay esfuerzos privados de empresas por ser verdes, por ejemplo  Coca-Cola México, que junto con la asociación civil Pronatura tienen el programa más grande del mundo de reforestación; la cadena Walmart que con plantas eólicas y minihidroeléctricas energiza 72% de sus tiendas en el país, o las decenas de programas de Fundación Carlos Slim que junto con la organización internacional WFF vela por la conservación de espacios y especies en peligro. Esos son algunos de los cientos de esfuerzos importantes por tratar de restablecer el equilibrio perdido con el ambiente, pero los ciudadanos podemos hacer nuestra parte. La parte más relevante, en efecto.

Las “R” ecológicas

Organismos gubernamentales, ONG y fundaciones promueve supuestas “7 Erres” para cuidar el ambiente, aunque difieren en lo que significan las “R”. Aquí algunas de las mencionadas.

  1. Repensar: reflexionar sobre cómo vivimos, producimos y consumimos, cómo nos relacionamos con personas, animales y naturaleza.

  2. Respetar: En el cuidado de los demás, de los animales y de los recursos naturales está el futuro de nuestra especie.

  3. Reducir: Evitar el consumo de artículos superfluos, sólo comprar lo que se necesite.

  4. Reciclar: Separar los residuos en casa, escuela y trabajo, pedir a las autoridades que también lo hagan.

  5. Reutilizar: Darle otro uso al papel, cartón, ropa, libros, CD antes de deshacernos de ellos.

  6. Redistribuir: Compartir, intercambiar, prestar, alquilar o regalar para explorar nuevas formas de convivencia y negocio.

  7. Reparar: Rehabilitar un objeto es mejor que comprar uno nuevo.

  8. Reclamar: Los consumidores deben participar activamente y exigir actuaciones en pro del ambiente.

  9. Rechazar: Los productos tóxicos, no biodegradables o no reciclables quedan fuera de la lista de la compra.

QUÉ FÁCIL: CAMBIEMOS

“¿Cómo puedo incidir positivamente en el ambiente? Con mis hábitos de consumo, acudiendo al minimalismo, que es un estilo de vivir con lo indispensable, y que va en contra del consumismo. Ese estilo de vida hace reflexionar si me sirve o me hace falta algo y si no, no lo compro. Esa simple acción ayuda globalmente en términos de medio ambiente”, asegura Eduardo Cota, maestro en Ciencias y experto de Pronatura.

Coincide con ello la doctora Amparo Martínez, directora del Inecc, quien resume: “Lo fundamental es cambiar la forma en que hacemos todas las cosas. Eso es lo más difícil, porque se requiere de voluntad personal y acción colectiva, y no tenemos una sociedad con participación colectiva en la cuadra, el trabajo o la escuela”.

Cambiar el estilo de vida de la sociedad de consumo suena complejo pero como refiere Kantar Worldpanel, firma de investigación que analiza marcas en unos 40 países, la tendencia de cuidar a las personas y al ambiente empieza a influir en el comportamiento de los compradores. Asegura que así como en China 67% de los consumidores prefiere cosméticos con ingredientes naturales y 55% adopta ya una dieta más saludable, los surcoreanos exigen que los productos tengan la certificación de organizaciones como Environmental Working Group para considerar su compra “virtuosa”, y en Francia cada vez más personas buscan productos que omiten sustancias nocivas para el bienestar de la gente y del ambiente y por tanto los fabricantes optan por algo llamado Ecolabel Europea, sello que garantiza que respetan la naturaleza.

En México, si por ciertas encuestas nos guiáramos, parecería que somos el país más ecológico del mundo. Un sondeo de la organización Páginas Amarillas y la misma Kantar (ver la tabla “El consumidor verde”) y otra elaborada por el portal Ofertia.com, coinciden en que nueve de cada 10 mexicanos están preocupados o se consideran personas responsables con el ambiente. Pero sólo un tercio de los consultados dice ahorrar agua además de energía, una quinta parte asegura que recicla y un 15% que usa bicicleta o comparte coche.

¿En realidad somos conscientes de nuestra huella ecológica? “Nos falta mucho todavía”, afirma Liliana Balcázar, especialista en educación ambiental y acostumbrada a instruir a niños, jóvenes y empresarios desde una de las reservas o ecoguardas de la Ciudad de México, cuyo territorio, por cierto, es aún 65% rural, agrícola. “Decir a la gente que apague la luz y que cierre la llave no impacta mucho –dice la bióloga–, si les enseñan el tema de la biodiversidad en la escuela pero nunca ven en el campo por qué tenemos que cuidar un árbol o un animal, ya que estos forman parte del ecosistema y por tanto de nuestra cadena de alimento, el mensaje no impacta”.

También bióloga y funcionaria, Amparo Martínez dice con tono grave: “A la gente no le suena mucho lo del calentamiento global. No es sólo que suba la temperatura. Eso lo aguantaríamos de alguna manera. Sucede que empiezan a darse en la naturaleza mezclas químicas en la atmósfera, que llegan al agua, y que al cambiar la humedad, los vientos, la periodicidad de las precipitaciones (llueve en tres horas lo que debería llover en tres meses), toda una serie de procesos se van desacoplando como los polinizadores, los polinizados, todo eso es lo que modifica el cambio climático. Por eso debemos observar nuestro entorno, para evitar desastres”.

Qué protegemos por ley para ser verde 

El gobierno mexicano tiene bajo protección las siguientes regiones:

– 45 reservas de la biosfera, que significan 77.7 millones de hectáreas. Eso es 4.84% del territorio nacional y 22% de mar territorial.

– 66 parques nacionales, 1.4 millones de hectáreas. Es 0.34% del territorio y 0.24% de mar territorial.

– 181 áreas naturales protegidas federales, es decir 90.6 millones de hectáreas, o 10.7% de territorio y 22.6% de mar territorial.

– 39 áreas de protección de flora y fauna, 6.7 millones de hectáreas. O sea 3.2% del territorio y 0.1% de mar territorial.

– 8 áreas de protección de recursos naturales, es decir 4.5 millones de hectáreas, es decir 2.2% de territorio terrestre y aguas continentales.

– 18 santuarios, que representan 150,195 hectáreas.

Fuente: Comisión Nacional de Áreas Protegidas (CONANP)

CONSEJOS EXPERTOS

A nuestros consultados les preguntamos qué podríamos hacer los ciudadanos desde nuestro papel de estudiantes, empresarios, amas de casa, industriales, funcionarios, empleados, etcétera para que como “usuario del planeta” hagamos de él un sitio más verde . Las respuestas fueron variadas, abundantes. Ofrecemos las más relevantes.

El químico Guerra no duda en citar políticas públicas basadas en tres medidas urgentes, sobre todo para las ciudades: la primera es cuidar la atmósfera, para lo cual no se deberían renovar concesiones para vehículos de uso intensivo que no tengan convertidor catalítico en buen estado, inyección secuencial de combustible y encendido electrónico. Lo segundo es cobrar el agua en lo que vale, evitar el desperdicio y aprovechar los recursos para aplicar en las zonas más desprotegidas un sistema de subsidios. Y tercero, incentivos a quienes tengan azoteas y muros verdes, con reducción en el predial si demuestran que tienen zonas con vegetación sólo así conseguiremos un entorno más verde .

Balcázar, de la Secretaría de Medio Ambiente de la CDMX, tampoco titubea: “Una actividad ambiental completa para los ciudadanos es generar huertos urbanos [donde se pueden sembrar hortalizas y plantas medicinales, ornamentales, aromáticas], incrementa las áreas verdes, por ende provee de más oxígeno y mejora el ambiente, beneficia la salud porque el origen de esos productos no tiene tóxicos, beneficia la economía si quieres poner un negocio (sería maravilloso ir a restaurantes que tengan su propio huerto). Es una de las acciones que da más beneficios al contribuir un tema de soberanía alimentaria y de cambio climático que a la vez vuelve al planeta más verde ”.

Cota, director de Conservación y Restauración Ecológica de Pronatura, también es categórico: “Una acción para reducir la huella de carbono es fomentar la economía de cercanía”. Comprar los productos que se generan cerca de nuestro entorno. “Se generan economías locales, con el beneficio para la cuenca y con la conveniencia de que son más baratos. ¿Por qué comprar agua de los Alpes suizos si aquí tenemos equivalentes?”, exclama y agrega que otro punto es “cosechar agua. Tenemos edificios y grandes fábricas con sus techos captadores, pero el agua de lluvia se va al drenaje. En políticas públicas se hablan de extracción de agua, tratamiento, disposición pero no de recarga, eso está olvidado. La ciudad de Phoenix, en Arizona, que está en el desierto, inyecta agua a presión en sus acuíferos y su nivel freático aumenta en vez de decrecer”.

Martínez, que ve la problemática de ser verde bajo la perspectiva de su experiencia gubernamental, aclara que “hay tantas formas de incidir en el ambiente como el tamaño de la imaginación y la necesidad de las comunidades. No se pueden generalizar todas las medidas, cada territorio tiene su propia complejidad. Hay medidas comunes pero otras no, porque somos una sociedad llena de diferentes sectores y territorios. Las mismas costas, por ejemplo, tienen características y necesidades diferentes: unas son turísticas, otras petroleras, comerciales y de puertos, con humedales, etcétera”.

Sin embargo, la doctora en Ecología y funcionaria del Inecc concede que algo que podríamos hacer todos para que un individuo sea verde: consumir cosas que no provoquen desechos; con nuestras compras empujar a las empresas hacia cierta producción limpia, adquirir cosas producidas en la cercanía y sí, “exigir a nosotros, a las autoridades, la implementación de ciertas medidas que favorezcan el ambiente y así hacerlo más verde ”.

Con todo, aún se suele pensar que no podemos hacer la diferencia. El columnista de Contenido Sergio Sarmiento, en esta misma edición, hace referencia a expertos de Copenhague, Dinamarca, que advierten que para que el planeta no aumente 1.5 grados Celsius más de temperatura, el mundo debe dejar de emitir 6,000 gigatoneladas de bióxido de carbono. Sin embargo, acuerdos como el de París plantean, en el mejor de los casos, una reducción de sólo 56 gigatoneladas.

A pesar de esos datos hay millones de personas que confían en que una acción conjunta y masiva de la humanidad podría paliar el deterioro de nuestro planeta y hacerlo más verde. Como bien dice el astrofísico canadiense Hubert Reeves: una poderosa razón por la cual debiéramos revisar nuestros métodos, actitudes y hábitos es porque “la humana es la especie más insensata, venera a un Dios invisible y masacra una naturaleza visible, olvidando que esa naturaleza que masacra es el Dios invisible que venera”.

El consumidor verde

La agencia de investigación de mercados Kantar TNS y Páginas Verdes realizaron un estudio sobre los hábitos y actitudes de la gente hacia el medio ambiente. Principales resultados:

9 de cada 10 mexicanos dicen estar preocupado por el ambiente.

6 de cada 10 millennials dicen estar muy preocupados

98% de los consultados piensa que es “muy importante” que las empresas protejan el ambiente.

78% dice que su decisión de compra favorece a las empresas que protegen el ambiente.

 

Principal preocupación de los consumidores:

Calentamiento global          37%

Contaminación del aire       12%

Contaminación del agua     12%

Basura                                   10%

Pérdida capa de ozono        8%

Tala y especies en peligro   5%

 

Sin embargo, la preocupación no corresponde a la acción. En 2015 la gente hacía más que en 2017 en estos rubros:

  • Economizar agua

  • Reciclar

  • Usar papel recliclado

  • Separar la basura

  • Comprar productos biodegradables

  • Usar transporte público o alternativo

  • Consumo de productos orgánicos

Como puedes ver, ser verde tiene muchas implicaciones, ¿Estás listo para evaluarte y saber qué tanto lo eres?

(José Ramón Huerta)