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¿Cómo le va al Papa Francisco con las reformas en la Iglesia?

 

A poco más de cuatro años de ascender al pontificado de la Iglesia más numerosa del mundo, los estudiosos hacen un balance del mandato del Papa Francisco. ¿Qué nos falta por ver? ¿cómo va con sus reformas?

 

La realidad es que el Papa Francisco, el argentino Jorge Mario Bergoglio, de 80 años, elegido Papa en marzo de 2013 por el Colegio Cardenalicio, después de cuatro años sigue manteniendo altos niveles de popularidad y aceptación entre sus fieles, que ven como sellos distintivos de su papado una gran sensibilidad para enfrentar las críticas a sus decisiones y a su apertura en asuntos pastorales. Sin embargo, todavía está lejos de gobernar en un escenario tranquilo, pues libra luchas intestinas en pos de los cambios que pretende instaurar.

Apenas el pasado 13 de marzo, mientras celebraba su cuarto aniversario en el Vaticano, estableció un diálogo informal con la concurrencia y una niña le preguntó a qué le tenía miedo. El Papa Francisco bromeó: “A las brujas”, pero inmediatamente reviró: “Las brujas no existen. Me da miedo el mal. Todos tenemos la semilla de la maldad pero cuando una persona decide ser mala me da miedo porque puede hacer tanto mal: en la familia, en el trabajo, también en el Vaticano cuando se da el chismorreo”, agregó.

Focos de molestia

Según Bernardo Barranco, sociólogo de las religiones –autor de los libros Norberto Rivera. El Pastor del Poder, de Editorial Grijalbo y Las batallas del Estado laico: La reforma a la libertad religiosa–, para evaluar la gestión del Papa es necesario recordar cómo le entregaron la Iglesia: estaba sumida en una crisis de vocaciones de fe, tenía escándalos de pederastia, enfrentaba corrupción en las finanzas del IOR (el banco vaticano) y la Curia romana era confrontada por corruptelas, sin olvidar que “la renuncia del papa emérito Benedicto XVI, fue la cereza en ese trágico pastel”, opina el estudioso.

Jorge Eugenio Traslosheros Hernández, doctor en Estudios Latinoamericanos del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH) de la UNAM, considera que el pontífice “entiende que la Iglesia es una realidad global metida en un mundo profundamente dolido que requiere de la misericordia; de ahí su actuar”.

Por su parte, Arturo Navarro Ramos, académico del Departamento de Formación Humana del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), señala que se debe reconocer que Francisco impulsa una Iglesia cercana a los creyentes. Su pontificado está abierto a discutir la cultura del descarte, la globalización y el deterioro del medio ambiente, signados en la primera exhortación apostólica Evangelii gaudium (La alegría del Evangelio), y la encíclica Laudato Si (Alabado seas), encaminadas hacia la transformación.

“A mi juicio el Papa ha sido bastante prudente, para otros ha sido lento, pues desean que los cambios sean rápidos. Las decisiones de la Iglesia se mueven con un criterio distinto a las decisiones de carácter político”, comenta Navarro.

¿Y las reformas?

Un asunto del que se habló con la llegada del Papa Francisco tenía que ver con la percepción de la gente de que cambiaría la Iglesia por completo.

Barranco opina que más que un revolucionario, es un Papa de reformas. “Sigue el camino del Concilio Vaticano II, para que la gente no sienta que Iglesia está dentro de una burbuja sino abierta a sus problemas”.

En ello coincide Traslosheros, quien remarca que “muchos se decepcionaron del pontífice porque esperaban un hombre revolucionario y encontraron un pastor. Semejante a lo que pasó con algunos discípulos de Jesús que así lo veían. Es un Papa que no se toca el corazón para criticar a sus opositores. Entre los apóstoles siempre habrá un Judas”.

A su vez, el académico del ITESO identifica dos sectores claramente opuestos en su postura ante Francisco: por un lado, un sector mayoritario de laicos, jerarcas, religiosos de diferentes congregaciones en su favor; y, por el otro, la Curia vaticana, que quiere conservar sus privilegios y no lo ve con buenos ojos.

Tal vez por eso en abril de 2013 Francisco designó una comisión de cardenales alterna a la Curia, denominado C9, un grupo selecto que se reúne para fijar un marco jurídico y establecer los nuevos lineamientos (ver La Guerra del Papa Francisco, Contenido, Abr. 2014).

No hay que olvidar que el Vaticano es un Estado monárquico y no tiene la misma lógica de un gobierno democrático en cuanto a la transparencia. Cada prelado tenía que rendir cuentas, pero por años eso no sucedió, lo cual motivó que el cáncer de la corrupción invadiera a la Iglesia, creen los entrevistados.

Barranco precisa: el Papa ordena las finanzas mientras se enfrenta con cardenales rebeldes que en redes sociales y con carteles lo desprestigian por mantener el diálogo con la cultura contemporánea. Un ejemplo clásico es el del cardenal Tarcisio Bertone, antiguo secretario de Estado de Benedicto XVI, que habitó un departamento lujoso con alberca en Roma.

“La doble vida de los monseñores es lo que el Papa ha enfrentado. Una corrupción que tiene varios frentes: sobornos, lavado de dinero, vínculos con el crimen organizado, un cáncer, que a duras penas lo comienza a recomponer”, detalla Barranco.

 

El enemigo en casa

En esta tarea de recambio, el Papa ha debido enfrentar a los ultraconservadores que parecen haberle perdido el respeto. El cardenal estadounidense Raymond Leo Burke –opositor a Francisco y patrono de los Caballeros de la Orden de Malta, la congregación religiosa que jura lealtad al Vaticano– no desperdicia oportunidad de poner piedras en el camino, acaso porque a su llegada el Papa lo apartó del cargo del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica. “Desde entonces, cada que puede rechaza cualquier orden del pontífice”, señala Navarro.

En noviembre del año pasado Burke envió una carta a Francisco junto con otros cardenales rebeldes como el italiano Carlo Cafarra, arzobispo emérito de Bologna, y los alemanes Walter Brandmuller y Joaquim Meisner, para que aclarase algunos puntos de la exhortación apostólica Amoris Laetitia (El gozo del amor), que sugiere abrir la puerta a los divorciados que se han vuelto a casar por lo civil y donde el jefe de la Iglesia católica deja al criterio de los obispos que los divorciados casados en segundas nupcias puedan recibir la comunión en algunos casos, algo hasta ahora vetado por Roma. Y como el Papa guardó un prudente silencio, entonces Burke aseguró que estaba dispuesto a presentar un “acto formal de corrección” contra Francisco, una figura inaudita en la Iglesia católica que históricamente considera al vicario de Cristo como infalible.

En los primeros días de febrero de este año, el Papa Francisco debió librar otras batallas por parte de ese grupo. En los muros aparecieron carteles anónimos contra el pontífice con la leyenda: “¿Pero dónde está su misericordia?”. También algunos clérigos recibieron por correo electrónico una copia falsa de una portada del periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano, con críticas hacia el papado. Pese a esos actos rebeldes no han conseguido nada, señalan los especialistas.

Un asunto que sí se prevé tenga más desencuentros, es el que se refiere a los abusos sexuales a menores perpetrados por sacerdotes y que ha perjudicado la imagen de la institución en el mundo. A Francisco le corresponde abordar una cuestión que está lejos de quedar olvidada -dice enfático Barranco-: “La Iglesia no ha limpiado nada. El Papa no ha querido ser contundente”.

Navarro señala que el problema no se ha cerrado y que es urgente limpiar la imagen pues compromete el mensaje de cuidado de la persona, respeto, dignidad y valor.

El académico Traslosheros, por su lado, se muestra optimista pues considera que el proceso de reforma emprendido desde el pontificado de Benedicto XVI sigue paso a paso, y como muestra señala el mecanismo para llamar a cuentas a los obispos, que antes no existía.

Por lo pronto las batallas que están librando y las resistencias al interior de la Iglesia no son cosa fácil, a menudo pasan desapercibidas para los feligreses, los cuales no se desesperan ante el encanto mediático del Papa Francisco quien en estos temas parece, como dice el dicho, “ir despacio porque tiene prisa”.

 

(Alejandrina Aguirre)