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Comida con historia: ¿De dónde viene el surimi?

Desde hace poco más de una década el surimi (o palitos de cangrejo, como también es conocido) se ha convertido en un elemento común en nuestra cocina, siendo incorporado en diversos platos, pero sobre todo en ensaladas.

A pesar de que en occidente su popularidad se alcanzó recién iniciado el siglo XXI cabe destacar que fueron inventados en 1969 y que, desde entonces, ya era muy común en muchas cocinas (sobre todo asiática).

El surimi se basa en distintas partes de diferentes pescados con los que se hace una masa tras picarlo muy fino (de hecho, el significado del término surimi es literalmente ‘carne picada’) y su proceso ya se utilizaba hace casi un milenio en la cocina japonesa.

Pero tal y como lo conocemos hoy en día, el surimi fue el resultado de una campaña realizada por el ‘Instituto Pesquero Experimental’ de Hokkaido (Japón) en el que se buscó en la década de 1960 una solución para dar salida a ciertos pescados que eran poco consumidos. Gracias a la idea de Nishitani Yōsuke se consiguió hacerlo procesándolo como hace casi mil años ya hacían sus antepasados.

El proceso del surimi consiste en desmenuzar diferentes pescados y hacer una pasta gelatinosa con todo ello, a la que se le añade varios aditivos, azúcar, proteína de soja, sorbitol, sal y una buena cantidad de glutamato monosódico (un potente aditivo alimentario muy utilizado en la cocina oriental y que en los últimos años también está siendo muy usada en occidente).

Después tan solo queda darle la forma: en barritas son los conocidos ‘palitos de cangrejo’ y como imitación de la langosta o las angulas (las famosas gulas), en definitiva todo es el mismo producto con diferente formas y a los que se le añade un aditivo u otro para potenciar más o menos su sabor.

El característico color rojo o naranja que aparece en el surimi está hecho con pimentón o con un colorante alimentario conocido como ‘tartrazina’ (E-120).