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Cómo ha cambiado la familia mexicana

 El paso del tiempo y las nuevas fórmulas de convivencia cambiaron los papeles tradicionales de la familia mexicana. Aquí les mostramos esas transformaciones.

 

En la popular serie animada de Los Simpson, que se centra en retratar y también ridiculizar a una típica familia estadounidense, hubo un capítulo en el que Homero debe convertirse en “amo” de casa porque Marge, su esposa, comienza a trabajar como policía en Springfield. El marido asume el rol que hasta ese momento era exclusivo de su mujer: preparar la comida, cuidar de los hijos y, en general, mantener en orden las cosas del hogar. El resultado es, naturalmente, un desastre. Menos desafortunado, aunque mucho más largo, ha sido el proceso real de cambio de roles en la familia mexicana tradicional. A medida que la mujer se ha incorporado al ámbito laboral, los hombres han empezado a participar más activamente en el hogar. Los roles que antaño estuvieron delimitados por el género, hoy son accesibles y permitidos socialmente para hombres y mujeres.

Lo cierto es que el tipo de familia tradicional que se terminó de consolidar como la conocemos desde principios del siglo XIX, está teniendo modificaciones. La configuración actual existe sin la obligatoriedad de la unión de hombre y mujer. Hoy una familia puede estar formada por una pareja y sus hijos (el modelo clásico), pero también por madres y padres solteros e, incluso, por parejas de un mismo sexo.

 

Históricamente nuestras familias se construyeron bajo el viejo modelo del patriarcado. Ya desde tiempos prehispánicos la responsabilidad familiar recaía en los hombres, considerados más sabios por su edad y posición social.

 

Nuevo tamaño y forma

Carlos Welti Chanes, especialista en dinámica familiar, población y estudios demográficos y miembro del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM, comenta en entrevista para Contenido los cambios que ha tenido la familia en nuestro país.

El primero de ellos –considera- es la reducción de su tamaño producto de la caída de la fecundidad en décadas recientes. Las familias conyugales pasaron de tener un promedio de siete hijos a un número que “asegura apenas la sobrevivencia de las generaciones, es decir, alrededor de uno o dos hijos”, refiere el investigador.

La caída de la fecundidad, que trajo consigo la variación en el estatus social de las mujeres, fue el segundo cambio importante porque “se incrementó de manera significativa su nivel de escolaridad y creció también su participación económica fuera de la actividad doméstica”, explica Welti Chanes. Esa modificación convergió con el incremento de las mujeres en la jefatura de las familias.

La maestra Ofelia Pasquel, directora de Academia en la Universidad Panamericana (UP), comparte esta opinión y apunta que la disminución en la tasa de natalidad es una situación que podría causar alarma pues, aunque estamos menos avanzados en este rubro comparados con los europeos, en algunos años podríamos enfrentarnos a condiciones como las que ellos padecen; es decir, “un grueso de la población de la tercera edad mayor que los adultos jóvenes en edad laboral. Esto repercute directamente en nuestro sistema de pensiones, pues los jóvenes mantienen a niños y adultos mayores”.

Ya no se trata de un hecho aislado como lo fue en el pasado. Hoy se ha convertido en una situación generalizada donde las mujeres comparten la responsabilidad de ser proveedoras en el hogar, especialmente en sectores de clase media.

Para Carlos Welti, el cambio social más importante del siglo XXI será el reconocimiento de la sexualidad, la aceptación de que el ser humano es más que la clásica división biológica que nos clasifica como hombres y mujeres, sino toda una ideología que, por lo menos en México, aún es incipiente y tiene que ver con “las familias que se conforman por individuos no heterosexuales”, señala.

Papá ¿qué vas a hacer de comer?

Tradicionalmente la sociedad espera que el hombre desempeñe el papel de “proveedor de la familia”, dice Welti. No obstante, distintos factores han propiciado que este modelo evolucione e incorpore nuevas formas de “funcionamiento”. Por ejemplo, hay parejas en las que ambos trabajan y se reparten las tareas hogareñas; y existen cada vez más parejas, donde por diversos motivos, la mujer es quien sale a trabajar y el hombre atiende la casa de todo a todo.

Hace no mucho tiempo la figura del hombre, del padre en particular, ha estado ligada a un papel mucho más distante que aquel que siempre ha desempeñado la madre en relación con los hijos. Actividades como preparar y dar de comer a los hijos, la supervisión y atención del aseo diario, cambiar pañales, llevarlos al parque o simplemente recoger a los niños del colegio habían sido responsabilidad casi exclusiva de la mujer.

Ser padre hoy en día conlleva muchos otros aspectos de los que eran considerados en el pasado, coinciden nuestros entrevistados Ofelia Pasquel y Carlos Welti. Los padres actuales están comenzando un proceso de “sensibilización”, de autocrítica constructiva, de tolerancia y amabilidad hacia sí mismos.

No es una tarea sencilla a la que se enfrentan los padres en este nuevo rol, sobre todo si se toma en cuenta que el resultado busca que los niños tengan la oportunidad de crecer en un ambiente con menos segmentación de roles que en el pasado. Ahora el papá tiene la misión de involucrarse de manera distinta, con una mayor responsabilidad y compromiso que en el pasado. Las causas de este traspaso de actividades dentro de cada rol son muchas y variadas, destacando los nuevos modelos de estructura familiar, la incorporación de la mujer con más fuerza en el mercado laboral, la flexibilización de ciertos horarios y demás factores de evolución cultural, entre otros, precisan los especialistas. Esto nos lleva a encontrar padres que juegan con los niños, se preocupan por su educación y prestan mayor atención a su alimentación y cuidado integral.

¿Listos para el cambio?

Este cambio de roles en la familia mexicana no siempre se da naturalmente. En nuestro país, en ciertas capas de la sociedad, aún existe reticencia. Cuesta aceptar los cambios y más cuando el hombre adopta roles que antes se asociaban exclusivamente a las mujeres. Al mismo tiempo es muy importante conocer qué determina el cambio de rol en cada caso, y resulta imprescindible comprender las consecuencias que puede ocasionar. Hay dos factores económicos que están empujando las transformaciones: primero, la apertura laboral para las mujeres y la oportunidad de convertirse en proveedoras; segundo, la pérdida de empleo del varón o largos periodos de desempleo que obliguen a las mujeres a trabajar.

En todo caso, lo importante en esta instancia no es sólo aprender a reorganizar los nuevos roles, sino sortear las distintas eventualidades que pueden surgir en el núcleo familiar y asimilar la variación y todo lo que ésta conlleva; por ejemplo, la salud mental de cada uno de los integrantes o la capacidad para aprender las actividades a desempeñar.

Si los cambios se deben a que el jefe de familia ha perdido el empleo, éste se enfrentará a un doble reto: superar la frustración de perderlo y adaptarse a las labores cotidianas del hogar como la convivencia con los hijos, si los hay.

Las mujeres no están exentas de una “doble carga”, como lo señala el investigador Welti: aquellas que se desempeñan como jefas de familia, tienen el trabajo de llevar dinero al hogar, “pero eso no garantiza que sea su única tarea pues además tienen que desempeñar el papel de amas de casa… son multitareas”, sentencia.

Si bien es cierto que hoy todavía resulta complejo que el cambio de roles en la pareja se dé por elección personal de los integrantes, y ocurre más bien como consecuencia de la crisis de alguno de los miembros, también es una realidad que cada vez hay más parejas que sí deciden compartir las responsabilidades tanto económicas como domésticas.

De acuerdo con nuestros entrevistados, la evolución de la familia irá abriendo camino a las generaciones futuras pero que, hoy mismo, hay que enfrentar toda clase de prejuicios que parecieran frenar tal cambio cultural. Estos prejuicios se basan en la idea de lo que el hombre debería de ser y, por lo tanto, las obligaciones que tendría que cumplir y que limitan a la mujer a sólo estar a cargo del hogar, además de ejercer fuerte presión sobre los varones como proveedores.

Estigmas que en pleno siglo XXI seguimos buscando superar.

Las mujeres en México se ven obligadas a desempeñar tareas laborales que aporten a la economía del hogar, ya sea en forma de complemento del trabajo del varón o porque ya asumió la jefatura de la familia.

Unión libre, nido vacío y divorcios

La evolución de la familia mexicana no obedece únicamente a los cambios de roles, también los núcleos familiares se han transformado por otros factores, como los que detalla el Inegi en su Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). Revela que 58.1% de la población de 18 y más años se encuentra viviendo en unión libre, 31.4% es soltera y 10.5% es separada, divorciada o viuda.

El Inegi destaca que el número de divorcios aumentó con relación a los matrimonios, debido a que más personas decidieron vivir en unión libre, dando paso a menor número de uniones legales. Así, entre el año 2000 y 2015 el monto de divorcios subió 136.4%, mientras que el de matrimonios decreció 21.4%.

Otro fenómeno que se debe explorar es el que se conoce como “nido vacío”, que si bien no es un diagnóstico médico, engloba una serie de sentimientos que se generan cuando los hijos o algún otro familiar se marcha de la casa parental para hacer su vida como individuo. En opinión de los estudiosos, aunque es un problema real que requiere de atención para motivar el adecuado estado de la salud mental, no es algo que esté afectando realmente a nuestro país.

Carlos Welti expone que la generación actual está enfrentando problemas para salir de casa, la tendencia es que “la habitación original se mantiene a mayor edad, se puede encontrar una proporción importante de jóvenes acercándose a la cuarta década de edad que permanece en la casa de los padres”. Este tipo de configuración provoca grandes cambios en cómo se concibe la familia, pues existen adultos mayores que deben mantenerse laboralmente activos.

Los expertos enfatizan que lo importante de tener una familia (del tipo que sea) es el papel que ésta desempeña para el desarrollo integral de cualquier persona, porque es el núcleo fundamental de una sociedad, donde se constituyen las mujeres y hombres del futuro, unidos por lazos de sangre o afinidades, y en la cual adquirimos habilidades y valores para desarrollarnos como humanidad.

 

Tipos de familia según el hogar donde viven

 Nucleares. Formados por un núcleo familiar. Comprende los matrimonios sin hijos solteros, los matrimonios con hijos solteros, padres solos con hijos solteros y madres solas con hijos solteros.

Extensos. Integrados por un hogar nuclear y una o más personas emparentadas con el jefe. Los parientes pueden ser hijos casados o cualquier persona en la línea de parentesco.

Compuestos. Formados por un hogar nuclear o extenso al que se agrega una o más personas no emparentadas con el jefe, ya sea que formen o no otro núcleo familiar.

Hogares monoparentales. Jefes con hijos solteros, generalmente encabezados por mujeres.

Hogares no familiares. Se caracterizan porque ninguno de los miembros tiene parentesco.

Unipersonales. Se componen de una persona que vive sola sin parientes o no parientes.

Corresidentes. Comprenden los hogares formados por dos o más personas que no están emparentadas entre sí.

Fuente: ¡Qué familia! La familia en México en el siglo XXI, de Carlos Welti Chanes, versión online: http://www.losmexicanos.unam.mx/familia/libro/html5forpc.html?page=28&bbv=0&pcode=

 

 

 

DISTRIBUCIÓN PORCENTUAL DE LOS HOGARES SEGÚN CLASE Y TIPO

MÉXICO, 1990, 2000, 2010

 

TIPO DE HOGAR

 

1990 2000 2010
TOTAL DE HOGARES

 

100% 100% 100%
Familiares

 

94.0% 93.2% 90.5%
No familiares

 

6.0% 6.8% 9.5%
TOTAL DE HOGARES FAMILIARES (Absolutos) 100%

15,236,448

100%

20,751,979

100%

25,488,128

Nucleares 79.3%

12,075,107

73.7%

15,294,905

70.9%

18,073,773

Extensos

 

20.7

3,161,342

26.3

5,457,074

29.1%

7,414,355

TOTAL DE HOGARES NO FAMILIARES 100%

879,194

100%

1,498,613

100%

2,616,846

Corresidentes

 

9.6%

84,713

6.4

95,434

10.1%

264,095

Unipersonales

 

90.4%

794,481

93.6%

1,403,179

89.9%

2,352,751

Fuente: ¡Qué familia! La familia en México en el siglo XXI, de Carlos Welti Chanes, versión online:

 

(Mario Ostos)