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Eclipse de 1970: el día en que en el sol se ocultó en Miahuatlán

 

Esta pequeña población oaxaqueña se convirtió en la “Capital Científica del Mundo”. En este sitio se pudo observar con toda claridad el mayor evento astronómico, el eclipse de 1970.

 

Desde la madrugada del sábado 7 de marzo de 1970, la carretera de terracería que daba al poblado de Miahuatán, Oaxaca fue cerrada al tránsito para evitar que el polvo levantado por los vehículos impidiera la visibilidad, incluso como reportó Juan José Morales en Contenido, en su artículo Historia del gran eclipse, “se descolgaron los teléfonos y se desconectaron todos los sistemas eléctricos no indispensables. Todo para evitar ruidos de estática que alteraran las mediciones”. No era para menos se estaba a punto de vivir un evento astronómico que tenía puestos los ojos del mundo en este lugar, el eclipse de 1970.

Miahuatlán, ubicada al sur del estado de Oaxaca, a poco más de 100 kilómetros de la capital, fue la gran protagonista de uno de los eclipses de sol efectuados en el siglo XX, que le valió la denominación de “Capital Científica del Mundo”. Al menos dos años antes empezaron a parecer en los boletines científicos en el mundo nombres tales como Puerto Ángel, San Pedro Quiechapa, San José del Pacífico, Ocotlán, Miahuatlán… Conforme se precisaban los detalles y mediciones un nombre prevaleció entre todos, Miahuatlán.

Tal como refiere Juan José Morales: “A principios de 1969 un informe decía que parecía que la mayoría de los astrónomos que acudirían a observar el eclipse de 1970 se concentrarán alrededor del poblado de Miahutlán donde habrán mayores probabilidades de tiempo despejado”,  ideal para la observación de este fenómeno de la naturaleza. Fue así como decenas de hombres de ciencia enfilaron a la zona. Muchos pobladores oaxaqueños se mostraban extrañados ante las preguntas que los extranjeros hacían por  el territorio. Las dudas no tenían que ver con los límites geográficos, ni con el clima, las riquezas naturales o la inseguridad sino más bien con cuestiones tan precisas como: “¿cuál es el voltaje máximo que soporta la corriente eléctrica? ¿Qué peso pueden resistir los puentes de la carretera?

En realidad el único peligro existente era que debido a la temporada de incendios se desencadenara alguno que impidiera la observación. Por este motivo los lugareños y autoridades estuvieron al pendiente de cualquier chispa e incluso algunos helicópteros sobrevolaron los cielos previo al eclipse, además de que los campesinos fueron advertidos de no realizar quema alguna.

Hasta antes del anuncio de la fecha del eclipse, 7 de marzo de 1970,  en el mundo se ignoraba la existencia del poblado. En el país sí se conocía porque aquí se libró uno de triunfos más renombrados de nuestra historia, la Batalla de Miahuatlán, durante la Segunda Intervención Francesa, cuando Porfirio Díaz, al mando de 1,000 hombres y con la ayuda de varios lugareños, logró derrotar al ejército francés que lo superaba en armamento y efectivos.

 

¿Cómo se vivió el eclipse?

El escenario fue el llamado cerro del Metate a donde una variopinto grupo de campesinos, científicos, periodistas, hombres, mujeres, niños y curiosos se dirigió desde temprana hora para observar cómo el sol se ocultaba. A partir de las 10 de la mañana el ambiente se empieza a tensar, los científicos anunciaron que ya se acercaba la hora en que podría verse como un manto negro habría de cubrir por completo al sol. Más allá de pronósticos y mediciones, las perros, gallinas y otros animales de campo, empezaron a dar muestras de que algo estaba por ocurrir. El canto del gallo azuzó a  las gallinas que subieron a sus troncos, que los perros profirieran aullidos lastimeros y que las aves buscaran refugio en los árboles.  Alrededor de las 10:40 de la mañana la temperatura descendió hasta llegar a siete grados centígrados. La tonalidad del cielo cambió, del azul pasó a rojizo, anaranjado y gris. Conforme avanzaban los minutos se observaba como un velo oscuro sustituía la brillantez del sol. Imperturbable, un avión volaba por los cielos con decenas de estudiosos que registraba el fenómeno.

José Luis Parra, enviado del diario El Universal, describió detalladamente los cambios que se observaban en el firmamento y de cómo iba cambiando el Astro Rey en el famoso eclipse de 1970. “En el momento en que ocurre el eclipse total, la coloración del cielo es fuertemente oscura en tonalidad azul, con ciertos matices anaranjados, plata y amarillos. Se ven franjas, unas iluminadas y otras opacas, perfectamente paralelas, ocasionadas por la refracción de la luz. Por otra parte, en el instante en que la sombra de La Luna cubría ya totalmente el sol, aparece una especie de estallidos de perlas de luz”.

A las 11 y media de la mañana empezó nuevamente el “amanecer”, para respiro de los habitantes. El asombro y la magia del eclipse de 1970 dejan paso a la cotidianidad, el gallo volvió a cantar, esta vez para llamar a todos a continuar con la jornada. Los científicos regresarían a sus laboratorios y centros de investigación para evaluar, analizar y sacar conclusiones del famoso día en que el sol se ocultó en Miahuatlán.

En el ambiente sólo quedan los verso del poeta Rodolfo Hinostroza:

un sol muerto robando las plegarias de los campesinos ojerosos.

Un sol ajeno a todo lo que habíamos conocido hasta entonces,

A todo lo que habíamos sufrido hasta entonces”.

 

[Por: Alberto Círigo]