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Científicos mexicanos: cazadores de virus y bacterias

Estos científicos, mexicanos y de otras latitudes pero que trabajan juntos en nuestro país, están en la zona de combate donde se dirime una diaria, a veces cruenta batalla contra enemigos invisibles que son capaces de crear pandemias en cuestión de horas. Otras veces, por el contrario, nuestros especialistas buscan la manera en que los microorganismos ayuden a producir sustancias benéficas como vacunas y antibióticos.

 

 

Desde que en el siglo XVII Anton van Leeuwenhoek se convirtiera en el futuro padre de la microbiología al observar en el microscopio unos “bichitos” omnipresentes, hasta el siglo XIX cuando el ruso Dimitri Ivanovski se dio cuenta de los virus y los definió como “un agente infeccioso, que ni siquiera es posible ver con el microscopio más poderoso, y que consigue traspasar el filtro antibacterial más efectivo”, los hombres de ciencia se han dado a la tarea de investigar y entender cómo es que actúan, se reproducen y afectan la vida de los seres humanos.

Mucho se ha avanzado al respecto. Ya desde la década de los cuarenta del siglo pasado, cuando las personas morían de episodios tan nimios como un pequeño corte en un dedo o una simple “gripe” resultaba devastadora, los científicos han conseguido mantener a raya a estos seres que en un humano sano suman más de 10,000 tipos distintos en el caso de las bacterias.

El descubrimiento de la penicilina en la década de los veinte y la posterior aparición de otros antibióticos en los años cuarenta significó una revolución que ocasionó que muchos científicos buscaran en las bacterias más antibióticos y drogas, para, entre otras cosas, detener infecciones, curar enfermedades, aliviar el dolor o evitar el rechazo.

Los métodos que utilizaron los especialistas para poner a producir a las bacterias “fueron similares a los usados por Fleming para descubrir la penicilina, es decir no hubo gran innovación”, señala el ingeniero bioquímico Pablo Cruz Morales. Tuvo que llegar el siglo XXI para que empezaran a utilizarse técnicas de secuenciación para encontrar las moléculas más raras que se puedan identificar en genomas bacterianos.

A pesar de los avances ahora enfrentamos una crisis por el uso desmedido que los humanos hicimos de los antibióticos para combatir a las bacterias, lo que provocó que éstas crearan resistencia. “Cuando vemos algunos datos, se te enchina la piel. Hay muchas enfermedades causadas por bacterias para las que ya no hay tratamientos, ciertas cepas imposibles de detener si el sistema inmunológico está muy comprometido lo cual provoca que las posibilidades de morir sean muy altas”, comenta el doctor Cruz Morales.

Algo similar ocurre con los virus –aunque todavía se mantiene la discusión si se trata de seres vivos o de sólo unas cadenas de ADN–, que para darnos una idea en un milímetro podrían encontrarse algo así como 10,000 virus, la mayoría inofensivos para el ser humano. Pero cuando invaden células pueden causar lo mismo una ligera irritación que matar a pueblos enteros.

Los virus son conocidos por la propagación de enfermedades, pero también son importantes para la fabricación de vacunas y diseño de nuevas terapias genéticas que se usan hoy en día para resolver problemas de salud pública.

Tanto los expertos como los jóvenes investigadores, entrevistados en México y en el extranjero por Contenido, nos revelaron su pasión, sus anhelos y los sacrificios que en nombre de la ciencia han realizado en su búsqueda de nuevos tratamientos, potencialidades, erudición y barreras contra estos microorganismos. Valga nuestro reconocimiento a su necesaria e infatigable labor.

 

Octavio Tonatiuh Ramírez. Foto: IBt UNAM

1. Octavio Tonatiuh Ramírez Reivich: de laboratorio al sector productivo

De niño pasaba horas en la fábrica de su papá para mirar la transformación de la leche convertida en crema o queso. “Me fascinaba ver la maquinaria, por eso elegí estudiar ingeniería química. En los años ochenta, la carrera estuvo contagiada por el boom petrolero, mis compañeros anhelaban trabajar en Pemex. Yo tomé la decisión de indagar a los seres vivos para innovar, a la manera de Leonardo da Vinci, que arrojó luz en medio de la oscuridad con sus aportaciones geniales”.

Ramírez Reivich nació en la Ciudad de México hace 56 años, tiene doctorado en ingeniería química y bioquímica de la Universidad de Drexel en Filadelfia; participó dentro del Instituto de Biotecnología (IBt) de la UNAM en el desarrollo de la producción de insulina recombinante humana que luego fue transferida a la empresa Probiomed.

Trabajó en la síntesis de nanomateriales basados en partículas pseudo-virales. Durante el curso de la investigación emplea la información del gen de bacterias, levaduras, hongos, roedores e insectos para obtener tejidos útiles en la medicina. De esta manera ha sido posible remplazar piel humana y otros órganos cultivados y expandidos in vitro previamente lo cual abre “una realidad con gran futuro para tratar padecimientos como la leucemia”.

Para ello, Ramírez ha desarrollado in vitro el cultivo de células hematopoyéticas generadoras de los glóbulos rojos, blancos y los macrófagos, que forman la médula ósea. “Las células son minifábricas para producir biomedicamento idéntico a moléculas que produce el cuerpo, como la insulina”, ejemplifica el investigador.

Otro de sus logros se dio en 2015, junto con la investigadora Laura Alicia Palomares Aguilera y el estudiante Ricardo M. Castro. Desarrollaron la patente mexicana MX330383B por la invención de un método analítico capaz de diferenciar y cuantificar nanoestructuras compuestas de monobloques de proteínas virales. De suerte que las proteínas estructurales de los virus son producidas artificialmente con fines biotecnológicos, forman uno u otro tipo de estructura pseudoviral con características fisicoquímicas e inmunológicas similares a las de los virus en las células que activan el sistema inmunológico de las personas o animales para combatir las varias enfermedades que pueden provocar.

Además, Ramírez ha trascendido del ámbito académico al industrial a través de su labor de asesoramiento, tanto nacional como extranjero. Destaca la creación de la compañía mexicana Probiomed, su participación en siete productos recombinantes registrados por las autoridades sanitarias, su participación en desarrollos tecnológicos con empresas extranjeras.

Para el ganador del premio Academia Mexicana de Ciencias, en el área de investigación tecnológica, y actual director del Instituto de Biotecnología, “es un gran orgullo ser parte de este centro de excelencia mundial que cuenta con profesionales que trascendemos del ámbito científico para hallar soluciones que benefician a la sociedad. Lo fabuloso de la ciencia es que descubres y sirve para sostener la economía y que no sea vulnerada la soberanía e independencia del país. Si México invirtiera adecuadamente en ciencia y tecnología garantizaría el futuro de los mexicanos”.

 

Doctor Octavio Tonatiuh Ramírez Reivich Foto: IBt UNAM

 

(Por Alberto Círigo y Alejandrina Aguirre)