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Científicos mexicanos: cazadores de virus y bacterias 3

Estos científicos, mexicanos y de otras latitudes pero que trabajan juntos en nuestro país, están en la zona de combate donde se dirime una diaria, a veces cruenta batalla contra enemigos invisibles que son capaces de crear pandemias en cuestión de horas. Otras veces, por el contrario, nuestros especialistas buscan la manera en que los microorganismos ayuden a producir sustancias benéficas como vacunas y antibióticos.

 

Cortesía:Wes Linda Marketing Director Division of Rheumatology JHU

Felipe Andrade: conocer más la artritis 

No cualquiera puede presentar los blasones de este médico internista, reumatólogo, profesor e investigador de la Universidad Johns Hopkins y líder del equipo de investigadores que identificó la bacteria Aggregatibacter actinomycetemcomitans, presente en la boca y que desencadena la producción de ciertas proteínas los cuales confunden al sistema inmunológico provocando la afectación de células y tejidos, como las articulaciones. Aquí podría estar la clave de la causa de la terrible artritis reumatoide. Tales averiguaciones se publicaron en la revista Science Translational Medice.

La historia de este chilango de 51 años de edad es un ejemplo de tesón, tenacidad y disciplina. Nacido en una familia de clase media baja, sus padres no tenían ningún antecedente científico, es más su madre no sabía leer. A pesar de esto, Felipe siempre tuvo interés en la investigación, “uno nace con él y lo va desarrollando”, relata.

Desde su ingreso a la Facultad de Medicina de la UNAM se abocó desde el inicio a la investigación, a la par del curso tradicional, invertía la mitad de su tiempo en hacer investigación, trabajó en el Departamento de Inmunología y Reumatología del Instituto Nacional de la Nutrición, ayudando a los investigadores. Recuerda especialmente al doctor Julio Granados, y tener la fortuna de trabajar tempranamente junto a grandes investigadores “fortalece el ánimo”. Lo lógico en su caso es que, al terminar la carrera de médico internista optara por la investigación, pero decidió dedicarse a la clínica y terminó la especialidad en reumatología.

Después estuvo en el Centro Médico Nacional Siglo XXI donde conoció y trabajó con un profesor que admiraba, José Halabe Cherem quien tenía un buen ojo clínico para identificar a aquellos estudiantes que querían trabajar. En este tiempo, sin saber inglés se daba sus trucos para leer muchos artículos de diversos investigadores, algo que le serviría más adelante cuando decidió, por invitación de su amigo, el genetista Gerardo Jiménez, estudiar el doctorado en Johns Hopkins. Después de las entrevistas con diversos personajes de la Universidad en Baltimore fue aceptado. El primer año fue muy complicado para él porque su nivel de inglés no era tan bueno pero salió avante gracias al apoyo de su novia, hoy su esposa, Laura Gutiérrez y del investigador Antony Rosen, quien lo apoyó “en las buenas y en las malas” porque a veces la competencia en la investigación en Estados Unidos es terrible.

Cortesía:Wes Linda Marketing Director Division of Rheumatology JHU.png

Al terminar su doctorado regresó como médico de base e investigador a México al Instituto de Nutrición, pero por la inseguridad reinante decidió aceptar la invitación de Rosen para regresar a Johns Hopkins, centro número uno de reumatología en Estados Unidos. Tomó, desde luego, la línea de investigación sobre artritis reumatoide.

Lo novedoso de la investigación mencionada fue identificar la bacteria que podría causar la enfermedad y entender el mecanismo para atacar el sistema inmune. Todavía es temprano para saber si la cura está cerca, dice Andrade, quien se dedica a la preparación de talentosos científicos jóvenes.

Felipe Morales, Científicos mexicanos: cazadores de virus y bacterias

Pablo Cruz Morales: arrancar secretos de las bacterias

Su entrada a las ciencias quedó determinada en la niñez cuando su padre, un veterinario y patólogo, le permitió observar en el microscopio un “animalejo”. Esta visión del pequeño monstruo lo hizo decidirse: “Fue como la ventana a un mundo secreto, que está a la vista de todo lo que nos rodea, pero se mantiene oculto”. Sume usted a la decisión de este tabasqueño, la exuberante naturaleza, el color del agua y el trópico de su tierra natal, apodada el Edén, los poemas de Carlos Pellicer y como colofón sus lecturas sobre científicos ilustres que le hicieron descubrir cierto heroísmo en esas vidas. A partir de entonces decidió convertirse en bioquímico. Otro libro determinante en su juventud fue el clásico Cazadores de microbios, de Paul de Kruif. “Sin miedo a parecer un nerd, diré que uno de mis héroes fue el bioquímico Linus Pauling”.

Egresado como ingeniero bioquímico del instituto Tecnológico de Villahermosa, Pablo hizo el doctorado en el Centro de Genómica para la Biodiversidad del Cinvestav-Irapuato, en el reconocido grupo del doctor Francisco Barona, actualmente realiza un postdoctorado en Australia.

Recibió el premio Weizman de la Academia Mexicana de Ciencias por sus trabajos sobre minería genómica donde a través de una herramienta bioinformática (EvoMining) analiza la historia evolutiva del metabolismo de las bacterias y así conocer el potencial químico oculto en ellas y hallar su mejor aprovechamiento. Este trabajo se convirtió en uno de los más citados en las revistas más importantes del área.

Actualmente trabaja en resistencia a los antibióticos. Los centros de referencia en el mundo son el de México, San Diego y otro en Holanda. Cruz Morales señala que las bacterias son omnipresentes en nuestras vidas y al menos en su caso no se ha enfrentado a bacterias patógenas que requieran trajes especiales o regulación extrema, más bien los peligros con los que tiene que batallar tienen que ver con la recolección de muestras en desiertos, montañas, o fauna.

Pese a que a veces extraña estar con la gente que quiere o unos buenos chilaquiles, es más lo que ha ganado: “Conocer lugares extraordinarios, pero es una fortuna cuando uno hace las cosas que le gustan y le apasionan”, dice resuelto.

A sus 32 años, Cruz Morales tiene claro su futuro: después de Australia hacer un alto en California para estudiar la química de producir las cosas y planea regresar a México para hacer una revolución en la biotecnología para “generar valor a través de la investigación científica con productos que compitan a nivel mundial”. Está convencido de que a su generación le toca encabezar la transformación del país.

(Alberto Círigo)