martes , noviembre 21 2017
facebook@ twitter@ instagram@ youtube@

Te puede interesar

Amor a los robots (y otros placeres por venir)

Juan Torres y el pueblo de las Catrinas

Día de Muertos o Halloween, ¿qué prefieres?

Inicio / Reportajes / Vida real vs. vida web Lo falso y lo verdadero en el ciberespacio

Vida real vs. vida web Lo falso y lo verdadero en el ciberespacio

 

 

Hoy las redes sociales ofrecen ciertas ventajas, aunque su utilización exitosa para algunos requiere de tiempo e ingenio. Buscar la popularidad en ellas genera la necesidad de crear personajes que a veces distan mucho de parecerse a quienes somos en la vida real.

 

Bastaron cinco meses para que una actriz profesional creara toda una vida en Instagram. Esa popular red social de fotografías permitió a Amalia Ulman realizar una parodia perfecta de la vida de una chica moderna. Con poco más de 20 años de edad, su historia virtual comenzó en Argentina, al crear una cuenta en la que publicó que probaría suerte a Estados Unidos, cuando se mudó a Los Ángeles, California. Ahí consiguió trabajo como modelo, conoció a un chico adinerado, visitó los mejores restaurantes y compró ropa y accesorios de las marcas más exclusivas a las que se pueden tener acceso en ese país. Todo ello quedó documentado en dicha red social.

Pero había un pequeño detalle: nada de ello era real. La finalidad de esta artista argentina era, utilizando hashtags populares de microcelebridades en Instagram, crear una obra de tres partes que explora cómo las mujeres se presentan online y lo sencillo que es crear un gancho para los consumidores de redes sociales que de inmediato le concedieron popularidad.

El trabajo que lleva por título Excelencias y perfecciones, consistió en construir tres personajes de Ulman, principalmente: la cute girl, chica bonita con un trabajo de ensueño, un atractivo chico exitoso como pareja y acceso a todas las comodidades y modas a las que, según la artista, se puede aspirar; sugar baby, una joven que tras separarse de su primer pareja aprovecha su aspecto para ser mantenida por su amante mayor, y life goddess, que refería la migración hacia la vida espiritual mediante la meditación.

Ulman dijo que eligió estos personajes porque, para las mujeres, “parecían ser las tendencias más populares en línea”, comentó a la BBC al culminar su proyecto que duró cinco meses.

Si bien el trabajo artístico sirvió para evidenciar lo sencillo que es crear un personaje para ser popular en las redes sociales, no es el único caso que podemos encontrar.

Por la red circulan cientos de perfiles falsos y quizá uno de los problemas más recurrentes es hacer una mala elección de pareja, tal fue el caso de Artis, transmitido en el programa de MTV, CatFish (un reality show que recopila los peores engaños en la web), aquí se mostró cómo Artis conoció a una chica en línea de la cual se enamoró y por la que dejó a su novia y abandonó a sus tres hijos. Sin embargo, Jess era realmente Jeff, un hombre que se dedicaba a “catfishear” para enseñarle lecciones a las personas sobre la infidelidad. ¿La sorpresa? Resulta que Jeff sí estaba enamorado realmente de Artis.

Son muchos los ejemplos de personas que “con tal de tener sus cinco minutos de fama caen en la ridiculización, mienten o exageran su conducta”, explica en entrevista para Contenido el doctor José Luis López Aguirre, académico de la Universidad Panamericana (UP) y experto en medios sociales online.

PENSAMIENTO ALTERADO

La utilización de las redes sociales ha cambiado la forma en que sus usuarios se comunican con el resto de las personas; incide en la manera en que nos informamos y también, en muchas ocasiones, nuestra conducta y forma de pensar.

Hoy es cada vez más común ver personas a las que se les van los minutos, las horas y en algunos casos hasta los días frente a un dispositivo a través del cual se “conectan” con personas en las distintas redes sociales. Pero a veces la situación no termina ahí: ciertos individuos deciden alimentar un personaje, un tipo de personalidad adicional para encajar mejor en el mundo virtual.

“Lo vimos a principios del año 2000, con programas como Second Life que basaban su funcionamiento en permitir que se creara cualquier tipo de personalidad pero desde el otro lado de la computadora […], hoy lo que vemos es una exageración de las conductas, la necesidad de siempre mostrar lo mejor que tiene mi vida o, de plano, la ridiculización”, expone López Aguirre.

Es algo más sutil de lo que se cree. No se observa a simple vista, pero se traduce en pequeños cambios en el sentido de la percepción y hasta la forma en que el sujeto lee la información y la interioriza. La evolución de la tecnología obliga a quien la usa a una adaptación de hábitos que antes no tenía.

Esto se debe, según estudios realizados por universidades de diversas partes del mundo, a los efectos que se producen cuando esperamos y recibimos mensajes de texto o respuestas en las redes sociales. En nuestro cerebro se activa la secreción de dopamina, un neurotransmisor relacionado con funciones motoras, con sentimientos y comportamientos adictivos y, aunque cueste creerlo, se afirma que una parte del cerebro se ilumina de igual forma que si estuviéramos consumiendo cocaína o heroína cuando se interactúa con un grupo en las redes.

La doctora Martha Patricia Ontiveros Uribe, miembro del Consejo Mexicano de Psiquiatría, explicó a Contenido que, en efecto, “existe un momento en que un uso desmedido de las redes sociales hace que nuestro cerebro funcione como el de un adicto, en este caso a la presencia de contenidos digitales; es algo que aún hace falta seguir estudiando pero parecería que se trata de algo muy parecido a una adicción”, comenta.

Según expertos, la necesidad de actualizar constantemente el estado en Facebook y otras redes y buscar la forma en ser ahí más atrayentes utilizando mentiras o bienes con los que no contamos, habla de un mal uso de estos foros y debería ser motivo de tratamiento psicológico.

Mucha gente ya no concibe su vida sin compartir absolutamente todo lo que hace o sin exhibir sus fotografías a través de Facebook, Twitter e Instagram, que son las tres redes sociales más utilizadas en todo el mundo.

A la larga este tipo de actitudes pueden terminar resultando perjudiciales. Abusar de estas herramientas o hacer un mal uso de ellas puede generarnos innumerables problemas. Por ejemplo, puede hacernos perder la atención y descuidar otras tareas más importantes. Si la situación se sale de control y se cae en una dependencia a internet y, en concreto, a las redes sociales, podemos encontrar situaciones mucho más graves como la ansiedad o la tristeza y derivar en otras afectaciones mentales.

Ante la ansiedad que pueden generar las redes sociales, Seth Stephens Davidowitz, columnista de The New York Times, plantea no deprimirse por lo que se ve en ellas, más aún si se les compara con la vida maquillada de sus amigos, y propone como remedio visitar las búsquedas auténticas que hacen los usuarios al buscador de Google: “Frente a la pantalla y de manera anónima, la gente tiende a decirle a Google cosas que no revela en las redes sociales; incluso dice cosas que no le dice a nadie más. Google ofrece una poción digital de la verdad. Las palabras que tecleamos son más honestas que las imágenes que presentamos en Facebook o Instagram”, señala el autor de Everybody Lies: Big Data, New Data, and What the Internet Can Tell Us About Who We Really Are.

Si nos percatamos de que pasamos más tiempo en nuestras redes sociales que realizando nuestras actividades diarias, sería buena idea hacer un alto en el camino, imponer un horario para ellas y no sobrepasarse.

¿QUÉ TAN FALSOS SOMOS?

Las redes sociales tienen aspectos positivos y perniciosos. Entre los primeros, se incluye la posibilidad para el individuo de combatir la timidez, las personas introvertidas a menudo se pueden expresar mejor si no tienen una persona enfrente y plataformas como Facebook son ideales para quienes les resulta difícil compartir un punto de vista sin ponerse nerviosos.

Los psicólogos explican que las redes sociales actúan como mecanismos de defensa para muchas de nuestras carencias y necesidades, esas de las que muchas veces no somos conscientes y que proyectamos en estos espacios que van mucho más allá de la simple interacción social.

Paralelamente, su uso se puede convertir en un desacierto, según los expertos consultados. En ellas es relativamente fácil manipular la verdad para proyectar superioridad o causar admiración ante el resto, aunque ello implique construir una vida falsa o alterna.

Un factor que contribuye a ello son las aplicaciones o software para retocar imágenes, los cuales mejoran la apariencia física pero también permiten la exageración de cualidades u ocultamiento de ciertos defectos. Pueden empeorar una situación que de por sí ya era difícil de controlar.

“No es que se la pasen mintiendo todo el tiempo, es muy difícil sostener una vida falsa o no darnos cuenta de los engaños si conocemos a la persona en la vida real –opina el académico de la UP–, lo que ocurre es que se valen de la tecnología para verse mejor, para tomarse fotos en sitios a los que quizá no asistan en la vida real o exageran simplemente sus actitudes”.

El estudio realizado en Gran Bretaña, ¿Qué tan real es tu perfil y lo que publicas en Facebook?, realizado por la compañía HTC, que concluyó que buena parte de las personas manipulaba su imagen ya sea para verse mejor o, incluso, causar envidia al resto construyendo una fabulosa vida falsa.

La mayoría de las personas al encontrarse detrás de un teclado o la pantalla de un smartphone se convierte en otra, “como si fuera una conducta de condicionamiento”, explica Ontiveros Uribe. Publicamos algo y esperamos una recompensa en likes, en comentarios, en la difusión de nuestra publicación.

El estudio elaborado por la firma HTC deja ver aspectos importantes y preocupantes. Por ejemplo, el 75% de los encuestados afirmó falsear información o realizar posts exagerando situaciones para hacer parecer su vida más interesante o excitante en Facebook. Estas publicaciones incluyen fotos que no pertenecen a la persona, lo mismo con objetos o visitas a lugares.

La mitad de los encuestados reconoció postear links e incluso imágenes y videos para causar impresiones falsas. ¿Y cuál es el objetivo que persiguen? Generar celos entre sus amigos para ganar una sensación de superioridad, o hacerse de cierto estatus y marcarse como diferente de sus compañeros de trabajo o seres queridos.

Hay un 6% que sobrepasa todos los límites y roba imágenes y videos que no son de su propiedad y los hace pasar como suyos. El objetivo es moldear una presunta vida llena de lujos y diversión. Ello es muy riesgoso porque, como ese mundo sólo existe en lo virtual, se expone a enfrentarse a la desaprobación en caso de que alguien se percate de la situación, sino también de someterse a sentimientos de culpa, tristeza o ansiedad.

“FALSOS FELICES”

Con la apariencia todo puede convertirse en un círculo vicioso. Hay personajes “A” que se preocupan por mostrar una vida llena de éxitos, lujos y comodidades, y quienes los ven, los del tipo “B”, tratarán de responder y de aportar un plus en sus publicaciones. Para las personas que comparten estos perfiles de usuario en sus redes sociales, la calidad de vida se puede juzgar con base en sus publicaciones en el mundo virtual.

Un 76% de los participantes del estudio aplicado en Inglaterra, afirmó que juzgaba a sus amigos o conocidos por lo que veían en sus perfiles de redes como Facebook, Instagram o Snapchat, entre otras, por lo que un perfil que impresiona se hace importante tanto en el mundo real como en el virtual.

En 2014 el director de cine Shaun Higton hizo un cortometraje llamado What’s on your mind? (“¿Qué estás pensando?”), en el que muestra cómo los internautas crean una realidad paralela donde sólo está presente lo mejor de nuestra vida. El video, que fue presentado en el Festival de Cannes y apenas un año después recibió más de 11 millones de visitas en You Tube, pretende demostrar que la mayoría de los usuarios de las redes sociales son “falsos felices”.

Si consideramos que probablemente nuestros contactos publican información o imágenes falsas para crear la existencia virtual ideal, quienes la ven sienten la necesidad de darle un “valor agregado” a la suya, generando un efecto de ansiedad en busca de la aprobación del resto que se debe traducir en un me gusta, un comentario o en la difusión de los estados o fotos.

Los usuarios sienten que la vida de los otros es mucho mejor que la propia y esto causa frustración y angustia. Un estudio elaborado por la Universidad de California –que analizó más de 1,000 millones de actualizaciones de estado– asegura que lo que se publica no siempre es reflejo de la realidad y únicamente busca dar una imagen de “felicidad contagiosa”.

El objetivo es demostrar, aparentar y ser aceptado. Se comprobó que cuanto más positivo sea el mensaje, más likes y comentarios tendrá. Nadie quiere enterarse de las desgracias ajenas ni hacer públicas las propias.

Vivimos gran parte del tiempo en una realidad paralela. Las redes sociales nos permiten construir y mostrar una imagen de nosotros mismos que muchas veces no coincide con la verdadera.

Discernir, el gran problema

Para Luis López Aguirre, el problema de las falsas (o como él las llama: exageradas) vidas en las redes sociales es que siempre habrá alguien que esté dispuesto a “hacer un poco más” para rebasar al antecesor, “para ser más gracioso, para ser más ridículo o, incluso, para ser el más triste”, es decir, lo que sea por ser popular.

Tanto Ontiveros como López Aguirre concuerdan: los usuarios mexicanos de redes sociales tienen tintes voyeristas, “nos gusta ver qué tan mala o buena es la vida del otro”, por ello no es de extrañarse que haya tantas personas en las redes tratando de destacar por cualquier medio.

En la otra cara de la moneda están las personas que no utilizan las redes sociales (y que no son necesariamente pertenecientes a generaciones que no son nativas digitales). El sitio Vice, por ejemplo, entrevistó a personajes que explican el porqué se marcharon de Facebook. Una de ellas explica que tras una breve pausa en la vida digital debido a la inseguridad que se vivía en el país en 2012, reactivó sus cuentas en las diferentes redes, pero a su regreso se encontró con una dinámica conocida que observó con otros ojos, “bajo una luz diferente”, y lo que vio le dio asco: “Anillos de compromiso y felicitaciones obviamente falsas, mensajes para bebés que todavía no nacen; vidas maravillosas de compañeras de la primaria que sabes de primera mano que no son ciertas, comentarios depresivos ultrapersonales, mensajes entre parejas haciendo público lo que debería ser privado”.

No hemos aprendido a filtrar los contenidos, “nos creemos todo, desde noticias falsas hasta estados que poco o nada tienen que ver con la realidad”, comenta el experto en medios digitales José Luis López. Recomienda aplicar filtros, “eso sería quizá el primer paso para un uso adecuado de las redes sociales”.

Otros especialistas insisten en que el problema no es el uso de las redes sociales, sino la forma en que las utilizamos. Es indispensable no perder de vista las señales de alarma que nos pueden estar indicando que hemos estado abusando de estar online. Recomiendan que lo mejor no es prescindir de las redes sociales, sino tomar descansos cuando estamos más de 40 minutos online o enviando mensajes de texto, y combinarlo con actividades como caminar para tomar aire fresco.

Utilizar las redes sociales de modo saludable implica no buscar la aprobación de tus contactos, ni tener la necesidad de que éstos sepan lo que haces a cada momento, comenta la doctora Ontiveros.

Las redes sociales están ahí para ayudarnos a contactar a los seres queridos que se encuentran lejos, para facilitar nuestra vida laboral y para relajarse. Para evitar que las sociedades virtuales nos afecten, basta con recordar su objetivo y no darles más importancia de la que tienen.

Los expertos recomiendan a los usuarios no olvidar que siempre al usar internet se debe tener precaución pues no son pocas las ocasiones en que se trata con desconocidos, los cuales para captar a sus víctimas, se hacen pasar por “encantadores prospectos”, especialmente en el caso de aquellos que buscan relaciones de pareja.

No hay que olvidar tampoco –subrayan- que el intercambio en redes sociales y otras plataformas en línea permiten crear una versión de las personas que no necesariamente coincide con la realidad. De tal suerte que existe un cierto anonimato, donde es posible ocultar la apariencia, la voz, el lugar de origen y hasta el sexo.

Las redes sociales son útiles como herramientas pero también nos dañan desde el punto de vista psicológico, en lo individual y como parte de una sociedad. La necesidad de proyectar una falsa vida ideal puede llevar a trastornos que, en algunos casos, destruyen esa existencia real que debería ser la más importante.

El buen uso, según la psiquiatra Martha Ontiveros, debería reunir estas características:

-Las redes sociales no son necesarias para la vida, son un simple complemento para la comunicación.

-Cada cosa en su lugar: expresar sentimientos en el tiempo y el lugar adecuado y no en las redes sociales traerá beneficios.

-La vida real es mucho más importante: una persona saludable sabe cuándo es momento de desconectarse, hay que buscar situaciones apasionantes en el mundo real y menos en el virtual.

-No aparentar: publicar las buenas noticias en las redes sociales sólo por el placer de compartir con las amistades esas emociones positivas. No hay que buscar superioridad.

-Cuidar la intimidad: no buscar que sus contactos –sean o no conocidos– sepan cómo es su día a día, cuidar el espacio personal y propio.

-No buscar gratificación por las cosas que publica: si comparte un pensamiento o un punto de vista buscando un me gusta, podría dañar su autoestima. Recuerde que no todas las personas comparten su opinión.

-No se compare: evite compartir un cambio de look o una foto para que le digan lo bien que se ve y ello aumente su autoestima. Así evitará las comparaciones con sus amigos.

 

QUIÉN ERES SEGÚN TU USO EN REDES

 

 

¡Cuidado con el Grooming!

El grooming es cuando un adulto crea un perfil falso y se hace pasar en la mayoría de las ocasiones por otro adolescente o niño y de esa manera comienza a generar una especie de amistad digital y, a través de ello, una vez que logra ganarse su confianza, el adulto comienza a tratar de provocar alguna especie de encuentro, donde haya un contacto físico, con el fin de tener algún tipo de relación sexual con el menor. De estos falsos perfiles los más afectados son los niños entre 10 y 15 años. Aquí le presentamos 10 puntos a considerar:

  1. Sé tú mismo y actúa en la red como lo haces en la vida real.
  2. Recuerda que las personas en internet no siempre son lo que dicen ser.
  3. No des tus datos personales ni datos de tu familia a amigos o a nadie.
  4. Tu seguridad es más valiosa que tu popularidad.
  5. Protege tus fotos.
  6. Ten cuidado cuando coqueteas en línea.
  7. Evita participar en conversaciones de tipo sexual con amigos y contactos.
  8. Acércate a tus padres o adultos de confianza si te sientes amenazado.
  9. Deja que la policía haga su trabajo.
  10. Configura tus opciones de seguridad en redes sociales.

Fuente: Adaptado de #ContraelGrooming de la organización Save the Children.

[Por Mario Ostos]