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Qué nos hace ser sexys

            

La capacidad de atraer a los demás está relacionada con muchos más factores que sólo poseer un físico despampanante. ¿Qué factores nos hacen ser sexys? Todo inicia con un momento fugaz, sólo un parpadeo. Quizá seis, ocho segundos: alguien ha llamado nuestra atención, y de inmediato se suscitan ciertas reacciones en el cuerpo que nos pone en un sutil estado de alerta. Nuestro cerebro procesa y evalúa datos sobre esa persona a toda velocidad; observa y recopila todo lo que pueda ser útil: su forma de moverse, cómo mira, el tono de su voz, los aromas que despide, su estatura, las arrugas alrededor de los ojos, el tamaño de su frente.

Foto: hdfondos.eu
Ser sexys es posible

Lo curioso es que todo ese análisis, en la mayoría de las ocasiones, pasa desapercibido para nosotros mismos. Ese proceso se da a nivel inconsciente en nuestro interior.

“No sé qué tiene una de las suscriptoras pero cada vez que viene y la tengo enfrente, me pongo nervioso”, dice Fernando M., ejecutivo de atención a clientes de una compañía de telecomunicaciones en la Ciudad de México. “No es que sea muy guapa, incluso sé que no es soltera, pero me gusta cómo sonríe y no puedo quitarle la vista de encima”, confiesa.

Por su parte, Roxana Ch., joven mujer que cursa una maestría en Comercio Exterior, revela que su actual pareja, con quien planea casarse, está muy lejos de lo que ella suponía era su hombre ideal: no es muy alto, tampoco es güero ni se viste con el aliño suficiente, pero en cambio a ella le parece muy divertido, tiene una agencia aduanal y puede viajar a lugares interesantes por el mundo con cierto desahogo. “Eso es más que suficiente para mí”, resume Roxana.

Estos son ejemplos reales, muy distintos, de una combinación de factores que determinan lo que hoy denominamos “ser sexy”, “sensual”, o tener sex appeal. En el caso del deslumbrado Fernando, el gusto hacia su clienta ocurre sin una comprensión cabal de esa atracción, y para la estudiante Roxana entraron en juego estímulos que radicaron en algo más allá que una primera impresión física, y que tenía que ver con las características personales y el entorno social de su pareja.

Marilyn Monroe on the beach.

¿Claves para ser sexy?

Una rápida búsqueda en internet podría hacernos creer que se puede incrementar el sex appeal a voluntad, y que cualquiera, tras seguir una serie de recomendaciones, puede ser irresistible a los demás. Desde luego que mostrar una actitud relajada, exhibir un fino sentido del humor, sonreír con naturalidad, ser pulcro, vestirse con ropa que nos haga lucir mejor, tener un buen corte de pelo y aplicarnos una agradable loción o maquillaje hará que nuestra presencia se torne más amable para los demás y que eventualmente nos dote de mayor autoconfianza, pero no garantiza hacernos infalibles o unas máquinas para ligar gente o conseguir a la pareja deseada.

El éxito o fracaso en la sexualidad humana está condicionado por múltiples mecanismos que suelen trascender a determinismos sociales e, incluso a veces, biológicos. De lo que no hay duda es que nuestra especie siempre está en aras de la adaptación a nuestro entorno.

Por ejemplo, se suele afirmar con evidencia estadística que un hombre con sentido del humor, que haga reír a los demás, es doblemente sexy. Y habrá razón en ello: a la mayoría de las mujeres les atrae alguien que las haga reír. Sin embargo, no siempre ha sido así. Scott Weems, en su libro Ja! La ciencia de cuándo reímos y por qué, afirma que según un estudio de 2007 publicado en Archives of Sexual Behavior, las mujeres valoraban el buen humor como el rasgo más deseable en una pareja, todo un signo de inteligencia. Pero en 1958 el humor para ellas era menos importante que ser “pulcro” o “ambicioso”, y en 1984 era menos importante que ser un hombre “inteligente” o “sensible”.

Las condiciones sociales y económicas de la época cuentan mucho al momento de la atracción. Incluso la geografía juega su papel para apreciar ciertas características: a las damas siberianas les importa muy poco el humor, porque en medio de un frío infernal y mucho vodka, valoran más que sus hombres sean fieles y traten bien a sus hijos. Que los varones sean o no chistosos es, acaso, un lujo muy bienvenido.

 

Todo cuenta

No hay un día en que no se escriba un libro, se haga una película, se desarrollen investigaciones en universidades y clínicas, se monten discusiones en medios de información y redes sociales sobre algo relacionado con las conductas sexuales. Tanto en humanos como en otras especies animales la atracción es crucial por una sencilla razón: es lo que posibilita la transmisión de nuestros genes a una posible descendencia.

A finales de los años ochenta, con el surgimiento de la psicobiología evolutiva, se empezaron a estudiar esos comportamientos con más detalle. Se descubrió que no sólo un fenotipo (es decir, los caracteres físicos visibles) que incluyera una alzada considerable, hombros anchos, mandíbula potente y nariz ancha en el caso de los hombres; o cintura breve, caderas anchas, pechos prominentes y largas piernas como características femeninas eran las claves para atraer a posibles parejas. El biólogo Richard Dawckins, en su libro El fenotipo extendido, sostuvo que las características de nuestra conducta importan tanto o más que lo físico para obtener una mayor probabilidad de éxito reproductivo.

El doctor en Ciencias Biomédicas especializado en la evolución de la selección sexual, Isaac González Santoyo, coincide con Dawckins y explica a Contenido: “Si nuestras características físicas no nos favorecen de golpe para ser atractivos, hay otras estrategias reproductivas. Somos una de las especies más plásticas, adaptables”, y ejemplifica: si el individuo puede desarrollar ciertos niveles de conversación intelectual, tendrá mayor probabilidad de establecer relaciones de pareja y descendencia. “Así como el pavorreal extiende su cola para decirle a la hembra sobre su capacidad reproductiva, el hombre puede mostrar su poder adquisitivo, su carro, es decir características del fenotipo extendido. Asimismo, el nivel que tiene el individuo para hacer reír a la pareja es un factor importantísimo de atractivo sexual”.

Desde luego es muy relevante la edad, la experiencia, los intereses creados por cada individuo. Ello hace que busquemos y ofrezcamos diferentes características de atracción a lo largo de nuestra vida. Eso lo tiene claro Gabriela Alviso, consultora de comunicación e imagen y coordinadora de matchmakers de Seis Grados, empresa especializada en relacionar sentimentalmente a personas adultas, y que con frecuencia ofrece soluciones insospechadas –pero satisfactorias– a sus clientes. Las mujeres llegan con altísimas expectativas, piden conocer a un ‘Brad Pitt’, que además gane un millón de pesos, que sea atlético, alto, guapo… pero si hay alguien así pedirá a cambio alguien que se parezca a una ‘Angelina’, ¿no?”, expresa a Contenido.

Agrega que, por otro lado, ocho de cada 10 mexicanos (y latinos en general) dicen preferir mujeres “delgadas”. El sobrepeso no es negociable. “Ellos son más visuales y piden mujeres ‘guapas’, de tez blanca, alta; su prototipo de belleza es caucásico pero les hacemos ver que nuestro prototipo es el mexicano…. y que ellos tampoco son caucásicos”.

Alviso identifica que las mujeres profesionistas, si bien imponen ciertas condiciones físicas (que ellos no sean más bajitos que ellas, por ejemplo), lo que más les importa es que los varones tengan desarrollada su vida económica, que no dependan de nadie. “Y no importa tanto que tenga sobrepeso o pancita, ellas ven otro tipo de cosas. Tenemos clientas super guapas y exitosas que aceptaron salir con hombre feos, pero eso sí, que desborden personalidad”.

Foto Pinterest

Hormonas y genes aromáticos

Así como para ciertos individuos adultos ser sexy implica mucho más que lo puramente fenotípico, hay etapas en que los rasgos físicos son implacables en materia de atracción. La maestra Ena Eréndira Niño, experta en Sexualidad Humana de la Facultad de Psicología de la UNAM y que trabaja en poblaciones de jóvenes entre 15 y 25 años de edad, explica que los alumnos de nivel preparatoria “se fijan sólo en el atractivo físico, sus parejas deben ser altas, guapas, populares. Pareciera que lo más importante no es establecer una relación de pareja sino tener encuentros placenteros”.

Sin embargo, entre muchachos de nivel universitario la cosa cambia: “Debe haber una atracción física, sí, pero lo más importante para considerar a alguien atractivo son las características personales, la proximidad, la similitud, la inteligencia, la capacidad para resolver problemas, tomar decisiones y brindar seguridad y protección. Eso es crucial para activar la sensualidad corporal y genital”.

Las reacciones entre jóvenes se expresan más rotundamente que en otras etapas porque, para decirlo en términos simples, es cuando nuestro organismo está mejor capacitado para la reproducción. Los hombres de entre 17 y 25 años tienen mayor apetito sexual y su nivel de dihidrotestosterona puede ser percibido. Y como en términos generales son las mujeres las que eligen la pareja, el cerebro de éstas hace una evaluación –inconsciente, no percibida racionalmente– de quién puede ser la mejor opción.

“En la adolescencia las características sexuales dimórficas (las que distinguen a hombres de las mujeres) empiezan a aparecer en lo físico y conductual –dice el biólogo González Santoyo, de la Facultad de Psicología de la UNAM–, esas características son indicadores honestos de qué tan bien responderá el hombre ante los patógenos, qué tan inmuno-competente puede ser. La mujer, al seleccionarlos, ganará beneficios indirectos pues su descendencia tendrá más probabilidades de heredar la batería genética ante las agresiones externas”.

O sea, las mujeres pueden percibir quién está más capacitado para su descendencia, gracias a que su sistema inmunológico a través de genes que se encuentran en algo conocido como cadena corta del cromosoma número seis, o “complejo mayor de histocompatibilidad”; literalmente ella huele a través de pistas olfativas que permiten hacer un “barrido” inconsciente de la batería genética del seleccionado.

El doctor en neurociencias Eduardo Calixto, jefe del Departamento de Neurobiología del Instituto Nacional de Psiquiatría Salvador Subirán, lo explica así a Contenido: “La mujer hace su elección, huele una proteína (el complejo mayor de histocompatibilidad) a través de receptores en su aparato vomeronasal, y dice: ‘este hombre me vuelve loca’. O por el contrario: ‘este hombre está horrendo’. ¡Le están oliendo los genes! Y entonces su cerebro femenino dice: ‘escoge estos genes, son diferentes a los tuyos, no se van a duplicar, tu hijo no saldrá con alteraciones, no morirá en la primera enfermedad y tus genes se quedarán por más tiempo en el planeta”.

 

Ciclos femeninos

Hay otros procesos de atracción inmediata, que determinan cuán sexys podemos ser. Diversos estudios han demostrado que dependiendo del ciclo menstrual de las mujeres, éstas gustan de rasgos más rudos o más femeninos en los hombres. “Las diferencias son notorias desde que las mujeres pueden fluir hacia un varón pero según sus distintas etapas estrogénicas –explica el doctor Calixto–, ellas nos ven sexys de acuerdo a los diferentes tipos de hormonas que tienen y predominan durante el mes. Los varones somos iguales en cualquier etapa, incluso podríamos tener hijos durante gran parte de la vida. Las mujeres a los 40 o 50 años cambian completamente este proceso: no pueden perder el tiempo”.

Ligado con lo anterior, es sabido que muchos hombres gustan de mujeres más jóvenes, las encuentran más atrayentes. Eso tiene explicaciones psicológicas pero también biológicas. Los varones identifican, asevera el investigador González, “rasgos neoténicos (infantiles), características faciales que indican un residual reproductivo de la mujer”, es decir, cuántos ciclos menstruales le restan a lo largo de su vida. Para un hombre pueden resultar más atractivas mujeres cuyas características señalen que tienen por delante más ciclos menstruales, “lo cual funciona como mecanismo de atractividad porque hay mayor probabilidad de tener descendencia en ellas”, dice el biólogo.

Queda claro que generalmente el proceso de selección sexual de los hombres es más visual, biológico y rudimentario. Y que el de la mujer hace evaluaciones más amplias, de tipo biológico, psicológico y social. Esto suele operar así en la población heterosexual, y están en desarrollo diversas investigaciones en todo el mundo para desentrañar los procesos que se dan en la mente y fisiología de individuos homosexuales.

 

TV, cine, internet: todo influye

Si bien los procesos biológicos son rotundos, en el terreno de la atracción sexual actúan poderosos componentes psicológicos alimentados por cada cultura, época y geografía. Hay algunas diferencias entre la belleza renacentista de la Venus del italiano Botticelli y la atlética figura de Scarlett Johansson, pero no demasiadas entre algunas diosas antiguas de la fertilidad y Marilyn Monroe o Kim Kardashian. La estética predominante de lo que se considera ser sexys ha tenido variantes y vueltas de tuerca a lo largo de la historia. Se ajusta de acuerdo a nuestros procesos civilizatorios.

El doctor Bernardo Goldzweig Hans, doctor especialista en medicina estética y antienvejecimiento, está acostumbrado a atender en su consultorio de Las Lomas de Chapultepec, en la capital mexicana, a personas de alto nivel económico que buscan verse atrayentes, óptimos físicamente. Goldzweig dice a Contenido que “lo sexy tiene que ver con cómo se sienta uno consigo mismo, está en lo natural y lo que esté dentro del paciente”, pero sabe que muchas peticiones de su clientela están influidas por tendencias de moda. “Lo motivan las redes sociales, las modelos y actrices. Por ejemplo, hoy en Europa, el grosor de los labios para las mujeres lo están haciendo muy grande, demasiado, pero si aquí alguna líder de opinión se los pone y llega a influir, la seguirán y pedirán esos labios. Ya luego yo podré recomendarles qué es lo que más les conviene a su rostro, pero el deseo está ahí, latente”.

Sin duda el entorno influye para sentirnos atraídos hacia ciertos modelos de belleza. Pero, ¿qué tan determinante es esa influencia? “Lo sexy es una construcción sociocultural, y se transforma conforme cambia el estereotipo del objeto sexual”, dice la maestra Ena Eréndira Niño, aunque ella misma acota que esa “construcción” no cambia la biología de nuestros procesos. “Somos seres por reproducción sexual que buscan el intercambio genético; sí hay un impacto cultural en la elección de la pareja atendiendo al estereotipo de belleza, pero el común de la población no se une a lo estereotípicamente bello, sino a lo que le atrae”.

La pregunta es en qué medida los medios de comunicación moldean lo que es atractivo y lo que no, y si pueden incluso modificar nuestro cerebro y fisiología. El jefe de Neurobiología del Instituto Nacional de Psiquiatría reflexiona: “Ciertos prototipos de belleza hacen que aprenda el cerebro y en consecuencia los busque y tengan ciertos privilegios. Es verdad que hay ciclos en donde los fenómenos de belleza se van modificando, pero llegar a decir que podríamos cambiar lo que nos atrae quizá tarde mucho tiempo”.

El doctor Isaac González admite que ha tomado auge en la biología evolutiva la duda de si los procesos de aprendizaje y desarrollo pueden modificar las características genéticas o fisiológicas que los individuos tuvieron en un momento dado. Ya no por cambios ambientales sino por procesos culturales y de aprendizaje.

Entre lo biológico y lo cultural, todo entra en la fórmula para ser sexys. Cuando sólo el 20% de la ecuación para tener éxito es el físico, podemos decir que lo más significativo para atraer pareja no depende de nosotros, sino de nuestro olor, edad, ciclos hormonales, y también de una sana relación con nuestro ambiente. Eso es lo que hizo que el ejecutivo Fernando inexplicablemente se fijara en su clienta o que la estudiante Roxana decidiera unir su vida a la de su actual prometido.

Una combinación entre nuestras características de salud, carácter, apariencia, empatía, economía y cultura hará que seamos o no exitosos. Lo único claro es que nuestra especie aún no tiene recetas mágicas. Para bien y para mal.

Matt Bomer uno de los hombres que lleva muy bien lo de ser sexys

 

Condiciones ecológicas

Para el biólogo e investigador Issac González el contexto es muy relevante: “Si las condiciones no favorecen las expresiones de ‘fenotipos extendidos’ como ser nerd en un antro, donde el atractivo físico impera, no serán sexys, y entonces se extinguirán los nerds. Pero si cambias las condiciones ecológicas, y los pones en un foro de discusión en temas de literatura o ciencia, sus características fenotípicas le favorecerán y el atleta popular y poco culto desaparecerá. Habrá una autorregulación de las diferentes características”.

 

Herramientas que ayudan

Según el doctor Goldzweig Hans, especialista en medicina estética, “ser sexys es multifactorial. Pero hay marcas de ropa que a precio accesible te pueden hacer ver bien, una alimentación que te permite tener mejor cuerpo, y la flacidez del rostro se puede combatir. Se puede envejecer con dignidad y mantenernos bien”.

 

La admiración, pieza clave

Eduardo Calixto, doctor en Neurociencias, define el éxito de la atracción como “Uno, que te guste la otra persona; dos, que tenga reconocimiento social, no sólo que te guste a ti sino a otros alrededor; tres, que muestre inteligencia y excelente sentido del humor, lo que garantiza que la pareja dure más tiempo junta; cuatro, cómo ayuda a resolver problemas juntos; todo eso hace admirar a la pareja, la hace atractiva. Si no se admiran, todo se va hacia abajo”.

 

Sensualizar el mundo

La maestra psicóloga Ena Eréndira Niño, aunque distingue entre ser sexy y sensual, concluye que “la posibilidad del placer sensual-genital se da en medida de que crecemos, pues se instala la capacidad reproductiva, la presencia de hormonas sexuales y surge esa sensualidad genital. Los seres humanos somos capaces de sensualizar el mundo y nuestro interior”. Por tanto, “sexy es una persona que es un estímulo sexualmente atractivo para otros, alguien que atrae físicamente, atrae olfativamente, invita a ser tocado, acariciado y estimula las sensaciones táctiles en la otra persona”.

 

Guapos pero superficiales

La consultora en imagen y coordinadora de la firma Seis Grados, Gabriela Alviso, dice que hay muchos cursos de seducción, conquista, lenguaje corporal y relaciones sociales, pero que el secreto para atraer está en ser educado, amable, empático y sonriente. “Así como hay personas que no son agraciadas físicamente pero tienen un especial encanto, y son exitosas, nos cuesta trabajo relacionar a aquellos que son super guapos pero que tienen un cacahuate en la cabeza. Y así hay muchos. Terminan diciendo esos clientes que ‘no hubo química’. En realidad son los superficiales quienes tienen problemas de forjar relaciones fuertes”.

 

(Por José Ramón Huerta)