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Corea del Norte no es el reino de la austeridad que creías

¿De verdad las condiciones en Corea del Norte son tan terribles como nos imaginamos? La mayoría de las personas asocian este país asiático con una nación empobrecida, pero los testimonios de expertos y visitantes extranjeros demuestran que el Estado más hermético del mundo tiene mucho con que sorprendernos. Estas son algunas cosas que probablemente no sabía que existían.

Crecimiento económico

En los últimos años, la economía de Corea del Norte ha superado el estancamiento, hasta alcanzar una modesta tasa de crecimiento anual que ronda el 1%, según datos de 2014 publicados por su vecina del sur.

Pionyang dejó de publicar estadísticas económicas hace décadas, con lo cual “absolutamente todas” las estimaciones se basan “en información muy incompleta”, destacó en declaraciones al sitio ruso de noticias RT Andréi Lankov, experto en Corea del Norte y profesor de la Universidad Kookmin de Seúl, quien estima que los últimos cinco o siete años la economía de ese país se incrementó entre un 3% y un 4%.

Alimentos

Y además, de producción local. Un equipo de Reuters, que en pasado abril tuvo la oportunidad de visitar una tienda de alimentos acompañado de un guía impuesto por el régimen, contó que las estanterías estaban llenas de bebidas, galletas y otros alimentos básicos de producción nacional. Además, otros visitantes aseguran que han visto latas de conservas, café, licores, pasta de dientes, cosméticos, jabón, bicicletas, entre otros productos locales, a la venta en Pionyang.

“Corea del Norte ha pasado de ser una economía socialista de Estado muy controlada a ser básicamente una economía de mercado”, sostiene Sokeel Park, de la organización Liberty in North Korea. En su opinión, “puede que sean dos pasos adelante y un paso atrás, pero parece que a largo plazo será muy difícil reprimirlo y regresar a una economía dirigida por el Estado”.

Las reformas, que han llevado a un auge de las empresas privadas de facto, se han implementado casi en su totalidad de manera informal, con escasa mención en los medios estatales. La razón, según Lankov, es que Kim no puede mostrar que cuestiona el legado ideológico de su padre y su abuelo —que denunciaron el libre mercado— por temor a plantear preguntas sobre su propia posición.

No obstante, “los cambios son obvios cuando vas a Pionyang. Hay tráfico de vehículos y la ciudad tiene un horizonte urbano como nunca antes”, señala un exfuncionario de Inteligencia de EU, quien subraya el creciente uso de elementos nuevos para el país como paneles solares y aire acondicionado.

Desigualdad y consumo conspicuo

Sin embargo, el crecimiento del mercado lleva inevitablemente a un aumento de la desigualdad, y Corea del Norte no es una excepción, sostiene Lankov en un artículo para el portal del Centro Carnegie de Moscú.

El experto recuerda que, antes de la década de 1990, había muy poca estratificación en Corea del Norte. En los ochenta, los mayores indicadores del bienestar económico eran artículos como zapatos o botas de cuero (la mayoría de la población las tenía de tela y de goma); un televisor en blanco y negro, un ventilador eléctrico o un tocador, ya que un 99% de la población “no podía ni soñar” con algo más.

Sin embargo, en los últimos años la situación ha cambiado de manera radical: los norcoreanos ricos no sólo han dejado de ocultarlo, sino que, al revés, tienden a demostrar cada vez más su éxito económico.

Bienes inmuebles y coches

Un papel importante en esta demostración lo juega el sector inmobiliario, pues tener una buena vivienda en un buen vecindario es un símbolo de éxito en Corea del Norte, donde el mercado privado de la vivienda comenzó a tomar forma en la década de 1990, y en la última década ha evolucionado significativamente.

De la misma manera, subraya Lankov, los precios de la vivienda “han aumentado enormemente”. Así, un apartamento de lujo en Pionyang puede costar hasta 200,000 dólares, si bien un buen apartamento un poco más modesto en la capital cuesta entre 70,000 y 90,000 dólares.

Por otro lado, se puede ver cada vez más coches en Pionyang y otras ciudades norcoreanas. Según Lankov y contrariamente a la creencia popular, los vehículos particulares no están prohibidos en el país, a pesar de que hasta hace poco no se podían comprar y sólo podían ser regalados.

Hoy en día, el control sobre el comercio de automóviles se ha debilitado, y es más fácil eludir las restricciones. Con todo, un coche privado sigue siendo algo exótico. Para la gran mayoría de los norcoreanos, un signo de bienestar no es un coche, sino un ciclomotor o una motocicleta.