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León Krauze y las cosas que extraña de México

Entrevistamos al periodista León Krauze acerca de las cosas que añora de nuestro país y sobre su más reciente libro “La mesa. Historias de nuestra gente”. 

Foto: Alberto Torres

 

León Krauze –capitalino, de 41 años de edad, escritor, periodista, conductor y padre de tres hijos– recuerda que en la casa paterna había más libros que aire; algo natural siendo hijo de dos de intelectuales mexicanos: Enrique Krauze y la investigadora Isabel Turrent. En esa morada, además de libros: “destacaba una curiosidad universal, un hambre de conocimiento; siempre había una disposición a discutir, a debatir, a confrontar puntos de vista, con la misma ferocidad de política, de futbol o si por ejemplo, mi papá consideraba que Luis Miguel no era un buen cantante, aunque a mi madre y a mí nos gustaba mucho…” evoca León. Pese a ello, en la preparatoria, sus amigos tenían miedo de ir a visitarlo pues pensaban que sus padres los abordarían con preguntas sobre temas o libros, dice jovial el escritor.

Si bien acepta que su infancia transcurrió en ocasiones con relativa soledad –su hermano Daniel “llegó siete años después”–, siempre gustó de contar historias y de escucharlas. Precisamente en esta etapa fue cuando nació, de manera natural, su interés por el periodismo: armado de una grabadora de casetes entrevistaba a su padre o grababa programas de radio.

Quemar las naves

En 2011 ya con fama y fortuna en los medios de comunicación Krauze decidió “quemar sus naves”, como se dice coloquialmente, y emigrar hacia Estados Unidos, tal como lo han hecho millones de compatriotas en busca del sueño americano. Encantado entre otras cosas por la política y la democracia estadounidense que tanto le mencionaba su padre. Anteriormente había intentado trabajar en Estados Unidos, por eso cuando finalmente se le presentó la oportunidad de viajar a Los Ángeles y convertirse en periodista en la cadena Univision, no lo pensó dos veces y aceptó.

De forma análoga a como lo hicieron sus abuelos, provenientes de Polonia, el escritor inició su periplo estadounidense. ¿Razones? “Quería ofrecerle a mi hijo una experiencia bicultural, bilingüe, enriquecerlo como persona”. Así que inició por picar piedra, trabajando en el noticiero de Univisión y viendo en un incómodo departamento. A diferencia del éxodo de sus abuelos, no había un océano de distancia y sí muchas huellas de la cultura mexicana que le permiten establecer contacto con nuestras raíces.

En Estados Unidos se volvió un practicante de un periodismo más relacionado con la gente, a diferencia del medio mexicano donde considera que existe un “politicocentrismo”, que le divierte por el grado de pugilismo periodístico que conlleva, pero él es un firme creyente de que lo valioso del ejercicio periodístico siempre lo brindan las personas de carne y hueso.

Para estar en sintonía con la influencia que tiene Univisión en la comunidad hispana, el periodista ideó un experimento que sorprendió por su sencillez: “llevar una mesa con dos sillas plegables y ponerlas en una esquina arbitraria de Los Ángeles y esperar a que la gente se sentara conmigo y se abriera y se abrió”, dice para validar el éxito de su segmento televisivo que derivó en su más reciente libro La mesa. Historias de nuestra gente, de HarperCollins Español. Este trabajo le brindó dos recompensas: conocer las historias de los inmigrantes y convertirse en una mejor persona.

León Krauze fue encontrando elementos comunes en las historias de estos emigrados que van más allá del sueño americano y que tienen que ver con la pobreza y el fracaso de los países de origen para darles una vida digna.

Foto: Alberto Torres

 

Conocedor de la sociedad norteamericana, Krauze piensa de manera opuesta a lo que sostiene Donald Trump –para quien los migrantes latinoamericanos sólo van a explotar el país y a extraer la riqueza para nutrir sus economías pero que nunca pretenden asimilarse con los estadounidenses– o a la teoría de Samuel P. Huntington (el choque de las civilizaciones). “Yo encontré exactamente lo contrario, sí hay una voluntad de pertenecer, de sumar, comprender y asimilar de la mejor manera posible, sin perder las raíces. No conozco una definición más ideal, acerca del ciudadano estadounidense, de estas personas que se dedican a trabajar, fundar una familia y a formar ciudadanos”

 

 

Lo que me une a México en la distancia

  1. Mi familia

  2. Mis amigos

  3. El Cruz Azul

  4. La receta de chiles rellenos de mi madre

  5. Los mangos de Manila

  6. Los tacos de la Ciudad de México

  7. La “grilla” política

  8. La memoria del caos de la Ciudad de México

 

 

(A.C.)

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