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La magia de Harry Potter

 

Valida de una receta tan vieja como la literatura misma, una desconocida autora escocesa creó a Harry Potter, un personaje encantador que enloquece por igual a niños y adultos con aventuras como sacadas de los mejores cuentos de hadas.

 

Foto: Warner Bros

El nuevo ídolo de millones de niños en medio orbe es un chico flacucho, con anteojos rotos y remendados con tela adhesiva, desordenado pelo negro, ojos verdes y una cicatriz en forma de relámpago en la frente. El paladín, un joven mago llamado Harry Potter —creado por la escocesa Joanne K. Rowling— materializó el sueño de muchos profesores, padres y sicólogos: que los niños desconectaran la televisión para leer como poseídos los 4 libros que narran sus aventuras, de más de 250 páginas cada uno, convertidos en el mayor éxito editorial de la literatura infantil de todos los tiempos, con más de 100 semanas en la lista de bestsellers del New York Times y 31 millones de ejemplares en 35 lenguas vendidos en 200 países.

En Londres, la manía por Harry Potter es tal que en abril pasado, frente a cada librería se formaron filas de hasta 200 chiquillos —acompañados de sus padres—, ansiosos de adquirir el 4º volumen de la serie, al tiempo que en Estados Unidos varias avionetas anunciaron en las principales playas el nuevo libro de Harry Potter.

Pero no solamente los infantes han caído bajo la magia del mozalbete: para los adultos nostálgicos de su infancia existen ediciones de lujo con portadas mas serias o pueden seguir los avatares del héroe en cientos de páginas en Internet.

Harry es un huérfano que vive en casa de sus tíos Vernon y Petunia Dursley, que lo maltratan y castigan al menor pretexto. La infelicidad del chiquillo se desvanece el día de su 11º cumpleaños, al descubrir que es hijo de unos magos famosos y heredero de sus dones. A partir de ese momento su vida cambia radicalmente: como no es un “muggle” (un ser humano común y corriente) debe asistir al internado Hogwarts de magia y hechicería para aprender a usar sus poderes. Allí conoce a otros niños magos y encuentra a sus mejores amigos: Hermione Granger,  la “matadita” de la escuela, Ron Weasley, un pelirrojo que proviene de una familia numerosa de seis hermanos con estrechez económica y desea ser reconocido por sus méritos en la escuela, y Hagrid, el guardabosque del colegio, amante de las criaturas más exóticas y peligrosas y protector de Harry. Con ayuda del director del colegio, Albus Dumbledore, considerado por sus contemporáneos como el más grande mago, Potter y sus amigos enfrentan a su némesis: Lord Voldemort, que mató a los padres de Harry y por alguna extraña razón no pudo hacerlo con el niño.

Entre aventura y aventura, Harry y sus amigos, además de las materias comunes, estudian transformaciones, defensa contra las artes oscuras, herbología, adivinación, pociones e historia de la magia, encantamientos, divididos en equipos o casas, al estilo de las preparatorias y universidades inglesas. En sus ratos libres juegan quidditch, el deporte más popular en el mundo mágico, una cruza de jockey y futbol que se practica sobre escobas voladoras.

Café solitario

La vida de la autora, Jooanne Kathleen Rowling -de 36 años de edad, melena dorada, ojos claros y tez nívea- también está cargada de dramatismo: hija de un ingeniero y de una laboratorista, empezó a leer desde muy chica a escritores como Jessica Mitford, Paul Gallico, Ian Flemeing, Jane Auster, C. S. Lewis, Elizabeth Goudge. A los cinco años de edad empezó a escribir sus propias historias y para ganarse la amistad de sus compañeros de clase inventaba cuentos en los que ellos eran los protagonistas.

Estudió literatura y se graduó en la universidad de Exeter, con una especialización en literatura clásica y francesa. Trabajó en la sede londinense de Amnistía Internacional, investigando sobre abusos en Africa. En esa época, la imagen y el argumento de Harry la sorprendieron en una larga espera en un tren de Londres a Manchester e ideó la historia, que planea abarcará siete libros.

Mientras rumiaba sus novelas, partió a Portugal a dar clases de inglés, se enamoró de un periodista de televisión y casó con él. Tuvieron una hija, pero cuando la niña tenía tres meses, Rowling decidió separarse y regresar a Inglaterra. Se radicó en Edimburgo, con la intención de empezar una nueva vida. Los sueños no se cumplieron: no conseguía trabajo, ni tenía dinero para pagar a alguien que cuidara a su bebé mientras solicitaba empleo, vivía en un departamento sin calefacción y se mantenía del subsidio que el gobierno otorga a los desempleados.

Aunque asegura que no le gusta dramatizar, afirma que hubo días en que si bien su pequeña comía, ella no. Para escapar de la depresión, se puso a escribir compulsivamente, refugiada en el café Nicholson -el único lugar donde le permitían escribir por largas horas ordenando sólo un café espresso- mientras rogaba a Dios para que su hija no se despertara. (Actualmente este sitio se ha convertido en un lugar de culto para los fanáticos de sus novelas, que organizan excursiones para visitar el lugar donde existe una placa que dice: “Aquí se escribió Harry Potter”).

Como no tenía dinero para fotocopias ni para rentar una computadora, mecanografió 2 copias de Harry Potter y la piedra filosofal en una desvencijada máquina de escribir que consiguió prestada (lo siguieron Harry Potter y la cámara secreta; Harry Potter y el prisionero de Azkaban y el más reciente, Harry Potter y el cáliz de fuego, que todavía no aparece en español).

Luego de que Rowling peregrinara de editorial en editorial —rechazaban la obra argumentando que era una novela demasiado larga y literaria para niños— persuadió a la firma Bloomsbury de publicar el libro en junio de 1997 y todo cambió. Actualmente J.K. Rowling se ha convertido en la mujer más rica de Escocia, con una fortuna calculada en 100 millones de dólares.

Foto: Warner Bross

El mejor truco

A contrapelo del éxito de las aventuras de Potter, grupos religiosos ultraconservadores alegan que la Biblia condena a los magos como representación del mal y aseguran que los libros son perniciosos para los infantes, porque los hace creer en hechicería y brujería. En algunos pueblos y lugares se prohibieron los libros y organizaron boicots para que los niños no se “contaminen”, como en Retheim (al sur de Alemania), donde el concejo de la comunidad evangélica los condenó y expurgó hasta de la biblioteca pública.

Otros críticos aseguran que los libros no aportan nada nuevo literariamente, porque su receta es tan vieja como Homero: personajes interesantes en situaciones difíciles con un final donde se vence todo lo posible: —No es lo mismo saber la fórmula mágica que hacer magia —se encoge de hombros Rowling, que se confiesa abierta admiradora de autores de historias para niños como el alemán Michael Ende (autor de La historia interminable), J.R.R. Tolkien (El señor de los anillos) o los hermanos Grimm.

Este año, la compañía Warner Bros. estrenará una película basada en el primer libro de la serie, dirigida por David Heyman. Rowling sólo puso como condiciones que se conservara el ambiente inglés de la obra y que los actores principales fueran igualmente ingleses. Según muchos críticos este requisito hizo desistir del proyecto a Steven Spielberg, que pretendía trasladar la historia a Estados Unidos.

Mientras llegan la película o la siguiente novela de la serie, los padres de familia tienen que enfrentar el “síndrome de abstinencia de Harry Potter”, que ataca a los chiquillos en el tiempo de espera entre un nuevo libro y otro, pero no se consternan, porque palian la ansiedad de sus hijos surtiéndolos de libros con temática similar para que su entusiasmo no decaiga y se conviertan en lectores voraces, definitivamente el mejor truco de Harry Potter.

 

 Publicada en Contenido, 453, marzo de 2001.

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