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Descubrieron un sexto sentido en el lugar menos esperado

Durante muchos años, los científicos se han preguntado si la lengua era capaz de saborear el agua, al igual que saborea cualquier otro alimento. Hasta ahora, se sabía que el agua sin contaminación no tenía compuestos que interactuaban con las papilas gustativas que se encuentran en la lengua.

Sin embargo, los científicos acaban de descubrir un «sexto sentido» que se encuentra en la lengua y nos permite percibir el agua.

Los componentes del agua y la lengua

La lengua es capaz de detectar varios nutrientes — como el sodio, el azúcar y los aminoácidos — a partir del gusto. Estos son moléculas químicas que se disuelven en un líquido o en la saliva misma.

Nuestra percepción del agua es bastante más particular, ya que a pesar de no tener ninguno de estos nutrientes, los humanos — al igual que muchos mamíferos — pareceríamos ser también capaces de saborear el agua.

Un estudio reciente sugirió que cuando consumimos agua hay una parte del cerebro que se activa y esto podría significar que sentimos un sabor específico en el agua, a través de nuestro cerebro. También cuando dejamos de tomar agua no se debe a que nuestros órganos internos ya están satisfechos, ya que varios estudios han demostrado que dejamos de tomar agua mucho antes de eso.

Entonces, hay algo específico que nos hace tomar y dejar de tomar agua. ¿Pero qué es?

Las células receptoras del gusto y el agua

Un grupo de científicos encontró evidencias de que los receptores del gusto en la lengua de los mamíferos parecerían responder específicamente al agua. Esto se observó al estudiar ratones y medir la respuesta eléctrica de las células que son receptoras del gusto. En el estudio se comparó el nivel de respuesta al tomar agua y al consumir otro tipo de nutrientes ya mencionados.

Los nervios de los ratones respondieron ante los gustos básicos — que son el dulce, amargo, agrio, salado y umami—. Pero lo novedoso, es que también se activaron ante el agua.

Esto significa que algunas células del gusto son capaces de detectar el agua a pesar de no ser un gusto básico. Para investigar un poco más sobre la cuestión, los científicos inactivaron varias células receptoras del gusto para observar la verdadera respuesta de los roedores ante el agua.

Las observaciones fueron inesperadas; al bloquear los receptores del gusto agrío, la percepción del agua cambió por completo. Esto parecería sugerir que el agua es percibida únicamente a través de las células receptoras del gusto agrio.

Si reemplazamos el agua por luz…

En otro experimento, los científicos reemplazaron el agua por luz para estimular las células receptoras de gusto agrio. Entonces, los roedores comenzaron a «tomar» las luces, continuaron creyendo que las luces eran agua y «tomar» la luz mucho más que si se hubiera tratado realmente de agua.

Esto sugiere que las señales que desencadenan las ganas de tomar agua en el cerebro y provienen de las células receptoras de gusto, no son las encargadas de pedirle al cerebro que deje de tomar agua.

El vínculo entre las células receptoras del gusto agrio y la percepción del agua es bastante extraño, en particular porque el gusto agrio suele ser poco agradable. Sin embargo, los científicos sugieren que es posible que las células sean capaces de inducir un distinto gusto cuando son estimuladas por el agua.

A pesar de presentar muchas preguntas sin resolver este estudio abrió las puerta la investigación de la percepción del agua y de la naturaleza del gusto.