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Antonio Chedraoui, un arzobispo con los pies en la tierra

El arzobispo metropolitano de México, Venezuela, Centroamérica y el Caribe de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa Antioqueña, Antonio Chedraoui Tannous, falleció este miércoles. En su honor reproducimos esta semblanza publicada en la edición 525 de nuestra revista Contenido.

Amable y sencillo a la vez que carismático, Antonio Chedraoui Tannous, arzobispo metropolitano de México, Venezuela, Centroamérica y el Caribe de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa Antioqueña, conjunta su pasión por la historia con su afición por el equipo de futbol Chivas de Guadalajara. De 78 años de edad, el clérigo —nació en la ciudad libanesa de Trípoli (no confundir con la capital de Libia, que también lleva ese nombre), donde la mayoría de los pobladores, de credo musulmán, conviven sin empacho con católicos romanos y ortodoxos. Tercero de los 7 hijos del matrimonio formado por un albañil y un ama de casa— habla con gusto de sí mismo y de su familia, y no rehuye los temas religiosos, políticos o sociales.

De adolescente era tan inquieto que los amigos de sus padres no entendían cómo lo aceptaron en el seminario Nuestra Señora de Balamand, situado a una hora y media de Beirut. Sin embargo, los superiores de la escuela no tardaron en reconocerle gran capacidad para estudiar y obtener excelentes calificaciones.

“Mi mamá seguía el ayuno como lo prescribe la Iglesia Ortodoxa —recuerda el arzobispo— y aún hoy me conmueve la devoción que ponía en sus rezos. Mis años en el seminario fueron maravillosos; el director trataba a cada alumno cariñosa y comprensivamente: hasta se levantaba por las noches para asegurarse de que durmiéramos abrigados. Tanta confianza le teníamos, que suscribíamos su teoría de que la aspirina era el remedio para todo mal. Hace cinco años regresé al monasterio sólo para recordar los gratos momentos ahí pasados, y desde luego no pude dejar de sonreír al acordarme de las propiedades que mi mentor le atribuía a la famosa aspirina”.

En el seminario, Chedraoui cursó secundaria y preparatoria e inició estudios de teología ortodoxa. Después, por espacio de dos años, estudió idiomas en la ciudad griega de Corinto y posteriormente obtuvo la licenciatura en teología y filosofía en la Universidad de Atenas.

El 20 de julio de 1952 fue ordenado diácono y 6 años después nombrado sacerdote con el título de archimandrita (monseñor). En 1966 fue electo y consagrado obispo con el nombramiento de vicario patriarcal para México, Venezuela, Centroamérica y el Caribe.

“Al joven que ha cumplido 20 años se le ordena diácono y sólo puede tomar el sacerdocio a partir de los 30 —explica el arzobispo refiriéndose a los procedimientos de su Iglesia—. En ese periodo debe decidir si quiere casarse o ser célibe. Si escoge la primera opción no podrá ser obispo, por dos razones: la primera es el señalamiento de san Pablo de que el hombre casado se va a preocupar por su esposa, y en cambio el célibe va a hacerlo por Dios, y la segunda es para evitar una práctica bastante común antiguamente, consistente en que obispos casados heredaban bienes eclesiásticos a sus hijos”.

El arribo: En 1966 Chedraoui llegó como vicario patriarcal a México. Con su empeñó logró organizar la comunidad local de fieles y disponer los servicios espirituales y eclesiásticos para todos los ortodoxos, antioqueños o no.

“Llegué al país sin hablar español ni conocer a nadie”

Recuerda en la entrevista para Contenido.  “Mi cocinera me enseñó algo de español y poco a poco fui atreviéndome a hablarlo. Ni siquiera en la catedral de san Jorge (ubicada en la calle de Tuxpan, en la defeña colonia Roma) teníamos sacerdotes; ahora hay cinco, radicados en el DF, Tijuana, Mérida, Guatemala y Honduras. En la ciudad norteña hay una iglesia y un orfanato dedicado a san Inocencio; en Mérida ayudé a construir la parroquia de la Dormición de la Virgen; en Guatemala una iglesia, un monasterio de monjas y un orfanato que atiende a 150 niños, y en Honduras una iglesia, una escuela y un orfanato actualmente en proceso de edificación”.

“Por otro lado, en Xilotepec, Mor., hay un monasterio de monjas y se están construyendo una casa de retiro para ancianos, una catedral y un salón de fiestas en el Country Club del fraccionamiento Bosque Real. Con las ganancias del salón se sostendrá el asilo. Todos esos logros son para Jesucristo —enfatiza—; yo sirvo a los demás, los visito o los recibo en mi casa porque esa es mi misión y trato de cumplirla siempre promoviendo la unidad, la paz y la concordia”

“El nombramiento de arzobispo metropolitano representó para mí un título administrativo que no me cambió la vida. Sigo siendo sencillamente Antonio, un hombre comprometido, y seré el mismo hasta que me muera”.

Poseedor de amplio criterio en materia de religiones, Chedraoui se expresa elogiosamente del cardenal Norberto Rivera, arzobispo de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana: “Norberto es para mí más que un hermano —afirma—; y no quiero a ningún obispo ortodoxo tanto como a él. Me duele cuando lo atacan, porque es una persona transparente y serena. Lo conocí por la época en que él era obispo de Tehuacán; nos caímos bien y cuando lo nombraron arzobispo reiteré mi amistad por ese buen ser humano, no por su cargo”.

Dios y la política: El eclesiástico dice que a su casa llegan presidentes de partidos políticos, funcionarios del gobierno  y gente del pueblo, porque a él no le importan los cargos sino las personas y en especial los pobres.

“Desgraciadamente, para muchos políticos los pobres se convierten en una mercancía utilizable para cualquier fin —opina—. ¿Cuánto dinero de los contribuyentes que se pudo ocupar en construir hospitales, carreteras o fábricas se gastó en las últimas elecciones? Le damos dinero al IFE para que los partidos políticos compren conciencias. Yo he platicado con numerosos presidentes de la república del Líbano; con Pablo y Federica, reyes de Grecia, y con mandatarios de Venezuela, Argentina, Brasil, Chile y México; sin embargo, nadie me deslumbra. Me gustan la sinceridad y la lealtad pero muchos políticos que llegan a puestos altos se olvidan de esos valores. Yo ayudo a México a través de sus instituciones. Debemos respetar las instituciones, porque sin ellas el país difícilmente puede existir”.

En 1972 Antonio Chedraoui presentó sus documentos para obtener la nacionalidad mexicana, pero entonces no se la otorgaron por su condición de obispo. Fue sólo hasta el 4 de octubre de 1994 cuando le dieron la carta de naturalización:

“Durante los años sesenta y setenta viajé por gran número de países, pero para vivir acabé eligiendo México —relata—.

“Y es que me enamoré del pueblo mexicano por su calor, cordialidad y hospitalidad. He comido desde frijoles con campesinos de Cuautla hasta manjares en residencias de ricos, y mi casa está siempre abierta para quienes lleguen a compartir su plática, tomar café o rezar juntos”.

Para saber más…

La Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa Antioqueña

La Iglesia Ortodoxa  se separó de la Católica de Roma en el año 1054 y luego fue fragmentándose en Iglesias autónomas o autocéfalas. A diferencia del protestantismo, los ortodoxos conservaron la unidad doctrinal y de culto, pero perdieron la unidad de jurisdicción. La Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa Antioqueña —de la ciudad de Antioquía, actualmente llamada Antakia y perteneciente a Turquía— es una asociación de creyentes unidos en la comunión de la fe cristiana ortodoxa y está compuesta por el clero y laicos. Al primero corresponde conducir a la grey, administrar los sacramentos, orientar a los fieles y llevar a cabo las celebraciones litúrgicas en el templo, en tanto los segundos deben desempeñar labores administrativas y sociales de su comunidad.

Jesucristo es la autoridad máxima, cabeza y jefe de la institución, la cual está basada en las sagradas escrituras y funciona regulada por el derecho canónico ortodoxo.

Es administrada por un sínodo presidido por el patriarca Ignacio IV, con sede en Damasco, y conformado por los obispos de las arquidiócesis dependientes del patriarcado.

En territorio americano se estableció tras 100 años de emigración desde el Medio Oriente; primero se asentó en Estados Unidos, a finales de 1943 encontró espacio en México. Un año más tarde comenzó la construcción de la defeña catedral de san Jorge.

 

(Por Alejandrina Aguirre Arvizu)

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