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Profesionistas: estudiar, ¿para qué?

Hace unas décadas bastaba una licenciatura para conseguir un trabajo que permitiese escalar social y económicamente. Hoy esto ya no es suficiente. ¿En verdad vale la pena invertir tanto tiempo y esfuerzo? Eso se preguntan los profesionistas. Aquí lo sabremos.

 

Para Isaac Díaz, hoy de 25 años edad, su egreso de la carrera de diseño gráfico tuvo un sabor agridulce. Por un lado, se convirtió en el primer licenciado de su familia, pero por el otro, no pudo lograr la ansiada independencia. Sus padres, ambos comerciantes, le brindaron todo su apoyo: invirtieron gran parte de sus ingresos y se endeudaron. Su esfuerzo pareció rendir frutos cuando en 2011 su hijo se tituló con uno de los mejores promedios de su generación. Sin embargo, la realidad le dio a Isaac una dolorosa lección cuando al solicitar trabajo le pedían una experiencia que él no tenía; y cuando la obtuvo, sus jornadas laborales de más de 10 horas eran remuneradas con un salario no mayor a los 8,000 pesos mensuales. Intentó realizar trabajos freelance pero las fuerzas no le alcanzaban, así que terminó por retornar al clan familiar y atender su propio puesto de ropa en un tianguis que hoy le deja ganancias netas de alrededor de 20,000 pesos mensuales. Como Díaz muchos profesionistas se encuentran con esta realidad al salir de la licenciatura.

Situación menos afortunada vive Raúl García, de 55 años, quien se tituló como abogado hace tres décadas, y a pesar de la experiencia y los años trabajados en una firma, en 2014 fue despedido durante un recorte de personal. A la fecha García no ha conseguido empleo. La edad y la falta de una especialización son su talón de Aquiles. Para subsistir trabaja como taxista, y en su vehículo siempre lleva currículos que a diario reparte por diversas empresas de la ciudad, según la zona a donde lo lleven sus pasajeros.

Isaac y Raúl son ejemplos de la realidad que enfrentan cada día miles de profesionistas que a pesar de ser parte del 16% de la población que tiene un título universitario, sólo el 40% de ellos consigue un trabajo relacionado y, en el mejor de los casos bien remunerado, según datos de la OCDE.

La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) arrojó que el 41% de los profesionistas menores de 30 años está desempleado o se halla en la informalidad; es decir, 290,000 mexicanos no tienen empleo, y un millón trabaja en negocios que no están legítimamente establecidos.

Ante este panorama, ¿vale la pena estudiar?

“Sí”, afirma contundente el maestro en ingeniería José Aguirre Vázquez, Director General de Planeación y Desarrollo de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (Anuies): “pero hay que prepararse para enfrentar un contexto social y económico cambiante”, dice a esta reportera.

El desempleo, la falta de oportunidades y los malos salarios no son exclusivos de México: en Estados Unidos, una de las economías más desarrolladas, ocurre lo mismo: “Se invierten alrededor de un cuarto de millón de dólares por estudiante para que tenga una educación universitaria, sin que esto garantice un lugar en el mercado laboral”, afirma Henry T. Frierson, vicepresidente asociado del Programa de Becas de la Escuela de Postgrado en su artículo Usted no merece una vida mejor porque tiene un título”.

“Y es que –reflexiona Frierson– a diario egresan millones de estudiantes que solicitan trabajo y que compiten con otros miles en el mercado laboral”.

Entonces, ¿por qué alguien debe darles trabajo y dinero por el simpe hecho de tener un título?

“De lo que se trata es que los estudiantes logren diferenciarse del resto para que agreguen valor a la empresa y a la sociedad. El ser capaz de resolver problemas es la clave del éxito”, considera Frierson.

I: Mercado cambiante

“México está inmerso en un esquema de globalización y desarrollo de nuevas tecnologías que ha modificado el mercado laboral dificultando el hallazgo de empleos y salarios competitivos”, opina la doctora en Educación Eugenia Lucas Valero, especialista del Instituto Nacional de Evaluación Educativa y académica de la Universidad del Valle de México (UVM).

“En este contexto –agrega– el conocimiento es altamente valorado por ser fuente de innovación y disminución de costos de transacción, y se ha convertido en un generador de nuevas oportunidades de negocios, de valor y riqueza social”.

“Las carreras relacionadas con la innovación y el desarrollo son áreas de oportunidad”, considera Aguirre Vázquez de la Anuies, pero en México no existen suficientes profesionistas. En contraste, las ciencias sociales, las humanidades y las artes, se han sobresaturado y aunque puede haber trabajo los salarios son bajos.

La ENOE lo confirma: un tercio de los profesionistas gana lo equivalente a jóvenes que sólo acabaron la preparatoria. El perfil laboral también se ha modificado, pues en un mundo tan competitivo las empresas requieren contratar personal con habilidades específicas (Ver recuadro).

La zona del país y el tipo perfil son determinantes: “En ciudades que condensan gran cantidad de industrias y empresas existe mayor oferta de empleos. En la CDMX existen un 19% de profesionistas ocupados (de 23 años o más), en Nuevo León y Jalisco hay un 14%”, agrega el maestro Aguirre Vázquez. Otro factor condicionante para encontrar empleo son el género y la edad: la tasa de desempleo en el caso de las mujeres que cuentan con educación es de 4.5% comparado con un 4.1% de los hombres (OCDE, Panorama de la educación, 2016). En cuanto a la edad “los empleadores prefieren contratar a recién egresados con la idea de formarlos, y si además los profesionistas mayores de 35 años no se mantienen vigentes a través de especializaciones y posgrados, las oportunidades laborales se reducen”, indica el psicólogo Salvador De Antuñano director de Recursos Humanos y calidad de la empresa Adecco México.

Y es que cada días son más los profesionistas que compiten en un mercado laboral inserto en una economía que ha crecido a tasas anuales del 1.5%, incapaz de crear más empleos: Hoy 12% de la generación de 55 a 64 años de edad, tienen un título de educación superior, cifra que se eleva hasta el 21% entre las generaciones más jóvenes (25 a 34 años de edad), y que se espera se incremente en los próximos años a un 25%, según datos de la OCDE.

II: Coladera educativa

Si bien es un hecho que el mercado laboral está cambiando a pasos agigantados, de tal suerte que hasta países de primer mundo han sido tomados por sorpresa, coinciden los expertos que gran parte de los profesionistas en México no están del todo preparados, y el problema es de origen.

“El gobierno dejó la educación en manos de un sindicato que veló por sus propios intereses, y bajo el influjo neoliberal de adelgazamiento del estado y rebasado por la demanda, pasó la batuta a la educación privada, que ofrecía educación de calidad, pero ante la carente de supervisión gubernamental, no todas las instituciones privadas cumplieron con la encomienda”, afirma la maestra en Sociología Ángeles Valle Flores, investigadora del Instituto de Investigación sobre la Universidad y la Educación de la UNAM.

Hoy la inversión pública en educación sigue siendo baja: para el gasto en educación México se destinan alrededor de 3,400 dólares por estudiante, muy por debajo del promedio de la OCDE de 10,500 dólares, y de países como Brasil (4,300 dólares) y Chile (5,100 dólares).

Además alrededor del 96% del gasto en la enseñanza de educación primaria hasta la educación superior está destinado al gasto corriente: cubrir los salarios de los maestros y el mantenimiento de las instituciones educativas, de acuerdo con datos de la OCDE.

Esta tendencia, a decir de los expertos, hizo lenta la obligatoriedad de estudios medio y superior (hasta el 2013 se hizo obligatorio el bachillerato) y demeritó la calidad educativa: La última prueba del Programa Internacional para la Evaluación de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) arrojó que México se encuentra muy por debajo del promedio de la OCDE en ciencias, lectura y matemáticas, al obtener en estos tres campos una media de 416 puntos frente a los 492 puntos en promedio de los 34 países integrantes.

“Esto significa que a pesar de que van a la escuela no saben leer ni escribir correctamente por lo que al llegar a la universidad no pueden continuar o se les dificulta acceder a áreas tecnológicas. Los más desfavorecidos son los muchachos pobres, que quedan atrapados en este círculo de pobreza.”, indica Ángeles Valle de la UNAM.

El estudio Malgasto Educativo de la organización Mexicanos Primero reveló que para los mexicanos clasemedieros la educación privada ha sido la única salida:en las últimas dos décadas las familias han incrementado al doble el gasto en la formación académica de sus hijos en escuelas privadas, debido a la mala calidad de la educación pública…(y) las cuotas que pagan los papás en la educación privada de sus hijos superan los recursos que destinan los gobiernos locales a la educación.

De hecho la OCDE estima que las familias invierten alrededor del 40% de sus ingresos en la educación de sus hijos y llegan hasta endeudarse para que sus hijos alcancen formación universitaria: El 32% del gasto de la educación superior proviene de fuentes privadas (cuando en la OCDE es del 21%), y todo el gasto privado se origina en los hogares.

El exceso de “credenciales” para ejercer una carrera con una formación académica mediocre, abarató los salarios –agrega Valle Flores–. De ahí que algunas universidades incrementaron sus requisitos de egreso, lo que redujo la titulación al 52% en instituciones privadas y al 66% en públicas, con el consecuente freno en el desarrollo profesional a través de posgrados que extenderían salarios y vida laboral. Hoy sólo el 1% de todo el universo de estudiantes termina el doctorado y únicamente el 48% serán mujeres (Mercado laboral de profesionistas en México ANUIES, y Panorama de Educación 2015 OCDE).

Los especialistas consultados coinciden en que la educación se ha convertido en una coladera que deja fuera a un gran porcentaje de la población, principalmente la más pobre, que encuentra el mercado informal o delincuencial una alternativa de subsistencia.

Otro de los peligros a los que se enfrentan los graduados a últimas fechas son los grupos delincuenciales que también buscan profesionistas con perfiles específicos, “Técnicos e ingenieros en telecomunicaciones, informática, civiles, agrónomos, arquitectos, veterinarios y médicos están siendo secuestrados por grupos criminales que los esclavizan”, de acuerdo con la abogada María Antonia Melo, subdirectora de la región centro de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México y hermana de Matusalén Melo un ingeniero agrónomo desaparecido el 21 de octubre de 2009.

 

III: Tren bala

La educación en México es como un camión chatarra intentando subir apresuradamente una cuesta empedrada. La reforma educativa ha apostado, por certificar al conductor (maestros) y a retomar el control del magisterio, pero no es suficiente hace falta cambiar el camión (sistema educativo dañado y viejo) y pavimentar la calle (condiciones económicas del país), reflexiona Manuel Gil Antón catedrático del Colegio de México.

En una situación de emergencia económica, política, social y laboral, como la que atraviesa México, los expertos aseguran que se requieren ajustes con una participación en coordinación del gobierno, universidades y empresas.

Aunque a algunos pueda causarles escozor algunos expertos señalan que es necesario apostarle también a la educación técnica que permite a los estudiantes incorporarse rápidamente al mercado laboral, con miras a continuar su formación. La educación técnica en México representa el 38% de la matrícula total de la enseñanza en la educación media superior.

De igual manera, puntualiza la doctora Valle Flores, “hay que crear más universidades públicas, pequeñas, especializadas, en todo el país y ser más estricto en la supervisión de instituciones educativas privadas”.

“Las universidades privadas comprometidas con la educación están buscando certificaciones nacionales e internacionales, y la ANUIES también cuenta con una lista de instituciones que han acreditado educación de calidad”, afirma José Aguirre Vázquez de Anuies.

¿Qué otra medidas deben adoptarse? Valle Flores de la UNAM observa que el gobierno debe incentivar a las empresas para la creación de empleos, así como fomentar la vinculación entre éstas y la investigación y desarrollo dentro de las universidades.

Mientras Salvador de Antuñano de la Addeco afirma que los empresarios deben de derribar mitos como que la educación técnica no es buena, y abrir estos espacios a egresados de éstas áreas y no otorgarlos a universitarios que pueden ocuparse de funciones distintas.

Asimismo deben demoler ideas como la superioridad de la preparación en universidades públicas o privadas y eliminar consignas impensables en otras naciones como poner tope a la edad de contratación. Es pertinente, de acuerdo a los expertos que las universidades (públicas y privadas) realicen modificaciones a sus programas de estudio para hacer frente al nuevo mercado laboral.

“El mercado laboral global se han convertido en un tren bala cada día más difícil de abordar. El conocimiento es la gasolina de este tren” afirma la doctora Eugenia Lucas Valero, si los mexicanos queremos subirnos a este tren debemos elegir profesiones con base en el mercado existente, mantener una preparación continua, preferir una educación de calidad que obtener sólo un “credencial” de una institución no certificada, o bien apostarle a la educación técnica para poder trabajar y continuar una preparación de calidad, y por supuesto prepararse para ser emprendedor.

El drama nacional como lo describió Gabriel Zaid en Manos inteligentes, Contenido, Dic. 2016, se podría ver como “una fantasía bien intencionada con que todo mexicano tenga un título universitario, aunque no sirva para nada”, Zaid da la receta “En México, lo realista es la educación para el autoempleo. Hacen falta miles de escuelas de artes y oficios. Y Microcréditos para ejercerlos”

De otra forma más mexicanos como Raúl e Isaac continuarán viviendo la tragedia de ser profesionistas en una economía que no tiene lugar para ellos.

(Mariana Chávez)

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