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Jorge Zepeda: autor de ficciones muy realistas

 

Jorge Zepeda acumula décadas de registrar los entretelones del poder y, con ese conocimiento, hoy “inventa” trepidantes novelas.

Sólo alguien con tanta experiencia acumulada en la observación de las elites de México podría ser capaz de narrar tan naturalmente historias de ficción que por muy poco podrían formar parte de nuestra incómoda realidad. Jorge Zepeda Patterson, periodista tapatío de larga experiencia convertido en prolífico autor de libros que exploran el modus operandi de los protagonistas del poder en nuestro país, desde 2013 se descubrió como un literato que usaba todo su bagaje profesional y anécdotas personales como materia prima para urdir historias que conformaron una saga que inició con Los corruptores, siguió con Milena o el fémur más bello del mundo y culminó en 2016 con Los usurpadores.

Traducidas a varios idiomas estas novelas, con un Premio Planeta en la axila y resultados bestselleristas, Zepeda sonríe cuando se le cuestiona cómo puede dedicarse a ser escritor siendo la cabeza de sinembargo.com, un demandante portal periodístico: “Ese camina solo”, dice desdeñoso el también sociólogo y economista. Después de casi 30 años de hacer periodismo y dirigir medios necesitaba algo terapéutico, y escogió escribir novelas.

La fórmula le funcionó de maravilla con estos ingredientes: poder, corrupción, medios de información, crimen, espionaje, pasiones. Lo sorprendente –y preocupante– es que en un país como México nada de esas historias parece descabellado, todo lo contrario. Más que novelas, lo que se percibe es que se está ante una crónica de cosas tremendas, reales. ¿Cómo logra ese efecto?

“Son muchos años de observar a los políticos y sus viles maneras de operar en lo oscurito. Sólo con una novela podía yo darle la infinita tonalidad de grises que tienen estos comportamientos, casi una antropología del poder que muchas veces los condicionamientos del periodismo sólo permiten presentar en blanco y negro. Con la novela intento construir personajes contradictorios, ambiciosos. Y luego también tenía mucha información acumulada de cómo se comporta un general por allá, un gobernador por acá, cosas que no siempre puedes documentar para efectos de una pieza periodística pero sí puedes ventilar en una novela”.

 

AZULES

Para su trilogía Zepeda inventó un cuarteto de héroes a los que llamó “los Azules”. Son amigos, reúnen sus habilidades e influencias para hacer de justicieros en un país corrupto. Dos son directores de medios, uno de una empresa de seguridad y otro profesor. “Son mi detective, pero formado por cuatro, porque en México no es posible ni creíble un héroe solitario. A ellos les sucede lo que a muchos periodistas, entran al oficio con romanticismo y lo verdaderamente difícil es seguir creyendo que pueden cambiar las cosas para bien”.

Ante el desencanto sigue el cinismo, como ocurre a muchos en la sociedad mexicana. “Cargamos esta dosis de cinismo sin haber perdido la esperanza”, dice el autor, quien supone que tal esperanza se abreva en la organización social, en los mexicanos que trabajan día a día inventándose el sustento, en quienes luchan por la transparencia, aun a costa de su tiempo y tranquilidad.

En la cosa pública, Zepeda no encuentra salidas. “Los partidos se han vaciado, las instituciones no han crecido, el tejido social no ha sustituido el presidencialismo, todo se desdibuja”. Para el experimentado periodista, los mexicanos llegaremos a la sucesión presidencial en una situación frágil. “Los partidos ya no tienen banderas, son incapaces de imponerlas a sus candidatos; el Congreso es fruto de las manipulaciones de las élites de los mismos partidos; los contendientes ya no son sólo los que van por la silla presidencial, sino los multimillonarios que creen que pueden tener telebancadas para influir en el poder; hay gobernadores muy sueltos que manejan a su antojo los presupuestos; el crimen organizado que asesina candidatos para tener otros más a modo, el involucramiento de presidentes municipales en las zonas bravas de este país”.

En este contexto, los medios digitales actuarán junto con los civiles comprometidos. “Son un factor. Y es uno que llegó para modificar la escena pública; hasta ahora el monopolio de la conversación pública estaba sujeto por la clase política y los medios de comunicación, un Presidente hoy le tiene más miedo a un hashtag que se hace viral que a cualquier discurso de un opositor político. El consumo de información ya es infoentretenimiento, el cual tiene un enorme potencial y un enorme peligro. Un meme sustituye ya cualquier discurso de un candidato, un tuit ingenioso sustituirá en buena medida la manera en que se acerque la gente a la cosa pública. Aterroriza y al mismo tiempo potencializa sin saber adónde va a llegar”.

 

(Por José Ramón Huerta)