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¿Podemos ser felices en esta época?

 

En estos tiempos difíciles nos dimos a la tarea de descifrar los enigmas acerca de ser felices. Entrevistamos a diversos especialistas que hicieron interesantes hallazgos y nos compartieron sus propias “fórmulas”. He aquí 10 de ellas.

 

 

Ser feliz se ha convertido en un tema crucial en los últimos años. Entre las razones que lo explican está la presencia en todo el mundo de una nueva epidemia incapacitante que afecta hasta el 15% de la población: la depresión.

Cuanto más se investiga sobre la felicidad y su álter ego, la depresión, los estudiosos descubren que los seres humanos estamos preparados para ser felices; sin embargo, hemos errado tanto en su entendimiento como en su búsqueda.

“La felicidad no es el placer inmediato que otorga el adquirir un bien nuevo o tener una relación sexual satisfactoria, ni tampoco implica vivir sin conflictos, frustraciones o pérdidas; la felicidad es un estado de bienestar generalizado y satisfacción con la vida, donde a pesar de los problemas la idea de ‘vale la pena vivir’ es una constante”, asegura la psicóloga Claudia Juárez, directora de la consultora Transforma tu estrés, quien junto con Alejandra López Alonso, cofundadora del Instituto de la Felicidad (I. Felicidad), Dagoberto Flores Olvera, director del Instituto Internacional de Investigación para el Desarrollo (IIID) y el doctor en Psicología Hugo Sánchez Castillo, jefe de laboratorio de Neuropsicofarmacología de la Facultad de Psicología de la UNAM y presidente de la Sociedad Iberoamericana de Neurociencia Aplicada (SINA), nos explican cómo consolidarla.

El pensamiento positivo

  • Tener una visión amplia; buscar soluciones y alternativas.

  • No personalizar ni generalizar, observar cada situación por separado.

  • Visualizar lo que sí es su responsabilidad de lo que no lo es y asumir las consecuencias sólo de lo que le corresponde.

  • Decir lo que no es agradable y escuchar la versión de la otra persona.

  • No sacar conjeturas, mejor preguntar.

  • Saber que a lo largo de la vida el dolor, la tristeza y la felicidad conviven.

  • Saber abandonar ciertos medios para lograr fines, cuando ya no son útiles.

 

De acuerdo con nuestros entrevistados vivir sin felicidad o bienestar, puede llevar las personas a la enfermedad y a la muerte; en caso contrario, el bienestar y la felicidad proporcionan salud y prologan la vida. Aquí sus consejos:

 

1.- Decidir ser feliz

“Cada ser humano nace con un potencial para la felicidad: la herencia influye en un 50%, por lo que hay personas con mayor propensión a las emociones constructivas que otras; 10% de nuestro estado de felicidad-bienestar está determinado por las experiencias (gestación, cultura, momento histórico, apego con la madre); sin embargo, 40% depende de las decisiones que tomamos”, señala Claudia Juárez.

La felicidad –agrega Hugo Sánchez, de la Facultad de Psicología de la UNAM– es un proceso neuroquímico en el que se libera un coctel de sustancias, entre ellas dopamina, serotonina, oxcitocina y adrenalina, que producen una sensación de bienestar. Esta secreción puede obedecer a estímulos externos, pero también internos. Por lo cual personas aquejadas de enfermedades psiquiátricas no pueden lograr un estado de bienestar aunque lo deseen, y requieren de apoyo farmacológico y psicológico.

 

2.- Cultivar la resiliencia

La resiliencia es la capacidad nata de todo ser humano de afrontar cualquier adversidad con el fin de poseer y alcanzar un alto nivel de bienestar, y todos nacemos con ese potencial, pero hay que cultivarla –señala el doctor Dagoberto Flores (IIID)– por lo que es necesario trabajar en ocho pasos básicos:

Afrontamiento: transitar por situaciones adversas en las variadas etapas de nuestra vida nos lleva a buscar soluciones que nos prepararán para nuevos retos.

Autoestima: aceptarnos tal y como somos, entendiendo que somos seres falibles, pero en continua construcción y en cambio continuo.

Conciencia: el 70% de lo que vivimos es percepción, interpretamos y reaccionamos a la realidad según el cristal con el que miramos; sin embargo, un análisis más objetivo y conectado con nuestras emociones, nos permitirá tener reacciones mucho más amables con nosotros mismos y con el entorno.

Responsabilidad de nuestras conductas: enfrentar las consecuencias de nuestros actos, entendiendo que todos somos falibles, que el error es parte del aprendizaje, y que podemos “reparar” algún daño cometido.

Esperanza y optimismo: al enfrentar un problema los seres humanos podemos centrarnos exclusivamente en lo negativo y vivir con mucha angustia, o bien buscar opciones creativas teniendo la convicción de que se hará todo lo posible para solucionarlo.

Sociabilidad inteligente: somos sociales por naturaleza y elegir rodearse de gente positiva imprime tranquilidad y aleja el sentimiento de aislamiento y derrota.

Tolerancia a la frustración: una persona que sabe abandonar un camino infructuoso para lograr sus metas, es más feliz que quien se aferra a una sola vía.

 

3.- Acariciar

Martha Cristo, precursora del programa Madre Canguro, del Hospital San Ignacio de Bogotá, demostró que los niños prematuros que eran acariciados y cargados por sus madres, sobrevivían más que los que permanecían en una incubadora.

“Otorgar o recibir caricias desencadena reacciones químicas como la oxitocina, la hormona del amor que genera sensación de placer y apego, así como endorfinas equiparables a la morfina por su poder de aliviar el dolor, pero sin efectos secundarios”, afirma Alejandra López, del Instituto de Ia Felicidad.

4.- Cuidar la salud

La psicóloga Claudia Juárez (de Transforma tu estrés) considera que el ejercicio oxigena nuestro cerebro y disminuye los niveles de cortisol, hormona generada por el estrés. Además, incrementa los niveles de serotonina que regula el estado de ánimo, así como de oxitocina y endorfinas, generándose un torrente de sustancias que nos dan bienestar.

Este efecto se potencializa si se agrega una alimentación sana, hidratación adecuada y sueño reparador, afirma Alejandra López. “Sin un buen descanso, difícilmente se pueden alcanzar niveles adecuados de bienestar”, comenta.

5.- Tener relaciones afectivas familiares o de amistades.

Un estudio realizado entre más de 700 voluntarios de la Universidad de Harvard a lo largo de 80 años, demostró que gran parte de la felicidad proviene de la construcción de relaciones humanas saludables. “Estamos cableados para obtener felicidad con nuestra red familiar y de amigos, y la aceptación por parte del grupo es una de las causas”, agrega Alejandra López.

“Mirar a los ojos, tener una charla constructiva, abrazar y reír desencadenan una ola de sustancias químicas que generan placer como la oxitocina, dopamina y las endorfinas”, puntualiza Claudia Juárez, quien añade que reír es tan beneficioso que se ha desarrollado la risoterapia para aliviar el estrés y el dolor. Y la liberación de oxitocina durante una relación sexual placentera y con afecto genera apego y fidelidad.

6.- La meditación

“La meditación, entendida como las estrategias de regulación emocional y de atención desarrolladas es un importante precursor de bienestar y tranquilidad”, explica Alejandra López. El neuropsicólogo Richard Davison, director del Laboratory for Affective Neuroscience de la Universidad de Wisconsin, halló niveles sin precedentes de felicidad entre personas que practicaban meditación, pues ésta incide en tres zonas en el cerebro: “La corteza prefrontal, por lo que ayuda al control de impulsos; la ínsula, por lo que desarrollamos sensibilidad y la empatía hacia nuestras emociones y las de los demás; y la corteza singlada, incrementando nuestra capacidad de prestar atención y autoconciencia”.

Asimismo demostró que crea nuevos circuitos neuronales similares a los formados durante el aprendizaje del lenguaje. “La meditación es tan efectiva que se utiliza para el tratamiento de depresión o angustia”, agrega el doctor Hugo Sánchez, del SINA.

 

7.- La música

“Escucharla involucra la participación de numerosas estructuras cerebrales relacionadas con la motivación, la emoción, el pensamiento, la atención y el aprendizaje, por eso estimula recuerdos y, si nos agrada, mejora de manera inmediata el estado de ánimo”, indica Claudia Juárez, de Transforma tu estrés, quien añade que la musicoterapia actualmente se utiliza para atender problemas emocionales y neurológicos como Parkinson y Alzheimer.

Si además se canta, se liberan emociones (agresividad, miedo, tristeza, etc.) y se exterioriza la alegría vaciando nuestra mente para llenarla con pensamientos constructivos, completa Alejandra López.

 

8.- Ser agradecido y bondadoso

Un estudio realizado en la Universidad de Pensilvania demostró que anotar diariamente tres cosas por las que se debe de estar agradecido aumenta tus niveles de felicidad. “Reconocer lo bueno que se tiene y se ha logrado nos otorga confianza, tranquilidad y fuerza para seguir trabajando por lo que se quiere, al tiempo que se disfruta el camino”, recuerda Alejandra López. Complementa que saber ser agradecido y generoso también implica saber que tenemos cosas buenas y útiles para ayudar a otros.

Recientes estudios demuestran que el ser humano posee tendencia a la bondad, la generosidad, la gratitud, claves para su supervivencia: en la Universidad de Berkeley hallaron que el nervio vago (que se origina en la parte superior de la médula espinal y estimula el corazón, los pulmones, el hígado y los órganos digestivos) se activa con las actitudes bondadosas y empáticas, produciendo una sensación de bienestar generalizado que incluso regula el ritmo cardiaco.

Nancy Eisenberg, de la Universidad Estatal de Arizona, también encontró que los niños con alta actividad del nervio vago son más cooperativos y dispuestos a dar; Martin Melchers, de la Universidad de Bonn y Elisabeth Hahn de la Universidad de Saarland, demostraron que los seres humanos somos empáticos por naturaleza; 52% depende de nuestra herencia genética y 28% del ambiente y las experiencias de aprendizaje.

 

9.- La espiritualidad

Claudia Juárez y Alejandra López coinciden en que las personas espirituales tienden a ser más felices pues algunas religiones promueven la bondad, la empatía, la tranquilidad, el control de impulsos, en algunos casos la meditación y un estilo de vida sano. Los rituales permiten conectar con los demás, cerrar o abrir ciclos y otorgan sentido a nuestra vida. Además ponen en contacto a personas que trabajan juntas por un bien común y comunal, otorgando un sentido de unidad y de pertenencia. El problema, aclaran, ocurre cuando los líderes utilizan o tergiversan todo en su beneficio.

 

10.- Empleo, aprendizaje y ocio

Adquirir nuevos conocimientos, según Alejandra López, nos brinda felicidad y sabiduría, lo que incrementa nuestro potencial con la seguridad de lograr nuestras metas. El trabajo nos hace sentir útiles al mismo tiempo que nos otorga remuneración económica. Pero el bienestar será mayor si nos preparamos y trabajamos en áreas que nos gustan y satisfacen.

El esparcimiento, la buena comida, el juego o los momentos de descanso y ocio nos permiten vaciar nuestra mente para abrirla y estar receptivos para nuevos aprendizajes, desarrollando nuestra creatividad y concentración.

Nuestros especialistas convergen en que, si bien no hay recetas y tampoco es indispensable cumplir todos los pasos para lograr la felicidad, este tipo de aprendizajes en general debe de iniciar desde el hogar.

“Hay que enseñarle a los hijos a construirse y reinventarse. Cada tres meses los seres humanos cambian: esto significa que si hoy no se tiene una habilidad, mañana, con trabajo, sí se puede adquirir. Nuestro cerebro ha demostrado tener una capacidad adaptativa continua”, concluye el doctor Dagoberto Flores, del IID.

Enemigos de la felicidad

Búsqueda de poder a través de sometimiento. Quitar a otros lo que es suyo impide el desarrollo de habilidades para conseguir las cosas por uno mismo y una insatisfacción constante.

Dar a los hijos todo lo que piden. Esto genera la idea de que requieren de otros para ser felices y evita la puesta en marcha de sus propias habilidades y recursos.

Vivir en ciudades hacinadas y contaminadas. La falta de sol puede generar depresión; el hacinamiento es precursor de la violencia, y la contaminación del estrés oxidativo del cuerpo que deteriora la salud.

Buscar el placer inmediato. El sexo, las compras, la comida, algún tipo de drogas un regalo aumentará los picos de felicidad, que caerán con la misma fuerza por un mecanismo denominado adaptación hedónica.

Ansiedad y estrés. Generan la secreción de cortisol, hormona que nos prepara para enfrentar una “posible amenaza”, pero por tiempo prolongado altera el sistema inmunológico y la función de la amígdala cerebral afectando la capacidad de análisis y planeación, llevándonos a conductas erráticas.

Mirar mucho tiempo el televisor o el celular. La programación televisiva y las redes sociales son espejismos de la realidad que nos presentan un mundo inalcanzable y nos aíslan de las relaciones humanas reales.

Comparaciones. Cuando nos medimos con aquellos que admiramos, olvidamos que cada quien tiene su propio camino, y que el éxito no otorga felicidad, sino que la felicidad otorga el éxito.

Buscar la aprobación de los demás. Ocasiona un gasto de energía en lugar de emplearla atendiendo nuestros propios y verdaderos deseos con la consiguiente insatisfacción.

El perfeccionismo. Los errores y la espera forman parte del aprendizaje y el ser intolerante a ambos genera frustración, limita nuestra creatividad y la posibilidad de encontrar nuevos caminos y placeres en la vida.

Los resentimientos. Nos anclan al pasado y al dolor, y conservarlos requiere de energía en lugar de emplearla para ser feliz en el presente.

 

Caricias de un extraño

Las caricias placenteras y agradables también generan placer, aunque provengan de un extraño. Así lo demostró un estudio realizado en la Universidad de Gotemburgo, en Suecia, donde a través de una resonancia magnética se monitoreó el flujo sanguíneo de voluntarios a quienes se les acariciaba con un cepillo suave al tiempo que se les pasaban imágenes de un extraño. La mayoría sintió placer.

 

 

Alumnos y cerditos felices

La Universidad de Nottingham, en Reino Unido, desarrolló una curiosa terapia para librar a sus estudiantes del estrés: una sala para que pudiesen acariciar, alimentar y cuidad a cerditos bebés. En consecuencia, 95% de los estudiantes elevó sus calificaciones.

 

 

 

Principio de Shakespeare

En el campo de concentración de Dahoa, Alemania, los nazis demostraron que una persona sana puede morir en pocas horas si es aislada de otros seres humanos y no recibe ningún tipo de estímulo. Para demostrarlo metían a presos en cuartos oscuros donde no podía ver ni sentir nada, y a pesar de que se le alimentaba las personas morían en horas o pocos días.

 

Cerebro feliz

Investigadores de la Universidad de Kioto, Japón, comprobaron a través de resonancias magnéticas y encuestas que las personas felices tienen mayor cantidad de materia gris en el precúneo, una región del lóbulo prefrontal superior del cerebro que se activa al experimentar lo que nos ocurre de forma consciente. La meditación es una forma para potenciarlo.

 

 

Bacterias y parto

“Recientes estudios muestran que los niños que nacen por parto natural tienen una tendencia a sufrir menos episodios de ansiedad y estrés, y esto se debe a las bacterias adquiridas durante el parto, que son distintas a las adquiridas durante la cesárea”, según Hugo Sánchez, de la Facultad de Psicología de la UNAM.

 

 

 

Felicidad en porcentajes

Estudios realizados en la Universidad de California muestran que la felicidad está determinada en un 50% por cuestiones genéticas, 10% por las circunstancias que se viven y 40% por las decisiones.

 

Generaciones deprimidas

“Los millennials y la generación Z son más propensos a la depresión que las generaciones de la postguerra pues son más intolerantes a la frustración y viven en un mundo que les exige estilos de vida inalcanzables y hedonistas, por lo que el individualismo y el aislamiento son su constante. Las generaciones de la postguerra se vieron obligadas a trabajar en conjunto, a utilizar su creatividad y compartir recursos para la reconstrucción”: Dagoberto Flores (IIID).

 

El poder de una mascota

“Las personas que tienen mascotas y las cuidan desarrollan mayor empatía y facilidad para expresar emociones y entender a los otros. El cuidado de las plantas también genera emociones positivas”, señala Alejandra López.

 

 

Notas de bienestar

“La musicoterapia se comenzó a utilizar tras la Segunda Guerra Mundial para atender a excombatientes con daños neurológicos y emocionales. Luego en la década de los sesenta el neurólogo Oliver Sacks demostró el poder de recuperación de pacientes con Parkinson profundo tras escuchar música, experiencia relatada en su libro Musicophilia. También se han visto beneficios en personas aquejadas por Alzheimer”, menciona Claudia Juárez).

 

 

 

 

(Por Mariana Chávez Rodriguez)