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Octavio Paz de Carne y Hueso

 

En diciembre de 1979 en la portada de Contenido apareció ni más ni menos que el poeta Octavio Paz. Se trató de una semblanza donde el intelectual platica su niñez, su adolescencia, recuerda algunos episodios de nuestro país y al final responde a 10 preguntas punzantes, entre ellas, ¿Cómo se podría eliminar la corrupción en México? ¿Tiene México la clase de gobierno que se merece? ¿Qué opina sobre los intelectuales de izquierda mexicanos? ¿Qué opina sobre los intelectuales de derecha mexicanos?

Eran finales de la década de los setenta y por entonces el poeta ya era una especie de ídolo popular, refiere Armando Ayala Anguiano, fundador y director de nuestra revista. ¿Qué lo convertía en todo un personaje? ”Es un poeta que no acepta dogmas ni tutores, que hace autopsias de todas las ideologías en boga, que se niega a permitir que una cause esté por encima de la verdad, y que con frecuencia mete los dedos en las llagas de México”.

Sin llegar a ser un retrato literario a la manera de Javier Marías, Armando Ayala realiza un retrato periodístico, una semblanza de este mexicano universal. El periodista no sólo hace la entrevista de rigor sino que recorre con él las calles de Mixcoac, el antiguo pueblo donde nació el poeta, hoy convertido en un barrio de la Ciudad de México, y encontró muy poco de aquellos escenarios: el portal frente a la plaza, cobijo de los juegos infantiles del niño Octavio, había sido derruido para levantar un estacionamiento, un edificio entorpecía la vista de las callejuelas, y la antigua calma había sido sustituida por el estruendo de los automóviles y camiones.

Entre recuerdos y recuentos de cosas idas, el poeta y el periodista fueron tejiendo la infancia y adolescencia en Mixcoac que transcurrió entre ilustres antepasados, su abuelo Irineo Paz –general, dramaturgo, licenciado y periodistas– y su padre Octavio Paz –licenciado, secretario de Emiliano Zapata y revolucionario–. Por supuesto que no faltó la anécdota de cómo Octavio Paz recibió sus primeras lecciones de política al escuchar las discusiones en que solían enfrascarse el padre y el abuelo.

Uno de los episodios más recordados es la matanza del 2 de octubre, este hecho sobrecogió a Octavio Paz quien se debatía entre seguir sirviendo a un gobierno que hacía tal larde de fuerza bruta o renunciar. Finalmente optó por la renuncia pero no sin tomar venganza de poeta, así que cuando el Comité Organizador del Programa Cultural de la Olimpiada en México le pidió un poema para “celebrar el espíritu olímpico”, Paz no dudó en escribir este poema que sacude la limpidez de una página en blanco.