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La ciencia de los viajes en el tiempo

Los viajes en el tiempo son un enigma que ha inquietado desde siempre  al ser humano y que la ciencia retoma como objeto de estudio.

Los viajes en el tiempo nos intrigan por el abanico de posibilidades que podrían ofrecernos: corregir errores, alterar decisiones que nos trajeron dolor, recuperar a seres queridos que ya no están con nosotros. Pero lo que podría parecer un interés surgido por miedo existencial y angustia por lo desconocido, también es un tema que ha sido abordado por la ciencia desde hace décadas y que se estudia meticulosamente hasta el día de hoy.

¿Es posible el viaje?

Teóricamente sí. De hecho, todos viajamos en el tiempo permanentemente. Cada minuto que pasa, es un minuto que viajamos al futuro, por ejemplo. De las 12:05 am a las 12:10 am viajamos cinco minutos al futuro, a una velocidad de un minuto por minuto. No es común medir el tiempo de esta manera, como una cuarta dimensión.

Sabemos que los seres humanos nos desplazamos por tres dimensiones: anchura, longitud y profundidad. Pero también lo hacemos por una cuarta: el tiempo. Un viaje en automóvil a Cuernavaca, por ejemplo, se hace por una carretera que da vueltas y sube y baja colinas (las tres dimensiones), pero el auto también se mueve en el tiempo, tarda aproximadamente una hora en concretar el recorrido, así que viaja alrededor de una hora al futuro. Este es un tipo de viaje en el tiempo que siempre hacemos.

¿Pero sería posible desplazarnos por esa cuarta dimensión de una forma menos restringida? ¿Horas o años al pasado o al futuro? Teóricamente sí. La ciencia ha determinado que los viajes en el tiempo son un prospecto realista desde hace más de 100 años y todo fue gracias a Albert Einstein y su teoría de la relatividad. En ella, el físico alemán determinó que el tiempo transcurre a velocidades distintas cuando los objetos están en movimiento o cuando los afecta la gravedad.

Esto se traduce, básicamente, en que un objeto que se mueve envejece menos que uno que no lo hace. En la vida diaria (si salimos a caminar a la calle, mientras alguien se queda estático en un sillón), la persona que camina envejece menos rápido que la que se queda sentada. La diferencia es minúscula y puede medirse en cantidades tan diminutas como los femtosegundos (1 fs= 0.000000000000001 s), pero si pudiéramos subirnos a una nave espacial que viajara a una velocidad cercana a la velocidad de la luz (casi 300,000 km/s), la diferencia sería más apreciable.

“Tranquilamente podría ser que tú te vas un año en tu nave y en la Tierra pasen 10,000 o 20,000, incluso más”, explica Sergio de Régules, físico, escritor y divulgador de la ciencia. “El universo sí está armado de tal manera que permite, por lo menos, el viaje al futuro. Lo único que tienes que hacer es moverte, básicamente”.

Este efecto puede ser medido en los satélites de GPS que orbitan la Tierra; cuentan con relojes muy exactos que avanzan un poco más rápido que los relojes que hay en la superficie para compensar los microsegundos que pierden al moverse a miles de kilómetros por hora alrededor del planeta.

El mismo efecto tiene la gravedad. Si nos acercáramos a un agujero negro, de manera que nos afecte su inmensa fuerza gravitacional, el tiempo pasaría más lentamente respecto a alguien fuera del alcance del agujero. Este fenómeno quedó retratado perfectamente en la película Interestelar; en ella, unos cuantos minutos en la superficie de un planeta que orbita un hoyo negro equivalen a décadas en la Tierra.

Así que el viaje al futuro es una posibilidad, aunque se requeriría de naves espaciales que alcancen velocidades inmensas y que puedan generar la energía suficiente para lograrlo.

Cronofiestas

Desde hace décadas científicos y aficionados a la ciencia ficción han ideado eventos para comprobar que existen los viajes en el tiempo, sin éxito hasta el momento. Organizan fiestas para viajeros en el tiempo. ¿Cómo? Envían las invitaciones una vez que la fiesta ya ha terminado, para que así sólo puedan atenderla aquéllos que tienen una máquina que les permita viajar al pasado a la hora de la fiesta.

¿Se puede viajar al pasado?

Sí, pero puede que no, opinan los científicos. Hay hipótesis que surgen constantemente que abordan la física de los viajes al pasado, pero científicos de la especialidad de Stephen Hawking dicen que esto resulta imposible.

El problema de volver al pasado se debe, en gran medida, a la posibilidad de que aparezcan paradojas de tiempo: contradicciones lógicas generadas por un viaje en el tiempo.

Nuestro universo está regido por una ley de causalidad (o causa-efecto). Toda acción tiene un origen, o causa. Las paradojas de tiempo son eventos cuya causalidad no queda clara por viajes en el tiempo.

La más famosa es la “Paradoja del abuelo”, que dice que si un cronoviajero (viajero en el tiempo) regresa al pasado y asesina a su abuelo, evitaría su nacimiento y por lo tanto no podría viajar al pasado para asesinar a su abuelo, lo que provocaría que sí naciera y entonces regresaría al pasado para asesinar a su abuelo… así infinitas veces. Son ciclos interminables que aparecen continuamente en películas como 12 monos o Looper y que hacen muy complejo el viaje al pasado.

Científicos han elaborado teorías que eliminan las paradojas de los viajes al pasado, pero hasta el momento éstas continúan como el argumento fundamental que derriba la posibilidad de hacerlo. ¿Pero si no existieran? ¿Cómo lo lograríamos?

“Tienes que recurrir a ideas un poco más complejas para pensar en una posibilidad remota”, explica Sergio de Régules.

Una posibilidad en física serían los agujeros de gusano, por ejemplo: “una especie de túneles en el espacio-tiempo; si tienes la entrada de uno en tu oficina, por ejemplo, te metes en el agujero de gusano e inmediatamente sales en otro lugar y en otro tiempo”, dice el también autor de El universo en un calcetín.

Los agujeros de gusano existen en la teoría de Einstein, pero nunca se ha observado uno que pueda funcionar para viajar en el tiempo, ni se sabe cómo podrían formarse.

Existe una teoría mexicana, elaborada por Miguel Alcubierre, físico de la UNAM, quien elaboró una fórmula matemática que permitiría rebasar la velocidad de la luz, lo que nos llevaría al pasado. Alcubierre desarrolló su teoría mientras veía un capítulo de la serie televisiva Star Trek, por ello su teoría es conocida como la “Alcubierre Warp Drive”, que hace referencia a la velocidad a la que viajaban en la serie.

El problema, explica De Régules, es que tampoco es posible poner a prueba estas teorías de viaje al pasado, pues se necesitarían niveles inmensos de energía y tecnología con la que no contamos actualmente. Todo parece indicar que llegar al pasado está aún más fuera de nuestro alcance que el futuro, a menos que sea por medio de los recuerdos.

 

Taquiones

Desde los años sesenta se conocen partículas hipotéticas que superan la velocidad de la luz, algo considerado imposible, según la teoría de la relatividad de Einstein, y ellas serían la clave para viajar al pasado. Estas partículas se llaman taquiones y se han llevado a cabo experimentos para determinar si son reales, pero hasta el momento no hay evidencia suficiente para asegurarlo. Han aparecido en múltiples ocasiones en obras de ciencia ficción, escrita y audiovisual, como Watchmen, Dune y Star Trek.

 

¿Para cuándo?

La ciencia puede avanzar a pasos agigantados, por lo que es difícil estar seguros de si podremos viajar en el tiempo algún día. No obstante, el también colaborador de la revista ¿Cómo ves?, de la UNAM se muestra optimista: “Sospecho que si le damos el tiempo suficiente, posiblemente sí lo lograremos, llegará ese día”. Esa ventana de tiempo podría reducirse drásticamente si se hace algún descubrimiento revolucionario, como sucede constantemente en el mundo de la ciencia.

Los científicos andan muy atareados tratando de comprobar la existencia de cierta extraña partícula infinitamente pequeña y eléctricamente neutra de la que sospechan sería el componente básico del tiempo: el cronón. Su control y manipulación llevaría a avances inimaginables, entre ellos viajar en el tiempo (ver: La fantástica promesa de los cronones, Contenido, Feb. 1995).

Mientras tanto, físicos alrededor del mundo buscan la manera de hacer de los viajes en el tiempo una realidad y los cronoviajeros pueden satisfacer sus deseos de turismo temporal con las incontables obras de ciencia ficción interesadas en el tema.

 

El cine y los viajes en el tiempo

La ficción siempre ha estado obsesionada con los viajes en el tiempo. Estas son algunas de las películas más recomendables que abordan el tema, una para cada gusto.

La realista: Interestelar (2014)

La ciencia que aparece en la película se apega mucho a la teoría de la relatividad de Einstein. De hecho, Kip Thorne, un físico teórico especialista en el tema, fungió como consultor de Christopher y Jonathan Nolan para mantener la parte científica lo más realista posible.

 

La melancólica: Medianoche en París (2011)

Gil Pender, un escritor estadounidense, visita a los artistas de la vanguardia en el París de los años veinte. La película es una oda a los gigantes del arte que inspiraron a su director, Woody Allen; resulta casi imposible no sumergirse en su atmósfera melancólica, en la que el viaje en el tiempo se da casi por casualidad.

 

La oscura: Looper (2012)

Este thriller fue bien recibido en su estreno y su director, Rian Johnson, filmará la próxima entrega de Star Wars. El largometraje se sitúa en un futuro distópico en el que el viaje en el tiempo es utilizado por la mafia para deshacerse de sus rivales indeseables.

 

La independiente: Primer (2004)

Con un presupuesto diminuto, Shane Carruth, matemático de formación, escribió, dirigió, produjo, protagonizó, editó y compuso la banda sonora de este éxito indie. Es una película muy densa, pues Carruth se propuso mostrar el proceso de descubrimiento científico de la manera más realista posible, pero puede ser gratificante para los que no tengan problema con invertir 77 minutos de su vida intentando descifrar qué está pasando en la pantalla.

 

La experimental: La Jetée (1962)

Esta joya de la cinematografía (o fotonovela, como la definía su director) nos sitúa en un París post-apocalíptico en la que un hombre es enviado al pasado y al futuro para salvar a la humanidad. La historia, de 28 minutos, es contada por un narrador omnisciente, por medio de fotografías, y ha influido a incontables directores, como Terry Gilliam.

 

(Por Gabriel Gallardo)

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