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Cómo es el cerebro del celoso

 

Considerados uno de los principales enemigos del amor, los celos en los seres humanos son un instinto que nace de la necesidad de preservar los genes y que tiene más implicaciones cerebrales de lo que uno pensaría. La ciencia analiza la química de los celos.

 

Por: Mario Ostos

Foto: OkDiario

Jorge no tiene una vida sentimental fácil. En el pasado, fue blanco de constantes infidelidades por parte de una ex pareja con la que duró varios años. Mientras la mayoría de su familia creía que se casaría con ella, él, en cambio, notaba con desánimo como “las escapadas” de su novia eran más constantes y la falta de tiempo juntos sólo hacía más difícil la situación.

Jay, como le dicen sus amigos, no se consideraba una persona celosa, pero como el doctor en neurofisiología Jaime Eduardo Calixto González explica a Contenido: “Todas las personas experimentamos celos en diferentes niveles, sólo que no somos conscientes de ello”.

Los celos duelen, desde luego. Pero esa situación encierra una problemática mucho más compleja que eso, que nos hace preguntar ¿qué ocurre en nuestro cerebro cuando los experimentamos? Al igual que en el amor –dice el también médico cirujano por la UNAM–, un puñado de sustancias químicas hacen que nuestro cuerpo se prepare “como si fuera a ser atacado”.

El origen de los celos

Los expertos consideran que la raíz de los celos “normales” que presenta cualquier persona se encuentra en el instinto de posesión, una dotación genética que desde el principio el humano necesitó para sobrevivir y reproducirse en un medio hostil: posesión de un territorio, de un refugio, de una reserva de alimentos e, inclusive, de otros humanos, subordinados, con los cuales organizar la defensa y expansión de la tribu.

Fuente: Celoso: he aquí tu drama, Contenido, Jun. 1988.

¿Qué son los celos?

Para entender la forma en que nuestras neuronas celosas se comportan, es necesario comenzar con lo básico, su definición. Los celos, coinciden los especialistas Eduardo Calixto y Danae Landeros, de la Universidad Panamericana, son una manifestación de desagrado por situaciones personales al tiempo que son una exigencia de tener la atención de la pareja […], es la construcción de un delirio que, en ocasiones, supera el nivel de las ideas y lleva a la acción de conductas compulsivas”.

Pero no sólo se le relaciona con hechos entre parejas. También puede estar conectado a la aspiración de posesión o éxito, características o propiedades de otra persona, de tal forma que puede ser asociado a la envidia.

Las anteriores definiciones son las generales; pero ya entrando en el detalle los celos se componen de dos instancias, principalmente: la primera es cierta predisposición genética que puede presentar el individuo debido a un mal funcionamiento en una región cerebral conocida como giro del cíngulo, encargada de la lectura conductual de las personas que nos rodean, y la segunda es la construcción social que se tiene respecto de los celos, la necesidad de atención y en cómo encajamos culturalmente.

Foto: HeyHeyHello!

 El giro del cíngulo es la parte del cerebro encargada de leer la conducta de las personas que nos rodean; cuando somos niños y recibimos emociones negativas, es probable que el resto de nuestra vida reproduzcamos la violencia, ira y otros impulsos.

 

Ellos, los más celosos

Algunos estudios y especialistas coinciden en que el ser humano es celoso por naturaleza. Sin distinciones de sexo, hombres y mujeres por igual tienen conductas posesivas en relación a su pareja. Sin embargo, Calixto, jefe de Neurobiología del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente, expone que los hombres son los más celosos y tienen una mayor tendencia a la celotipia (enfermedad de los celos).

Desde su punto de vista, lo que ocurre es que los varones terminan de formar su cerebro entre los 25 y 27 años, en promedio, frente al de las mujeres, que culmina su desarrollo entre los 20 y 22 años. Por lo tanto, “ellas tienen una mayor capacidad de organización cerebral para la interpretación y más salidas para sus conductas de celos”.

Volvamos a la historia inicial de Jorge. En su caso, lo que detonó todo fueron “los amiguitos” de su ex pareja, personajes que empezaban a formar parte de la vida de ésta de forma intermitente. “Comencé a ‘hacerme películas’ de lo que pasaba cuando ella no estaba –relata–, lo que empeoró cuando me ocultaba las cosas y al darme cuenta de sus constantes ausencias”.

Existen diferencias por género entre lo que celamos. Calixto González asegura que “los hombres tienen más celos respecto de la posible actividad sexual […], porque desde un punto de vista genético, en general preferimos no cuidar genes que no son nuestros; en las mujeres, en cambio, el celo se relaciona más con compartir tiempos y atención a la relación, hay un temor más fuerte de que la pareja construya una mejor relación con alguien más a que tenga sexo con esa persona”.

Esta presunta diferencia se refuerza con algunos estudios. En uno de ellos, elaborado en 2016 por la Universidad de Chapman en Orange, California, en el que fueron encuestados poco más de 64,000 estudiantes, “los hombres de las parejas heterosexuales mostraron mayor molestia por la infidelidad sexual que las mujeres”, dijo el doctor David Frederick, a cargo del estudio. “Las mujeres tienen más probabilidades de estar molestas por la infidelidad emocional”, afirmó.

La investigación se realizó desde 2007 y culminó en 2015. Fueron considerados adultos entre 18 y 65 años, aunque la mayoría se encontraba en sus 30. Los resultados arrojaron que cerca de 60% de los varones encontró como situación que más celos le causaba, la infidelidad sexual, mientras que las mujeres temen más a perder a su pareja emocionalmente.

 

 Existen los celos conscientes y objetivos, que pueden ayudar a que la atención se fije y entender por qué no queremos perder a nuestra pareja y así ayudarnos a conservarla.

 

Celos y celotipia

Si bien puede ser cierto, como afirman los expertos, que en determinado momento de nuestras vidas todos hemos experimentado celos, también es verdad que los niveles en los que celamos suelen ser muy variados. Y en su fase intensa no hay que perder de vista que éstos se pueden convertir en un problema grave si llegan a la celotipia, lo que se conoce como celos patológicos.

“Los celos se convierten en un problema cuando nos genera ansiedad, cuando inciden psicológicamente sobre nuestro andar cotidiano –explica el doctor Eduardo Calixto. Un celoso crea historias y está obligado a saber si son o no ciertas […] cuando ocupamos más de un 30% de nuestra vida para evidenciar que tenemos razón respecto al otro, cuando la ansiedad no nos deja vivir en paz, ya tenemos problemas”. Aclara sin embargo que estar “en problemas” no es necesariamente haber alcanzado la celotipia.

La diferencia la hallamos en los niveles patológicos. Los celotípicos son incapaces de ser felices o de estar tranquilos hasta no demostrar que siempre tienen la razón; la celotipia abraza al individuo “e incluso, como Otelo [el personaje de la tragedia de Shakespeare], lo impulsa a atentar contra la vida”, dice Calixto.

Hay que aclarar que los niveles de ansiedad de un celoso pueden llegar a la celotipia por factores exteriores a los biológicos o culturales. Existen en la sociedad potenciadores de los celos por fármacos, por alcohol o drogas que aceleran el proceso y pueden llevar a un celoso a la enfermedad.

La colotipia o delirio celotípico, está vinculada al desequilibrio de la corteza frontal del cerebro. Científicos italianos de la Universidad de Pisa descubrieron que esa región cerebral, encargada de controlar procesos afectivos y cognitivos, puede sufrir alteraciones que exacerben los celos de las personas. Eso lo veremos más adelante, pero antes volvamos al caso de Jay.

Nuestro entrevistado trató de hacerle frente a la situación de diversas maneras, pero la falta de respuestas satisfactorias de su expareja lo llevó a dar por terminada la relación, de la manera más sana posible. “Ya no confiábamos el uno en el otro, y lo mejor fue terminar”, cuenta. Pero los problemas de Jorge no terminaron ahí. Inició una nueva relación, pero se confiesa preocupado y con un sentimiento de inseguridad constante, ha recibido ayuda profesional y está tratando de salir adelante. La nueva pareja trata de apoyarlo a cada paso, ella entiende que la inseguridad viene del pasado y que el cerebro de Jorge le está jugando una mala pasada.

Foto: Blog Horóscopos

Tres tipos de celos

Los normales o competitivos que son más parecidos a la envidia, que experimenta el perdidoso en cualquier competencia, ya sea por un trofeo deportivo, un ascenso laboral o el amor de una mujer.

Los proyectados que a menudo sufren los infieles quienes a menudo desean que su parejas los traicionen para liberarse de la “cruda moral” que les causan sus propias aventura galantes.

Los delirantes una obsesión que se clava en el cerebro y que resulta difícil de erradicar.

 

Cuando tu cerebro te engaña

El proceso de los celos es muy complejo y va de lo anatómico a lo neurológico, aclara la maestra Danae Landeros, de la Universidad Panamericana. Desde el punto de vista biológico, los celos son una reacción de alerta mediada neurológicamente por una serie de neurotransmisores que actúan sobre algunas zonas del cerebro, pero que terminan afectando a todos los órganos del cuerpo.

Estas partes del cerebro, responsables de las reacciones celotípicas, se encuentran por debajo de la corteza cerebral; eso explica, de entrada, por qué muchas veces son irracionales. El hipotálamo que se conecta con la amígdala, el hipocampo y los ganglios basales son la base de los recuerdos, las emociones y las percepciones. Cuando estas estructuras se conectan en forma dinámica, constituyen el sistema límbico –expone Landeros García–, también responsable del deseo, el enojo y la ira, tres componentes relacionados directamente con el enamoramiento, el odio y los celos. En otras palabras, el amor profundo y los celos residen en las mismas estructuras.

Cuando el sistema límbico se activa y reúne los elementos antes mencionados, envía todo para ser interpretado por el giro del cíngulo, y éste lo detecta y decreta como amenazante. Tal estructura se encarga de producir un efecto de “somatización en el resto del cuerpo y por lo tanto una persona que es celosa tiene consecuencias o dolores en el resto de su organismo como palpitaciones o problemas gastrointestinales”, explica Jaime Eduardo. Es así que las personas comienzan el proceso de celar al otro.

Cuando alguien dice que “le rompieron el corazón”, en realidad lo que hicieron fue activarle el giro del cíngulo, encargado de (mal)interpretar lo que el sistema límbico envía.

 

Desde el punto de vista neuroquímico, los niveles de adrenalina aumentan, se sobredimensiona la atención y se disparan los niveles de dopamina. En consecuencia, la serotonina desciende gradualmente y entonces “se tiende a la depresión, los afectados sienten que no tienen motivación”, dice el doctor Calixto. Por ello no es de extrañar que una persona cansada físicamente pierda el sueño pues su sistema está sobreactivado.

Finalmente, aparece otra sustancia que tiende a incrementarse: el cortisol, una hormona que se relaciona con el estrés y dispara los niveles de glucosa, preparando al cerebro para el sobreconsumo de dopamina.

Una vez que se desata este proceso –el cual se puede llevar a cabo en pocos minutos–, el celoso tiene una manifestación física en forma de hambre o por el contrario pérdida de apetito, pues preocupado por el resto de las sustancias que se incrementan o hacen falta en su sistema, aparece una más llamada norexina, hormona que en situaciones normales regula la necesidad de comer.

Cuando el individuo se encuentra en esa situación cambia conductas, crea o malinterpreta la información que recibe y opera con ciertas partes del cerebro que no son las que en condiciones normales utiliza para reaccionar, es decir, la parte más inteligente del cerebro, el sistema prefrontal.

En pocas palabras, cuando una persona está celosa pierde la congruencia, le cuesta ser objetiva y analítica.

 

Se prenden las alarmas

Así, cuando el sistema límbico toma el control, se vuelve dominante la parte menos evolucionada de nuestro sistema nervioso, la conocida como reptiliana. “Es un cerebro que actúa de forma irracional, sin lógica, por eso una persona celosa, por más pruebas de realidad que tenga sigue creyendo que lo que él piensa es verdad […] debido a que los neurotransmisores no están comportándose normalmente”, expone la psicóloga Landeros.

Cuando la corteza cerebral frontal se deja gobernar por el sistema límbico, empieza el problema, el sistema nervioso está excitado todo el tiempo y basta un estímulo mínimo para que reaccione de manera exagerada e irracional. Es suficiente una imagen, una sensación, un sonido o simplemente los delirios y pensamientos que el individuo ha creado como consecuencia de la poca actividad del cerebro inteligente (el prefrontal).

El experto Eduardo Calixto señala que frente a la realidad objetiva el cerebro del celoso se anticipa y elabora una maqueta no necesariamente verdadera, que no puede confrontarse con la realidad para sacar una conclusión certera. La persona arma su propia historia y no confía en pruebas de realidad válidas que cambien su percepción de la situación, complementa Landeros.

Por su lado, Jorge se hizo paciente luego de que fuera diagnosticado con celotipia después de que con su actual pareja no pudo llevar una relación sin esa inseguridad que su historia pasada le dejó. Su novia no ha dejado que la situación los separara y decidieron buscar ayuda. Una terapeuta los encaminó por el sendero correcto y aunque en este caso los medicamentos no fueron necesarios, toda vez que el tratamiento psicológico fue suficiente para resolver la situación, Jay espera no incurrir en lo que él califica de “sensaciones terribles”. Hoy no niega que cela, pero ha dado con la medida exacta para no quebrantar su relación.

Si bien hay consenso en que los celos no son más poderosos que el amor, sí pueden ser uno de sus rostros. “El amar es una decisión, es aceptar a la persona tal como es, confiar en ella y no cambiarla. Los celos se construyen a expensas de procesamiento que nos pueden llevar a patología, el amor puede ser también patológico, pero los celos se manifiestan en otras experiencias de la vida de manera más negativa”, aclara Calixto González.

Nuestro cerebro tiene la capacidad de crear y expresar conductas celosas; éstas, si son moderadas y adecuada pueden incluso ser motivantes y favorecer la solución a un problema de pareja. Sin embargo, también es sencillo llegar a un extremo, a lo patológico. Conviene estar conscientes de que la celotipia es un trastorno que suele cobrar la disolución del vínculo afectivo. Genera más problemas de los que pretende resolver.

 

Sustancias en el cerebro de un celoso

El circuito neuronal anterior (o cerebro reptiliano) está regulado por una serie de neurotransmisores clave para procesos afectivos como el amor, la ira o los celos.

Dopamina: Se encarga de los enlaces afectivos, si ésta aumenta o disminuye tiene repercusiones anatómicas en el sujeto.

Oxitocina: Conocida como la hormona del apego, también está presente cuando un individuo tiene alguna adicción.

Serotonina: Trabaja de la mano con la dopamina, se encarga de “soportar” los procesos afectivos, su desbalance agudiza los sentimientos negativos del celoso.

Vasopresina y la anandamida: Facilitan las reacciones exageradas del celoso sobre las cuales el control voluntario no es posible.

Noradrenalina: Mantiene alertas los sistemas ante un posible ataque, en el caso del celoso lo vuelve agresivo ante el mínimo estímulo.

 

Las cifras de los celos

*En México 76% de jóvenes con relaciones amorosas de entre 15 y 24 años han sufrido algún episodio de violencia por parte de su pareja.

*De ellos el 41% de los varones ha declarado que es por celos.

*En tanto 46% de las mujeres dijeron sentirse molestas por la misma situación.

Fuente: Estadísticas sobre relaciones de pareja, Conapo.

*La percepción de la población general es que las mujeres son percibidas como más celosas con un 36.5%, mientras que los hombres un 28.7, en tanto 31.5 piensa que ambos son celosos.

*En cuanto a percepción de los celos, 19.0% los encuentra positivos, mientras que 76% los halla negativos, el resto prefirió no contestar

* 63.7 de los encuestados ha tenido conflictos con su pareja por celos, el resto no se ha enfrentado a tal situación.

Fuente: México y los celos, Consulta Mitofsky