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7 grandes suicidios en México

 

Estos personajes de la vida de nuestro país tomaron la difícil decisión de quitarse la vida, orillados cada uno por sus particulares circunstancias.

Lucha Reyes, la tequilera

Fue la única cantante mexicana que actuó en un festival de estrellas organizado para despedir a las tropas estadounidenses que partían a Europa para pelear en la Segunda Guerra Mundial.

Era una cantante que causaba tumultos donde se presentaba, y no sólo triunfó en México sino también realizó algunas giras, por ejemplo a Alemania y España. Incluso fue contratada por la productora de películas Fox. Pese a todos sus éxitos, pudo más su afición por el alcohol y se hizo compañera de parrandas del Dr. Atl (Gerardo Murillo), del cineasta Emilio “Indio” Fernández y de la pareja integrada por Frida Khalo y Diego Rivera.

Su figura se convirtió en leyenda tras su suicidio en su casa de la colonia Álamos. Junto a su cuerpo se encontró un frasco de Nembutal y pese a los esfuerzos de los médicos murió el 26 de junio de 1944. Entre las posibles razones del suicidio se incluye un cáncer de estómago que la cantante llevó secretamente, otros mencionan su depresión y algunos más sostienen que el motivo fue un amor imposible.

Manuel Acuña, enamorado de la muerte

A la distancia, los reproches del escritor Ignacio Manuel Altamirano hacia la hermosa joven delgada, alta y de negros cabellos que respondía al nombre de Rosario de la Peña y Llerena, suenan injustos: “¿Qué ha hecho Rosario? Acuña se suicidó por usted”. Lo cierto es que a medida que los biógrafos e investigadores se acercan más a la trágica vida del poeta coahuilense, originario de Saltillo, parecen exculpar a la chica, que poco tuvo que ver con el fatal desenlace. Se adentran, más bien, en la obsesión por la muerte que había perseguido al bardo.

La mañana en que el poeta Juan de Dios Peza acudió a buscar a su amigo Manuel y lo encontró muerto, ya imaginaba que éste había cumplido este insano deseo. Acuña ingirió una letal dosis de cianuro y dejó la típica nota póstuma: “Lo de menos es entrar en detalles sobre la causa de mi muerte, pero no creo que le importe a ninguno; baste con saber que nadie más que yo mismo es el culpable”. Si bien la tradición popular erigió como culpable a Rosario, sus contemporáneos afirmaban que entre las posibles causas se hallaban el temperamento del poeta afectado por el romanticismo y su fascinación por la muerte.

Pina Pellicer, un encanto de otro mundo

A sus veintitantos años esta actriz mexicana, forjada en el teatro universitario, cautivó por su belleza y talento. No cualquiera logra ser admirada por Alfred Hitchcock, Roberto Gavaldón, Marlon Brandon, Stanley Kubrick y diversos intelectuales de la época.

Sólo alguien como ella podía haber tomado esta determinación, a sus 30 años de edad. Sus allegados todavía no descifran las verdaderas razones que la orillaron al suicidio. En su diario la actriz escribió algunos apuntes que después se divulgaron: “Seres como yo deberían tener la libertad de morir en el momento en que la tristeza empezara a invadirlos porque, los seres como yo, somos seres débiles, incapaces de decirle no a la tristeza, no a la vida”.

Aquellos interesados en su historia pueden encontrar más datos en el libro Pina Pellicer: luz de tristeza (1934-1964). ¿Cómo explicar su determinación? Acaso acudiendo a aquellos héroes del romanticismo que afectados por el famoso spleen (estado de melancolía sin causa aparente o de una angustia vital) decidieron que lo mejor era ser recordados con un final trágico, en el caso de Pina, el suicidio a través de una sobredosis de pastillas.

Pina Pellicer. Foto: Gabriel Figueroa

Francisco Cárdenas: huyendo a su destino

Así como Judas recibió 50 monedas por haber traicionado a Cristo, según la Biblia, este cabo rural michoacano, nacido en el municipio de Sahuayo, recibió 18,000 pesos por matar a Francisco I. Madero y ganó su ascenso como teniente coronel. Se cuenta que en sus correrías en cantinas de Morelia solía presumir la bala con la que había dado muerte al caudillo y durante su vida dio al menos cuatro versiones distintas de la manera en que ocurrió el crimen durante la Decena Trágica.

La fortuna le dio la espalda y tras la caída del régimen huertista, Cárdenas se fue a refugiar a Guatemala, acaso tratando de huir a su destino pero el nuevo gobierno solicitó su extradición. Algunas versiones dicen que estuvo varios años preso en una cárcel mientas que otros afirman que vivió escondido como un arriero. El hecho es que fue aprehendido y pese a que intentó sobornar a sus captores no consiguió escapar. Pese a la vigilancia, finalmente en 1928 se suicidó disparándose en la boca con un arma que traía oculta en una de sus botas.

Pedro Armendáriz y la leyenda

En junio de l963 el recio actor y galán del cine mexicano, Pedro Armendáriz estremeció a todo el país cuando tomó la determinación de quitarse la vida en el Centro Médico de la Universidad de California, institución donde estaba internado cuando se le detectó cáncer de las glándulas linfáticas.

Seguramente el estado depresivo y los intensos dolores que padecía en sus últimos días lo orillaron a tomar esta decisión extrema. Días antes Armendáriz había aceptado someterse a una quimioterapia pero al parecer el diagnóstico que le dieron los médicos, de que sólo le quedaba un año de vida, apresuró su fatídica acción.

El actor se disparó en el pecho con una pistola Colt Magnum calibre .357. El histrión mexicano tenía una colección privada de armas, según dio cuenta la agencia UPI. La leyenda cuenta que 42% del reparto de la película El Conquistador de Mongolia, de John Wayne, una cinta que trata sobre la figura de Ghenkis Khan, había desarrollado algún tipo de cáncer debido a que se filmó durante 13 semanas en un terreno donde se realizaron pruebas nucleares.

Jaime Torres Bodet y un acto de valor

En el sofá de la biblioteca de su casa en Vicente Güemes, Lomas de Virreyes, en la Ciudad de México, se encontró una nota manuscrita donde el poeta y funcionario mexicano explicaba las razones de su decisión: “He llegado a un instante en que no puedo a fuerza de enfermedades, seguir fingiendo que vivo; esperar, día a día, a la muerte; prefiero convocarla y hacerlo a tiempo. No quiero dar molestia ni inspirar lástima a nadie”. Torres Bodet era uno de los intelectuales más notables del país, fue director general de la Unesco, secretario de Educación Pública y secretario de Relaciones Exteriores. El diario El Universal consignó una definición sobre el suicidio que don Jaime había expresado en 1942: “El suicidio es o bien un acto de valor en un momento de cobardía o un acto de cobardía en un momento de valor”.

 

Miroslava: amores que matan

La depresión fue un factor determinante en su vida. Cuando la bellísima checoslovaca abandonó su patria trajo consigo dos cargas pesadísimas, la nostalgia de su tierra y el peso de no volver a ver más a su abuela materna. Un hecho más agravó su pena: a los 12 años se enteró que no era hija del doctor Óscar Stern, e intentó suicidarse un año después.

Pasada la tormenta, empezó a florecer por su belleza, y su presencia en el cine nacional irrumpió con gran estruendo, lo cual demuestran 26 películas filmadas en nueve años.

Su triunfo en la pantalla grande contrastaba con su vida sentimental a la que se suman fracasos amorosos: desde un novio piloto aviador que se mató, pasando por un matrimonio que hubo de romper pues el marido era homosexual, y otras decepciones amorosas con destacados personajes de la vida nacional. Algunas versiones afirman que su suicidio se dio tras conocer que el torero español Luis Miguel Dominguín la había dejado para casarse con Lucía Bosé, y con el tiempo se fueron sumando otras inverosímiles. Lo único real es que Miroslava dejó una carta póstuma para su padre: “Perdóname y olvida. No puedo seguir, no tengo valor, gracias por todo y perdona que no tenga suficiente voluntad para vivir”.

 

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