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Muere Luis González O´Donnell

 

Este jueves 16 de febrero en la Ciudad de México falleció Luis González O´Donnell  (Huinca Renancó, 1933). Durante años fue un gran capitán para este barco llamado Contenido.

Desde su incorporación en los años setenta como corresponsal en Estados Unidos hasta su arribo al timón, primero como ayudante de la dirección, luego como editor y director ejecutivo, llevó a buen puerto a nuestra revista hasta septiembre de 2004 cuando se retiró.

Reproducimos una semblanza que publicamos en septiembre de 2011.

 

Luis González O´Donnell, el hombre que regresó del frío

 

“Si querés escribir literatura” le dijo el escritor Ernesto Sábato, “conseguíte pibe un trabajo en el correo, de vender estampillas. Así vas a volver a tu casa muerto de ganas de escribir. En cambio, si estás todo el tiempo en la sala de redacción del periódico, ¿cómo obligarte a escribir una novela? Es imposible”. A juzgar por los hechos, Luis González O’Donnell, quien posee las nacionalidades argentina y mexicana, prestó oídos sordos al consejo, pues desde niño se inició en el mundo del periodismo y no fue sino hasta 5 décadas después que reparó en las palabras de Sábato y escribió, casi de un tirón, dos libros de texto y dos novelas, acaso para recuperar el tiempo perdido.

 

EXILIO EN CHILE

Luis nació en Huinca Renancó, cerca de Córdoba, Argentina, en 1933. Según relata, aprendió a leer mientras su madre cocinaba sus platillos favoritos, como pescado con arroz, pues él le preguntaba qué decían las revistas que había en su casa. Cuando tenía 11 años, mientras cursaba sexto de primaria, comenzó a mecanografiar un periodiquito escolar, dedicado a criticar a profesores y maestras, que su hermana menor ilustraba. En las últimas páginas del diario, escribía novelas por entrega, todas de corte policíaco.

Durante sus años de adolescencia, O’Donnell se lió a escribir cuentos filosóficos y, ya un poco más grande, se volvió “dirigentillo político” y entró de lleno al periodismo combativo redactando La Lucha, el periódico del Partido de los Trabajadores –un ala del Partido Socialista –, trabajo que enfureció al gobierno de la época y lo condujo a la cárcel, una oficina de burócratas donde los presos políticos dormían en el suelo, entre escritorios y archiveros. “Comencé a reconciliarme con mi padre el día que atravesó la ciudad con un colchón sobre los hombros, para que yo pudiera dormir un poco más cómodo”, relata. Además, la prisión lo hizo amigo de un carcelero, quien meses después le advirtió que su libertad volvía a estar en riesgo, por lo que tuvo que exiliarse en Chile cuando aún no cumplía veinte años. Ahí, a pesar de todas las incomodidades, podía darse el lujo de invitar a cenar a las chicas, pues ya trabajaba como corresponsal de una revista cubana, que “pagaba en dólares”.

 

EL “PELIGRO AMARILLO”

Una vez que la situación política pareció mejorar, O’Donnell regresó a Argentina y concluyó sus estudios en Leyes, amén de escribir columnas políticas para varios periódicos. Con el correr de los años, trabajó en revistas que hicieron época, por su estilo mordaz y desinhibido, siendo las principales Usted y Primera Plana. En esta última fue jefe del entonces joven reportero Tomás Eloy Martínez, a quien encargó misiones tan importantes como la de visitar Hiroshima y entrevistar a Julio Cortázar diez años después de la publicación de Rayuela. “Hasta entonces” rememora Luis González O’Donnell “Rayuela habría vendido 500 ejemplares… Después de la entrevista, se agotaron todas las copias de Buenos Aires en unos cuantos días”. Durante esta temporada, cada vez que el periodista se aparecía en el comedor del Congreso argentino, los políticos enmudecían de miedo y sólo alcanzaban a prevenirse de la llegada del “Peligro Amarillo”, mote que sigue haciendo sonreír al septuagenario.

 

BUENOS AIRES-MÉXICO EN AUTOMÓVIL

A pesar de sus éxitos editoriales, la situación política argentina lo cercaba cada día más, así que decidió embarcarse en una aventura descabellada, atravesar el continente en su pequeño Citroën. Tras conseguir el patrocinio de algunas revistas y de la propia compañía automotriz, emprendió el viaje, que originalmente planeaba concluir en Alaska. Sin embargo, el periplo quedó incluso, pues al llegar a México se reencontró, de la mano de Rómulo O’Farrill, con Armando Ayala Anguiano, a quien había conocido años atrás en Argentina. Por ese entonces, Ayala conducía los primeros pasos de la revista Contenido, a la cual se incorporó el argentino como corresponsal en Estados Unidos. En aquel país, O’Donnell colaboró con la revista Time y siguió enviando artículos a México, hasta que Ayala le solicitó que volviera.

 

FRENTE A LA MUERTE

Ya en México, su “tercera patria”, O’Donnell se convirtió en jefe de redacción de Contenido, posteriormente subdirector y, por último, director ejecutivo de la revista. Durante su paso por esta publicación el periodista tocó prácticamente todos los temas habidos y por haber, desde política internacional hasta sexualidad. De él, Humberto Musacchio escribió que “pertenece a la estirpe de los buenos jefes de redacción, los correctores, cabeceros y todos aquellos que se ocupan del acabado de una edición y que al hacerlo nos dan una cotidiana e impagable lección de humildad”.

Por estas fechas también publicó el trabajo histórico Amores y muerte de Hitler, en 1980, y Cómo empezó y terminó la Tercera Guerra Mundial, un relato ficción política, en 1985. No todo marchó de maravilla. Hacia los años noventa se enfrentó dos veces a la muerte, a causa del cáncer pulmonar. “La sentí tan cerca que me fui a Europa, a gastar todo lo que tenía”. El temor fue infundado, pues salió airoso en ambas ocasiones y tuvo que volver y trabajar con ahínco para hacerse de otro capital y pagar sus deudas.

 

“SÁBATO TENÍA RAZÓN”

En los albores del siglo XXI, los problemas visuales de Luis González O’Donnell lo orillaron a dejar Contenido. “Era el único editor que no podía leer su revista”, rememora. Sin embargo, el retiro no fue sinónimo de ocio o decadencia. “Sábato tenía razón”, afirma el argentino; “¿Cuándo me puse a escribir? Cuando me jubilé”. Nada más cierto. Un año después de abandonar la revista, desde su chalet en un bosque del Estado de México, donde cultiva árboles de Navidad, O’Donnell publicó Cómo escribir para convencer (2005), una guía práctica de redacción, donde plasma su experiencia de más de 50 años en el mundo de las letras. En 2007 vio la luz Comprensión de la lectura y, este año, el thriller político El olor del dinero, que se sitúa en México, durante el proceso electoral de 2012. Esta novela, “con fecha de caducidad”, como lo observa su autor, mereció una mención especial del jurado del Premio Latinoamericano de Novela Sergio Galindo 2010, otorgado por la Universidad Latinoamericana. Además, O’Donnell ya se prepara para la publicación de otra novela, titulada, al menos por ahora, Después de la inocencia.

 

EL OLOR DEL DINERO

En El olor del dinero, O’Donnell parece concentrar los ejes que guiaron su ejercicio periodístico por tantos años: “La única forma de contar una historia”, asegura, “es contarla de modo dramático; si no lo haces así, nadie te pela. Es lo que yo hacía con mis hijas: antes de dormir, les contaba las aventuras de Ursulita y sus hermanitos, que huían de unos malvados. Cada noche, me detenía en el momento culminante de la acción, sólo así podía continuar la historia por muchísimo tiempo.” Fiel a esta consigna, el argentino recrea un escenario casi apocalíptico, donde el narco consigue matar al secretario de Gobernación y el país pende de un hilo, ante la sorpresiva hospitalización de la presidenta electa, una activista independiente.

“Los lectores”, afirma el escritor, “encontrarán una advertencia. La gran lección de una novela reporteada es prevenir y ayudar a la gente a prever. El ser humano es el único animal capaz de prever. Si no fuera así, dominarían los simios o los delfines, que son muy inteligentes. El hombre puede diseñar su propio futuro de alguna manera, que a veces sale y otras no, pero para eso hay que obligar a la gente a prever. Los seres humanos que van con su bandera de pendejos, sin saber qué está a la vuelta de la esquina, no son los que sobreviven. Eso deberían hacer los políticos, prever, salir constantemente del paso. El periodismo de fondo también explica por qué y para qué pasan las cosas; ése es su verdadero aporte, eso es lo que pretendo lograr”.

Si el autor consigue lo que pretende es algo que los lectores deben juzgar. Por lo pronto, con otra novela ya en prensa, Luis González O’Donnell ve sin piedad el mundo desde su bosque de pinos y parece que nadie podrá meterlo a esa jaula, el silencio, que decidió abandonar cuando aún era un niño y denunciaba, combatía desde su periodiquito escolar.

(R.A.C.)

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