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Impulsar el mercado interno

 

Soy uno de los convencidos: México para los mexicanos por ello no es un secreto a voces, se debe impulsar el mercado interno.

 

Urge: aprovechemos la oportunidad que tenemos frente a nosotros. El 2017 no tiene que ser un año de infierno para México. Claro, tampoco soy ingenuo. Algunos sectores tendrán que ponerse las pilas ante el cambio profundo y de consecuencias importantes (crisis) que enfrentarán sus empresas.

¡Aunque justo ahí es donde separaremos el frijol del gorgojo! Distinguiremos al empresario, al emprendedor verdadero, del “millennial” (me refiero exclusivamente a esa persona que en toda oportunidad firma como “fundador”, “creador”, “community manager” y/o “CEO” pero que es incapaz de salir de la casa de sus padres o enfrentar por su cuenta sus gastos personales y los retos inherentes a la creación de un negocio propio).

Pero incluso esos farsantes tienen la oportunidad de reivindicarse este año. Sólo tienen que estudiar muy bien el entorno (podrían empezar por leer libros que no sean “bestsellers” o que prometan algún triunfo en “n” pasos), analizar fortalezas, oportunidades, debilidades, riesgos y amenazas.

¿Luego qué? apostarle a la capacitación continua; al perfeccionamiento directivo. La Alta Dirección (sin importar el tamaño de la empresa que encabece) tiene que envolverse en la bandera del conocimiento: único camino que nos ayudará a disminuir la brecha entre ricos y pobres.

Y más nos vale que tomemos muy en serio nuestra formación profesional (sustantiva y aplicada). ¿Por qué? Miremos al gobierno que está formando Donald Trump (al cierre de esta columna el recuento de votos aún no ocurre): entre los postulados por el magnate y el presidente electo acumulan una fortuna de 11,000 millones de dólares.

Hoy, al menos así parece en Estados Unidos, el Gobierno ya no está para favorecer a los ricos. Ahora, de plano, los ricos son el Gobierno. ¿Sus decisiones de Estado combatirán la pobreza? ¿Erradicarán los trabajos forzados (esclavitud moderna) de las personas cuya existencia o sobrevivencia depende de una plaza laboral mal pagada?

 

Reivindicar a la patria

México no canta mal las rancheras en cuanto a retos, dudas e inquietudes. En nuestra bendita tierra, además de la inequidad, desigualdad e inseguridad tenemos que sumar la corrupción e impunidad (al menos). Contra todo eso debemos formar un frente común. Entender de una buena vez que México es para todos los mexicanos y no sólo para los malos políticos y empresarios que abusan de –y roban a– los ciudadanos.

Y no son los únicos pendientes. Llama la atención –al menos la mía– que los asuntos irresueltos de México en materia de Estado de Derecho (por mencionar un ámbito de nuestra vida nacional) aumenten y se acumulen uno sobre otro como expedientes en juzgado.

Hoy los mexicanos prefieren seguridad y contar con los servicios básicos (ambos temas aplazados para la mayoría), aunque eso signifique renunciar a libertades y derechos (ahí están los estudios del CIDE y otras instituciones). El tema es más dramático si consideramos que nuestro país es una de las potencias económicas del planeta (con base en números OCDE).

Otro botón de muestra. Este año nuestra Constitución Federal cumplirá un siglo: ¿necesitamos una nueva? En un mundo ideal sería hermoso tener un momento Constituyente, pero si el resultado será un documento absurdo como el que presentaron para la Ciudad de México, honestamente me quedo con la de 1917.

¿Qué más? La creciente y añeja incapacidad de los funcionarios públicos (no de todos) para resolver los reclamos de una sociedad cada vez más compleja. Saben que no pueden con el cargo y ahí siguen aferrados al hueso.

Tenemos mecanismos para colocarlos, pero carecemos de herramientas basadas en meritocracia para quitarlos. El punto que aquí concluyo tiene que ver con la urgente necesidad nacional de anteponer las competencias éticas y técnicas, a los compadrazgos y complicidades de las personas que ejerzan alguna función pública. En fin. Aún tenemos salvación como país.

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