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Hernán Cortés de regreso

 

 

La publicación de esta fascinante obra acerca de la controversial figura del Conquistador Hernán Cortés nos invita a analizar sin apasionamientos su rol histórico.

Se acerca el quinto centenario de la llegada de Hernán Cortés a la Ciudad de México. Tema espinoso de tratar por ser aún muy polémico y por la forma maniquea en que nos enseñan la historia: los buenos contra los malos.

Recordar no solamente es festejar. Revisar la historia de la Conquista es traer a la memoria hechos del pasado con el fin de analizarlos, comprenderlos y aceptarlos. Si nos remontamos al siglo XVI, suficientemente lejos como para poder llevar a cabo esta tarea, veremos con mayor objetividad lo que sucedió en la Conquista o mejor dicho, las Conquistas, dado que no fue sólo la de México-Tenochtitlán.

El Centro de Estudios de Historia de México Carso Fundación Carlos Slim se dio a la tarea de imprimir uno de los libros más fascinantes de su biblioteca virreinal. Se trata de la obra del arzobispo de la Ciudad de México, don Francisco Antonio Lorenzana y Buitrón Irauregui, Historia de Nueva España escrita por su esclarecido conquistador Hernán Cortés, aumentada con otros documentos y notas, fechada en 1770 e impresa en la ciudad de México.

La institución además de compartir por medio de una edición facsimilar la obra, continuó con una tradición que se inició hace más de cinco décadas al poner a disposición de amantes de los libros y curiosos de la historia, ediciones sobresalientes. Hoy, se suma a la publicación física, la consulta en línea en nuestro sitio en internet a través de nuestra biblioteca virtual (www.cehm.com).

El autor de la obra fue el arzobispo de México Lorenzana, nacido en 1722 en León, España. Con una trayectoria académica notable, fue designado al honorable cargo en 1766 por orden del rey Carlos III. Se le conocía como uno de los grandes bibliófilos de su tiempo, así como coleccionista de documentos y objetos históricos. Cuando llegó a su sede, además de integrarse a su trabajo como pastor de la Iglesia, le llamó profundamente la atención la historia del mundo prehispánico y el tiempo de la conquista del territorio. Al autor debemos situarlo en ese siglo XVIII que se conoce como Siglo de las Luces o de la Ilustración, en el cual la razón se encaminaba a investigar y escribir con mayor espíritu de crítica que los siglos anteriores.

Su estancia en México fue de casi seis años (1766-1772) tiempo en que coleccionó mapas y códices, obras sobresalientes para poder escribir sus libros. Destacan además de las Cartas de Relación de Hernán Cortés, la publicación de los tres primeros Concilios Provinciales Mexicanos que se realizaron en la segunda mitad del siglo XVIII, en 1769, con la idea de llevar a cabo una revisión y renovación de la Iglesia novohispana. Por otro lado, sus Cartas pastorales, un Padrón de comulgantes en 1768-1769, lo que le dio el reconocimiento años después, de haber sido el más brillante arzobispo de México en el siglo XVIII y quien canalizó su fortuna en bien de la cultura, la educación y obras de beneficencia, no solamente en México sino también en su sede posterior, el arzobispado de Toledo.

Entre las principales tareas propias de su investidura episcopal en México, implementó la reforma en los conventos de monjas, quienes en muchos casos se opusieron a las órdenes del prelado no obedeciéndolo y por tanto enfrentándose a su autoridad episcopal. Esta reforma la veía urgente en cuanto a la disciplina conventual y sobre todo, para obligar a algunas órdenes religiosas femeninas a vivir en comunidades de mayor disciplina, oración y trabajo. Quedaban exentas las Carmelitas Descalzas, Clarisas y Agustinas, quienes se acercaban más a los parámetros propuestos por Lorenzana.

También al prelado le llegó la terrible noticia del cumplimiento de la orden del rey Carlos III, de vigilar cuidadosamente la expulsión de los jesuitas en el territorio novohispano, tarea nada fácil por el prestigio y riqueza de la Compañía de Jesús. Este cumplimiento estricto le acarreó innumerables problemas entre los criollos novohispanos, y se desataron en su contra cantidad de calumnias que lo afectaron hasta sus últimos días de su cardenalato en Roma.

En cuanto a la edición en torno a Hernán Cortés, Lorenzana se percató que esa obra debía publicarse en México. Ya habían sido publicadas en Europa, como la edición de Nurember en latín, la segunda, tercera y cuarta carta de relación. El arzobispo vio la necesidad de rescatar al personaje a más de dos siglos después de los hechos. Se dio cuenta que contaba con maravillosas fuentes que poseía a su alcance y decidió enriquecer los escritos del conquistador. Llevó a cabo innumerables anotaciones, integró imágenes de códices, mapas, dibujos realizados en el siglo XVI, lo que finalmente le determinó a publicar una de las obras más voluminosas en la Nueva España.

Hernán Cortés no puede olvidarse en la memoria de la historia de nuestro país. Hechos dolorosos, ni duda cabe. Cualquier conquista o guerra es terrible. No obstante a casi 500 años de los acontecimientos, la reflexión se hace necesaria para entender lo sucedido y comprender nuestro pasado virreinal, lo que nos podrá reconciliar con nuestra Historia.

 

Para leer más:

Francisco Antonio Lorenzana, Historia de Nueva-España, escrita por su esclarecido conquistador Hernán Cortés aumentada con otros documentos y notas, México, 1770. Edición Facsimilar del Centro de Estudios de Historia de México Carso. Introducción y notas de Rodrigo Martínez Baracs.

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