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Los mexicanos ¿corruptos por naturaleza?

Ahora que Transparencia Internacional dio a conocer el Índice de Percepción de la Corrupción(IPC) 2016 nuestro país descendió 28 lugares. Conviene recordar un artículo que publicamos en 2016 y donde hacíamos la pregunta: “¿somos corruptos por naturaleza?

I: La corrupción está en nuestros genes

En días recientes las redes sociales “viralizaron” el video de una joven que quiso sobornar con 100 pesos a policías que la detuvieron por conducir en estado de ebriedad; de ahí que se ganara el apodo de #Lady100pesos. Las nuevas tecnologías de la información, en especial las redes sociales, han evidenciado la corrupción que corroe a todo el país.

El Barómetro Global de la Corrupción de Transparencia Internacional, ha medido este fenómeno en los últimos años y reportado que al menos el 88% de los mexicanos la consideran un problema frecuente y el 79% asegura que ha aumentado.

Las miradas reprobatorias se dirigen hacia la clase política. Los ciudadanos, en cambio, creemos que nosotros, ni nuestros familiares o amigos son corruptos, según consigna el análisis Anatomía de la corrupción, realizado conjuntamente por el Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO) y el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE); sin embargo, las estadísticas los confrontan: en promedio anualmente se registran más de 4,000,000 de actos de pequeña corrupción según el Inegi.

La presencia de la corrupción a lo largo de la historia, así como los hallazgos científicos, incluyendo la ocurrencia de actos abusivos entre algunos animales, han capturado la atención de los investigadores, que se preguntan si somos naturalmente corruptos.

Por lo pronto, las opiniones no son concordantes: “No, de hecho ocurre todo lo contrario”, afirma la doctora en Ciencias Biomédicas, Feggy Ostrosky, quien explica que el ser humano es un ente social, su supervivencia requiere de otros, por lo que está dotado de sistemas que le permiten vivir en sociedad (como responder al llanto de un bebé o al sufrimiento de otro); pero bajo esquemas sociales corruptos aprende a reproducirlos como una forma equívoca de supervivencia, que a la postre sí pueden generarle alteraciones.

“Cuando tienes que decidir entre hacer el bien o el mal, hay marcadores biológicos que se activan, como sudoración, palpitaciones, nerviosismo; pero cuando nadie hace cumplir la ley, estos marcadores ni siquiera se activan”, agrega la también directora del Laboratorio de Neuropsicología y Psicofisiología de la UNAM.

“La adquisición de la moral es gradual –opina la doctora en Investigación Psicoanalítica Norma Ferrer Hurtado–: primero se obedece “la ley” para evitar el castigo; luego para que los demás nos aprueben, evitar la censura y el aislamiento; en un tercer momento se obedece entendiendo que ésta permite la convivencia sana; para finalmente interiorizar -y practicar por convicción-, los principios éticos universales”.

No todas las culturas o familias llegan a esta última etapa; factores externos pueden detener su desarrollo –sostiene la también académica de la Universidad del Valle de México (UVM), campus Querétaro–: “La impunidad o la imposición violenta de la ley, puede generar individuos amorales”.

En México, según nuestras especialistas, se están dando las condiciones para que esto ocurra: “La familia, que es el primer sistema que brinda los lineamientos morales, está tornándose muy permisiva, pues como ambos padres trabajan, buscan compensar su ausencia concediendo sin límites caprichos a sus hijos”, indica la doctora Ostrosky, quien explica que los niños además tienen acceso ilimitado a la televisión e internet, plagados de imágenes violentas que ingresan sin ningún filtro al hemisferio derecho cerebral, y asimilamos la agresión y el quebranto de la ley como algo natural.

La escuela, el otro gran sistema de contención, también está en crisis: “La violencia se ha generalizado; a los profesores se les practican exámenes de conocimientos pero no de personalidad, de ahí los casos de abusos que quedan impunes”.

Y añade la doctora Ferrer: en las escuelas privadas ven a los alumnos y a sus padres como “clientes” y a ellos “lo que pidan”.

Finalmente, la doctora Ostrosky puntualiza: el sistema económico y social favorece el consumismo, la insatisfacción y el rompimiento de la ley: “La cultura de la legalidad no ha sido internalizada, apreciada ni premiada. En cambio, se ha enaltecido a aquellos que tienen más, sin importar el origen de su riqueza, y se premia económicamente a la estrellas del cine y del futbol por encima del maestro y del investigador, enviando así un mensaje contundente: los valores y la educación no importan, lo meritorio es el dinero, el espectáculo y la transa”.

 

Cerebro deshonesto

Un estudio realizado por la Academia de Ciencias Sociales de China mostró con sucesivas resonancias magnéticas que cuando alguien es sobornado, se activan áreas del cerebro relacionadas con el bienestar, en el hemisferio derecho y la parte frontal de nuestro cerebro.

Un estudio de la Universidad de Berkeley asocia la honestidad con la corteza dorsolateral prefrontal (zona que se encarga de controlar nuestros impulsos). El experimento consistió en permitir hacer trampa a sujetos con daño y sin daño en esta zona, mostrando que los primeros eran más proclives a engañar.

 

Hombres contra mujeres

“Biológicamente las mujeres son más empáticas y menos corruptas que los varones, pues esto permite la supervivencia de la especie; sin embargo, el desarrollo de la moral no es exclusivamente biológico”, afirma la doctora Ostrovsky.

Un estudio realizado en la Universidad de Rice lo confirma, pues se comprobó que las féminas, en regímenes donde la corrupción es endémica, eran igual de corruptas que los varones, pero en donde la ley se cumple, son menos temerarias.

 

Fallas maternales y sociales

“Los seres humanos nacemos con la capacidad biológica de responder a las necesidades de otros, pero la empatía se consolida a través del establecimiento de vínculos amorosos continuos; cuando esto no ocurre, se puede acatar la ley pero sin afecto, por lo que bajo ciertas circunstancias fácilmente se quebranta sin remordimiento”, afirma Norma Ferrer.

 

Justos o injustos

Ser moral y cumplir la ley implica renuncias personales en pro de un bien común, y para tolerar la frustración, el individuo requiere sentirse satisfecho a nivel interno. “Tener poca tolerancia a la frustración, vivir eclipsado por la insatisfacción promovida por el consumismo, o sentir que la vida lo ha desfavorecido, puede generar la falsa creencia de tener el ‘derecho’ a transgredir la ley, en aras de ‘hacer justicia’, aunque sea ‘injusto’ para otros”, sostiene Norma Ferrer.

 

¿Corrupción animal?

Robo: Las hormigas invaden nidos, roban los huevos y las pupas, y utilizan a estos jóvenes como presos que traen comida, limpian y cuidan a las crías de los esclavistas.

Enriquecimiento ilícito: Hay caracoles que apenas salen del huevo se alimentan de aquellos huevos donde se gestan sus hermanos, eliminando así futuros competidores y obteniendo una dieta de mayor valor proteico, que los hace más fuertes que el resto.

Nepotismo: Algunas hormigas eligen al azar larvas que se convierten en reinas, pero investigadores de la Universidad de Leeds han observado que los descendientes de algunas reinas tienen más posibilidades de ser elegidos.

Abuso: Ciertas avispas inyectan su veneno a tarántulas a las que paralizan para luego sembrarles dentro sus huevos fecundados, y cuando nazcan sus crías la devoren viva.

Fuente: Marcelino Cereijido, Hacia una teoría general sobre los hijos de puta.

 

II: ¿Cultura transgresora?

En julio de 2015, durante el discurso inaugural del Consejo del Sistema Nacional de Transparencia, el presidente Enrique Peña Nieto afirmó entre líneas que la corrupción era natural al ser humano: “El Estado mexicano y su sociedad lo que estamos haciendo es domar auténticamente a la condición humana, llevarla por nuevos caminos, estableciendo parámetros, estableciendo límites, controles, obligando a la apertura y a la transparencia”.

El doctor en Ciencia Política Marco Fernández difiere completamente: “La corrupción no es natural, ni cultural, es consecuencia de la ineficiencia de las instituciones que crean los incentivos para que se practique y perpetúe”.

“Sin duda, en la historia siempre ha habido personajes que abusan del poder y se valen de la corrupción para lograr beneficios, por eso también se han creado instituciones que los acotan, sobre todo en democracias”, añade el investigador asociado de México Evalúa.

Nuestro país entre 2004 y 2015 también incrementó casi al doble la inversión en instituciones de combate a la corrupción (de 2,255 millones de pesos pasó a 4,443 millones de pesos) pero ésta se ha mantenido. ¿Qué ha fallado?

“El avance hacia la democracia no se ha traducido en la consumación de instituciones profesionales dotadas de las herramientas, las articulaciones y leyes necesarias para aplicar el derecho, por lo que han sido esfuerzos aislados”, afirma el doctor Fernández, también profesor-investigador de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey y consultor para el Instituto del Banco Mundial, quien ilustra: “La transparencia no es suficiente, sin la obligatoriedad a la rendición de cuentas y el castigo”.

El maestro en Ciencia Política Germán Petersen, de Transparencia Mexicana (TM), señala: “La alternancia política nos ha brindado un pluralismo político pero sin los contrapesos adecuados, por lo que también abrió espacios para la corrupción y la impunidad”.

Las cifras internacionales –agrega el además coordinador del Programa de Investigación de Métricas de Corrupción de TM– dejan claro que la corrupción no es cultural: “En Latinoamérica, cuyos países comparten una historia y cultura semejantes, existen casos como el de Chile, que ha logrado abatirla empatando con Estados Unidos y Japón; México, en cambio, se encuentra al nivel de Malí, Armenia y Filipinas”.

Los especialistas entrevistados coinciden que la experiencia internacional muestra que una erradicación efectiva de la corrupción exige cinco cambios básicos:

1.- Lo más urgente, terminar con la impunidad: profesionalizar y brindar independencia al Poder Judicial para que pueda resistir las presiones políticas y aplicar la ley con igualdad. En México sólo 2% de los delitos de corrupción son castigados, y siempre los cometidos por mandos inferiores.

2.- Profesionalizar las instancias del Estado: abandonar la contratación por cuotas de partido y hacerlo por méritos académicos y curriculares.

3.- Comprometer a los medios de comunicación para evitar fomentarla a través de programas que enaltecen a los políticos abusivos y a los narcotraficantes; exhibir actos corruptos de funcionarios (aunque sean sus “cuates” o clientes); y fomentar el periodismo de investigación que expone a los transgresores.

4.- Comprometer a empresarios a denunciarla y combatirla: ellos son los grandes paganos de este mal: de 20 a 40 millones de dólares pagan en sobornos a funcionarios de gobierno y políticos.

5.- Combatir desde la casa familiar las desigualdades sociales y la discriminación. Los estudios arrojan que las personas son más honestas en las sociedades más tolerantes.

 

“Manchas privadas”

El 65% de los emprendedores ha perdido una oportunidad de negocio porque un competidor pagó un soborno.

El 63% de los empresarios concuerda que ésta es parte de la cultura de negocios en México.

Un 4.5% del valor del contrato se paga en sobornos para adjudicárselo.

Un 44% ha pagado sobornos y 32% lo ha hecho para garantizar la obtención de un contrato o una oportunidad de negocio.

El 34% concuerda que las conexiones políticas garantizan su éxito.

El 60% afirma haber recurrido a contactos o relaciones personales para facilitar la obtención de un trámite, permiso o contrato.

Fuente: IMCO, La corrupción en México

 

Los costos económicos de la “transa”

Inversión: 5% menor en países con mayor corrupción.

Ingreso en las empresas: Pérdidas del 5% de ventas anuales.

Piratería: 480,000 empleos menos al año.

Ingreso en el hogar: 14% es destinado a pagos extraoficiales.

PIB: entre 2 y 9%

Fuente: Anatomía de la Corrupción IMCO/CIDE

 

III: Regalo ciudadano

En abril pasado periodistas de todo el mundo filtraron documentos que daban a conocer los nombres de personas alrededor del mundo (33 mexicanos) que contrataron servicios del despacho Mossack Fonseca para, entre otras cosas, evadir impuestos.La noticia conocida como Panamá Papers, causó enojo pero no sorpresa, pues personajes mexicanos ya habían puesto a México en la mira internacional.

Por fortuna el aquelarre estuvo acompañado de un hecho sin precedentes: el arribo al Congreso, con el respaldo de más de 634,000 mexicanos, de la Ley 3 de 3, que plantea la obligatoriedad de la declaración patrimonial, intereses e impuestos a funcionarios públicos, para coadyuvar en el embate efectivo de la corrupción.

Esta propuesta y la reciente figura de parlamento abierto, también abrió las puertas del Congreso a intelectuales y organismos de la sociedad civil (liderados por Eduardo Bohórquez, director general de Transparencia Mexicana) para participar directamente en la discusión del diseño de las leyes secundarias del Sistema Nacional Anticorrupción.

Su arribo fue complejo, no faltaron legisladores que al no sentirse respaldados los acusaban de haberse “vendido” al partido contrario, o bien dijeron que intentaban hacerse de un puesto político.

Al cierre de esta edición cinco leyes habían sido discutidas; dos de éstas recibieron la mayor resistencia: las reformas al Código Penal Federal y a la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República, reformas cruciales para perfeccionar los procedimientos de identificación, tipificación y castigo, así como para otorgar fuerza e independencia a la fiscalía anticorrupción.

“Nuestra propuesta incluye declaración pública y obligatoria de patrimonio, intereses e impuestos, así como su revisión aleatoria con el consecuente castigo en caso de resultar falsa. Además consideramos la inclusión de recompensas económicas a quienes denuncien actos corruptos comprobables, como lo han hecho otras naciones”, afirma el doctor Marco Fernández de México Evalúa.

Fernández se lamenta que la clase política siga empecinada en defender su derecho a la privacidad, pero hay que hacer un balance entre éste y sus obligaciones de rendición de cuentas. Pero con mecanismos de castigo diluidos, servirán poco para la rendición de cuentas”.

¿Qué va a pasar si se siguen bloqueando ambas leyes?

Los investigadores coinciden que tanto la redacción de la ley, como la participación ciudadana en el parlamento abierto, son muestras claras de que los grandes cambios están partiendo de una sociedad cada día más organizada y participativa. Aceptan que la transición no será sencilla ni rápida, una generación tendrá que pasar para consolidar la lucha contra la corrupción.

Sin embargo, “el cambio ya inició, y no lo vamos a dejar”, afirma contundente Germán Petersen de TM).

 

Top 5: Las instituciones más corruptas

Lugar Institución %
1 Partidos políticos 91
2 Policía 90
3 Funcionarios públicos 87
4 Poder Legislativo 83
5 Poder Judicial 80

Fuente: Anatomía de la corrupción IMCO/CIDE

 

 

 

Mirada miope: corrupción y ciudadanos

El 43% cree que sus familiares nunca han sido corruptos.

El 38% cree que sus vecinos nunca han sido corruptos.

El 20% cree que sus compañeros de trabajo nunca han sodo corruptos.

Fuente: Anatomía de la corrupción IMCO/CIDE)

 

Costos políticos

Sólo el 37% apoya la democracia.

Sólo el 27% se encuentra satisfecho con la democracia.

El 91% no confía en los partidos políticos.

El 83% no confía en los legisladores.

El 80% no confía en las instituciones del sistema judicial.

Fuente: Anatomía de la corrupción IMCO/CIDE

 

Las principales causas para hacer pagos extraoficiales son:

 

Agilizar un trámite 43%
Obtener licencias y permisos 32%
Impedir abusos de autoridad 21%
Ganar contactos 16%
Participar en licitaciones 11%

Fuente: Anatomía de la Corrupción IMCO y CIDE

 

Las instancias de gobierno hacia las que se dirigen los sobornos

Municipal 33%
Estatal 26
Federal 24
Agencias públicas 17

Fuente: Anatomía de la Corrupción IMCO y CIDE

 

 

 

(Mariana Chávez Rodríguez)