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Welcome Mr. Trump el desafío económico postelectoral

 

 

¿Cuáles son los retos en materia económica que enfrentará la nueva administración estadounidense encabezada por Donald Trump?

 

Después de la Gran Depresión del 2008/09, el presidente Barack Obama llegó a la Casa Blanca con un mandato claro: detener como fuera posible la crisis hipotecaria y del sistema financiero.

Entonces, según una encuesta del Centro Pew Research, los ciudadanos norteamericanos consideraban que el candidato de Illinois podría contener el desastre de Wall Street y los bancos globales, a los que acusaban de ser los causantes de la fuerte recesión económica.

En aquel tiempo, los asuntos que los norteamericanos consideraban como los “más importantes y urgentes” para los comicios del 6 de noviembre eran: la economía (87 %), empleo (83 %), salud (74 %) y déficit presupuestario (68 %).

Ocho años después, de cara a una de las elecciones más competidas en la historia norteamericana, la misma encuesta revela que la prioridad número uno del estadounidense es la economía (75%), terrorismo (75%), educación (66%), empleo (64%) y el déficit presupuestario, las megamultas bancarias, la deuda y hasta el cambio climático o la globalización, han pasado a ser una preocupación secundaria.

La promesa de campaña más sonada de Obama fue aquella en la que advirtió que los bancos y las instituciones financieras “pagarían su parte y que los contribuyentes de EE.UU. no volverán a tener que poner su dinero para pagar por la avaricia e irresponsabilidad de Wall Street”. Y sí, pagaron una buena parte en directo, otra en multas y el sistema financiero norteamericano se hizo más pequeño y, hoy puede explicar una parte de su lento crecimiento porque los niveles de colocación de crédito siguen siendo bajos comparados con los años previos al 2008.

Traigo esto a colación porque para enero, unos días después de que el presidente Obama tomó el cargo, el Departamento del Trabajo revelaba que se habían perdido 240,000 empleos (de hecho la cifra se revisó a 473,000 empleos perdidos) la Gran Recesión había cobrado 1’500,000 puestos de trabajo mientras el índice de desempleo alcanzaba el 7.5% y el subempleo se duplicaba.

La situación en esta elección es distinta. No hay crisis financiera en el sistema norteamericano y el empleo crece a un ritmo tal que la FED lo considera casi “pleno empleo·”.

El viernes previo a la elección del 9 de noviembre, la oficina de estadísticas laborales revelaba que se habían creado 180,000 empleos al mes en octubre, esto es, el empleo acumulaba 74 meses consecutivos de crecimiento y, aunque la tasa mensual quedó ligeramente por debajo de igual mes del 2015, fue suficiente para mantener la tasa de desempleo por debajo del 5%, indicador que se considera clave cuando la dinámica económica comienza a tomar ritmo ascendente.

Sin embargo, al igual que ocurre con Gran Bretaña y explica con mucho la decisión tomada por los ingleses de dejar la Unión Europea (Brexit), los efectos de un periodo prolongado de bajo o nulo crecimiento económico desde la crisis y, las dificultades para digerir el elevado endeudamiento familiar, empresarial y público que se acumularon durante la década de expansión que precedió al 200, muestran que los desafíos económicos son muy similares entonces y ahora.

La expansión de la desigualdad, la reducción de la clase media y su empobrecimiento, se suman a un sistema educativo y de salud caros e ineficientes, donde la innovación empresarial cae, pero al mismo tiempo, los avances disruptivos de la tecnología han puesto sobre la mesa su principal dilema: reentrenar a la fuerza de empleo desplazada, mejorar el salario de los norteamericanos que entran al mercado laboral a puestos diferentes que sus padres y abuelos y, donde el desempleo alcanza dos millones de potenciales trabajadores sin acceso a su primer puesto de trabajo y otros seis millones de trabajadores eventuales que han engrosado las filas de los más pobres.

Explicaciones económicas van y vienen, pero la realidad es que Norteamérica está creciendo a tasas muy bajas en los últimos años, y con ello, las cifras de empleo y de ingreso se mantienen muy deprimidas.

Y aunque pareciera que el desafío se puede resolver con una mejora en la calidad de la mano de obra que se incorpora a un mercado laboral que requiere más capacidad, también es cierto que la dinámica que hoy tiene la economía de nuestro vecino del norte es lenta con cara de retroceso.

La baja productividad, la escasa movilidad en el ingreso explicada por el empleo de poca calidad, baja inversión personal y de negocios, inventarios que se estancan y no se desplazan, exportaciones que son más de soya que de software, fluctuación en la capacidad de gasto –con tendencia a la baja—y, un dinamismo que se instala en el “nuevo normal” de la economía global, todo eso es lo que tendrá que enfrentar el presidente estadounidense que llegará en enero a la Casa Blanca.

¿Pero se ha preguntado usted si no es un desafío similar al que tiene que enfrentar la política pública en México: bajo salario, bajo ingreso, baja productividad, escaso dinamismo económico.…? Ah! Sumemos corrupción y violencia, eso sí en aumento.

 

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