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Un documento extraordinario: copia de la imagen de la virgen de Guadalupe

 

 

Nuestro historiador revisa el alcance de esta copia guadalupana que marcó el inicio de su difusión por la Nueva España.

 

 

En el año de 1656, según reza un documento perteneciente al fondo Guadalupano de la colección del archivo del Centro de Estudios de Historia de México Carso, fundación Carlos Slim, se reprodujo una de las primeras copias sobre la imagen de la Virgen en México. Hasta donde se tiene conocimiento, la primera reproducción que se conoce es de 1606, realizada por el pintor Baltasar de Echave Orio. La representación de la Guadalupana con sus cuatro apariciones fue representada por el pintor José Juárez, en una obra que se conserva hasta nuestros días en el convento de monjas concepcionistas de Agreda, España pintada en 1656 (valiosa información proporcionada por la Dra. Nelly Sigaut, del Colegio de Michoacán).

La copia del documento que nos ocupa ahora fue una donación que doña Nicolasa Martínez de Mesta ofreció a la capilla del Colegio Viejo de Nuestra Señora Omnium Sanctorum, mejor conocido como el Colegio Mayor de Todos Santos.

Este documento nos parece de suma importancia porque de alguna manera marcó los inicios de la difusión iconográfica de la Virgen de Guadalupe en la Nueva España y que pronto traspasó fronteras en el imperio español del siglo XVII.

El hecho de que se hubiera pagado la copia del lienzo original y donado a un colegio nos da a entender que los estudiantes que se hospedaban, veían en la reproducción de la imagen de la Virgen una forma de llevar a cabo la difusión entre sus futuros feligreses y colegiales de otras instituciones.

Son de llamar la atención los señalamientos que se marcan en el documento, respecto al uso de la imagen: “que no salga de la capilla para colocarse en otro lugar… porque su intención es de que esté en un lugar tan decente y con la debida veneración”. Que únicamente podrá salir la imagen “para consuelo de algún enfermo… para devolverla luego a su lugar”. La donante pidió oraciones al Colegio “se le dijese una misa” como retribución a su donación.

Intuyo que la caritativa mujer era familiar cercano de alguno de los estudiantes, su posición económica le daba la posibilidad de sufragar una pintura que en su tiempo debió ser sumamente costosa. Y por otro lado, lograr los permisos correspondientes del Templo del Tepeyac para la autorizar la reproducción, como algo excepcional.

El estudio de los Colegios Mayores en la capital de la Nueva España aún está por realizarse, ya que era un mundo complejo y sumamente diverso. Se sabe que para la fundación de una institución educativa, se necesitaba capital suficiente además de la manutención continua de los estudiantes, la adquisición de los libros más recientes y el mobiliario para hospedar a un cierto número de colegiales.

Los comerciantes y mineros ricos así como la alta jerarquía eclesiástica, las órdenes religiosas e incluso el Rey, otorgaban los recursos suficientes para sostener la educación alta entre las niñas criollas, como el Colegio de las Vizcaínas, o para mestizos como el Colegio de San Juan de Letrán, o indios nobles como el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco.[1]

El Colegio de Santa María de Todos Santos fue fundado el 15 de agosto de 1573 por Francisco Rodríguez Santos, quien fue tesorero de la Catedral Metropolitana de la ciudad de México a partir de 1562.

Como institución educativa el colegio no ofrecía clases a sus estudiantes. Era como un internado que reunía a alumnos seculares y también a los futuros sacerdotes quienes se preparaban en la Real Universidad de México en licenciaturas diversas como medicina, leyes, teología, entre otras. Desgraciadamente el archivo de dicho colegio desapareció y algunos investigadores se han apoyado en las constituciones originales redactadas por su fundador y un catálogo de sus estudiantes. En el siglo XVII el colegio solicitó obtener el título de mayor, por lo cual se gestó documentación que ha servido para estudiarlo.

En principio se admitía a estudiantes pobres, descendientes de conquistadores y primeros pobladores pero con el tiempo se fue transformando y albergaba a colegiales pertenecientes a las familias más adineradas, aún cuando sabemos también que había becas que favorecían a otro sector de la sociedad.

Ahora bien. El documento que señalaba en un inicio nos informa que fue pagada por doña Nicolasa Martínez de Mesta y obsequiada al Colegio de Todos Santos. Se trata de un regalo extraordinario, único en su tiempo: la primera copia de la imagen de la virgen de Guadalupe que se encontraba ya en su santuario en el Tepeyac. Esta noticia cundió por toda la ciudad de México y pronto se llevaron a cabo otras copias que cubrieron templos, conventos y casas particulares. Los mejores pintores de aquellos tiempos y posteriores, tomaban como un honor y una distinción estampar en sus lienzos a la “Madre de los novohispanos”.

Es curioso anotar que la primera publicación acerca de las apariciones de la virgen en el cerro del Tepeyac se hubiera impreso hasta 1648 por el presbítero Miguel Sánchez y posteriormente en 1649 el famoso Nican Mopohua, escrito en náhuatl por Luis Lazo de la Vega, quien recogió la narración escrita de Antonio Valeriano, indio nativo de Azcapotzalco, considerado en su momento como uno de los estudiantes más sobresalientes perteneciente al Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco a mediados del siglo XVI (1554).

¿Será que esta edición, de la que no conocemos el número de ejemplares que se editaron, acompañó a la multiplicación de la imagen de la virgen de Guadalupe? Sabemos por otro lado que ese primer libro fue el inicio de la escritura de obras diversas en torno al milagro guadalupano, particularmente los jesuitas que fueron los grandes impulsores de la dicha devoción.

No conocemos hasta ahora el catálogo de las reproducciones de la imagen a lo largo de la historia, pero lo que sí sabemos es que con la donación de Nicolasa Martínez se inició el proceso de difusión de la imagen más importante en el mundo católico.

 

[1] Víctor Gutiérrez Rodríguez, El Colegio Novohispano de Santa María de Todos Santos. Alcances y límites de una institución colonial, Universidad Nacional Autónoma de México.

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