Miércoles , Abril 26 2017
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Internet de las cosas: mundo conectado y programable

 

Todo lo que existe y lo que existirá en el futuro, incluidas las personas, se podrán conectar a internet. Es el siguiente paso en la evolución… ¿de la humanidad?

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Aunque internet fue inventado para servir a la gente, en la actualidad estamos en el umbral de un “internet de las cosas”, en el que los objetos son capaces de comunicarse entre sí y de actuar en consecuencia.

“Hay más cosas conectadas a internet que personas en el planeta”, declaró el experto en tecnología Timothy Chou y explicó que esto se debe a que las cosas pueden estar donde las personas no (bajo tierra, en el espacio, dentro del cuerpo, etc.) y a que “las cosas se pueden programar y la gente no”.

Durante una conferencia impartida hace unas semanas en nuestro país, el gurú de empresas transnacionales de tecnología como Oracle, comentó: “Todo empieza con las cosas por sí solas. Si tú sacas tu teléfono, éste cuenta con 12 sensores que no notas. Mañana habrá un celular dentro de tu refrigerador, en tu auto, en cajeros…Una vez que esto suceda las cosas estarán completamente conectadas”.

En ese escenario, según Chou, “una nueva generación de tecnología está naciendo”. Pero no se trata de un surgimiento paulatino y a largo plazo, sino de un crecimiento exponencial que, solamente en los próximos cuatro años (en 2020), hará que más de 25,000 millones de objetos estén conectados a la red de redes, estimó la empresa investigadora Gartner.

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Así será la vida en el futuro cercano

Los sensores y procesadores enlazados a internet que se incluirán cada vez con mayor frecuencia en la mayoría de los objetos que existen lograrán, según prometen sus fabricantes, “hacer la vida más placentera”. Así, en un día normal, pensemos que es un sábado, una persona cualquiera que vive en la ciudad, pensemos que es usted, despertará al oler el aroma de la playa que emitirá un “despertador aromático” por la orden (una señal inalámbrica) que haya dado su almohada.

Ya relajado, después de haber descansado lo estrictamente necesario (gracias a que el colchón que usted usa llevará semanas registrando en su procesador y memoria los patrones de movimiento al dormir y habrá modificado varias veces su forma durante la noche para corregir su postura y hacer que descanse al máximo), se levantará para ir hacia la ducha.

Al “sentir” el movimiento en la habitación, las persianas o cortinas se abrirán, sólo un poco, lo suficiente para dejar entrar la luz exterior, pero sin molestar su vista que apenas empieza a acostumbrarse al nuevo día. En su camino al baño, usted notará que su música favorita empezará a reproducirse y la cafetera preparará una bebida, justo como a usted le gusta.

Durante la ducha usted le pedirá a la regadera –la cual previamente ha sido enlazada al smartphone–, que le diga cuáles serán las actividades para ese día. El objeto responderá a través de comandos de voz y el espejo mostrará imágenes de noticias de su interés. Antes de que salga de bañarse, el termostato se encenderá para que la temperatura de toda la smart home sea la adecuada y usted la encuentre agradable.

Usted se pondrá la ropa. Ésta podrá tener sensores y decir si usted está subiendo o bajando de peso. La pulsera o reloj inteligente le enviará, varias veces al día, información sobre su estado de salud a la computadora y base de datos de su médico. Así se creará un historial pormenorizado. Ese mismo gadget le podrá decir cuándo es necesario que tome cierto medicamento. Incluso, en caso extremo, dará aviso a los servicios de emergencia, para que éstos vayan por usted, por ejemplo, si está sufriendo un infarto.

Ese mismo artículo de “cómputo vestible” o wearable le podrá sugerir que porte un paraguas, porque se habrá conectado previamente a internet, revisado el pronóstico del clima y validado las probabilidades de lluvia.

Al ir a la cocina, notará que en el refrigerador están todos los productos que habitualmente consume. Recordará que hace mucho no va al supermercado, pues el refrigerador con conexión Wi-Fi se encarga de pedir todos los víveres necesarios, con entrega a domicilio. Incluso es posible que usted se sienta un poco molesto ante la “sugerencia” del refri de que para mejorar su salud pedirá más agua embotellada y menos refrescos y cervezas en la siguiente compra. Quizá usted le dirá que lo pensará un poco y ordenará que le recuerde esa pregunta en un par de días.

Un rato más tarde, justo antes de salir de casa, el automóvil checará el trayecto para ir al gimnasio. Sabe que irá allí a ejercitarse porque ha registrado sus hábitos de los fines de semana. Gracias a la comunicación con servicios de medición de tráfico vial trazará la mejor ruta.

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Ya en camino, usted podrá ir leyendo o viendo una película en el dispositivo de su preferencia, pues el auto se manejará solo. De hecho será capaz de comunicarse con otros coches, los cuales avisarán cuando hayan registrado un accidente que ocurrió en el camino por el que pasarán. El automóvil bajará un poco de velocidad e incluso dará aviso a otros autos que encuentre en el camino.

Al llegar a la entrada del gimnasio los sensores del edificio lo reconocerán y le darán una bienvenida personalizada pronunciando su nombre. Así pasará gran parte del día. Ya de tarde, el alumbrado público inteligente administrará la energía para regular la intensidad de las luces según vaya cayendo la noche. Al llegar usted a casa todo estará limpio, pues la aspiradora, barredora y lavadora inteligentes habrán hecho su trabajo.

Así se vivirá dentro de muy pocos años.

El inicio

El término de “Internet de las Cosas” (IdC) o “Internet of Things” (IoT) data de 1999 y se atribuye a Kevin Ashton, investigador del Massachusetts Institute of Technology, el MIT.

Fue hasta 2011, con la llegada del protocolo IPV6, cuando se expandieron las posibilidades al hacer factible la conexión de un número casi ilimitado de cosas a internet (se habla de capacidades del orden de un decillón, lo que se representa con un 1 y 60 ceros).

Así se inició el pensar en conectar todos los objetos, equipos, máquinas, edificios, vehículos. De hecho, mediante sensores no muy invasivos, se vislumbra la posibilidad de conectar animales, plantas y personas a la Red.

¿Qué falta para que eso sea realidad?

Básicamente dos condiciones para hacerlo posible: “un mundo conectado y programable”. La primera tiene que ver con la instalación de infraestructura capaz de soportar el tráfico masivo de datos a través de redes alámbricas e inalámbricas. Para lo cual las empresas de tecnología ya destinan presupuestos millonarios (pronósticos de la consultora IDC muestran que el mercado mundial de soluciones será de 7.1 trillones de dólares en 2020).

En tal escenario, Anibal Gonda, evangelista técnico de la firma de tecnología GeneXus, consideró que el “internet de las cosas” apunta a ser la nueva revolución industrial. Será un giro de 180 grados para la economía mundial, en el cual la tecnología va de la mano con las empresas y los mismos gobiernos, con miras de darle a la población una vida más práctica y cómoda”.

La segunda variable tiene relación con la seguridad. “La tecnología está en todas partes de nuestra vida. Tu reloj inteligente ahora contiene datos médicos importantes: ¿Qué ocurre con esos datos, que son transmitidos a través de tu teléfono? ¿Podemos confiar en que serán almacenados en un lugar seguro de la nube? ¿Qué pasa con la facilidad de abrir tu automóvil desde tu teléfono, o incluso encenderlo? Un hacker podría secuestrar nuestro trayecto”, divulgó recientemente Blue Coat Systems.

Esta empresa de seguridad informática agregó que a menos que integremos la seguridad en estas tecnologías, estaremos expuestos a grandes riesgos, y “la tecnología cuya promesa era cambiar nuestra vida para bien, podría resultar en algo dañino”.

A Blue Coat Systems se unen otras voces como la de HP, la cual ha declarado que casi la totalidad de los dispositivos y gadgets que se instalan en las casas inteligentes tienen problemas en el cifrado de la información y su nivel de seguridad no es muy complejo.

De hecho, sin mencionar casos específicos, la empresa global de tecnologías de la información Unisys, reportó casos de hackeo de smart homes, vehículos autónomos y dispositivos médicos conectados. Sin embargo, el mundo está cambiando rápidamente y cada vez hay más iniciativas encargadas de asegurar los protocolos en los que se basa “internet de las cosas”, tendencia que se muestra como el siguiente paso en la evolución de la Red y quizá, también, de la humanidad.

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5 escenarios que el “internet de las cosas” hará realidad

  1. Monitores de salud en tiempo real

Según la empresa de comunicaciones Juniper Networks, los sensores implantados en el cuerpo de una persona con enfermedad cardiaca, detectarán arritmias y otras alteraciones en tiempo real, las cuales una vez analizadas, podrán alertar al paciente de una inminente situación de emergencia.

  1. Servicios en tiempo real

Imaginemos un accidente automovilístico. Luego del impacto, los sensores en el auto envían información a un centro de datos, lo cual dispara una alerta a la compañía de seguros y de acuerdo a la fuerza de la colisión, a los cuerpos de emergencia.

  1. Menos contaminación

En grandes ciudades, como la capital mexicana, la contaminación es causada entre otras cosas, por congestionamientos de tránsito y vehículos que emiten partículas demasiado nocivas. En un día normal las vialidades inteligentes detectarán si es necesario modificar el tiempo del semáforo en determinados cruceros para distribuir mejor la carga vehicular. Del mismo modo, la verificación de emisiones contaminantes se realiza de forma remota mediante sensores instalados en los vehículos, mismos que reportan a las autoridades cuáles autos contaminan menos, para otorgar o revocar los permisos para circular más o menos días. Si algún vehículo circula en un día no autorizado, los sensores en la ciudad pueden detectarlo y emitir la sanción correspondiente.

  1. Casas más inteligentes

En el hogar del futuro, no sólo pueden ser accionados remotamente algunos aparatos electrodomésticos, sino que los distintos equipos en la casa identificarán cuándo los habitantes están próximos a llegar y podrán encender las luces, el aire acondicionado, el calentador de agua y encenderán la TV. Del mismo modo detectarán cuándo el último miembro de la familia ha salido y activarán los sistemas de alarma.

  1. No más objetos perdidos

Actualmente es posible rastrear teléfonos celulares o vehículos, pero si un llavero, una bicicleta o un portafolio pudieran estar conectados permanentemente a internet, el dueño podría localizarlos realizando una simple búsqueda en su navegador.

 

 

 

 

 

 

 

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