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Homenaje a Armando Ayala Anguiano

Al cumplirse un año más del deceso del fundador de Contenido, el Fondo de Cultura Económica organiza un Homenaje a Armando Ayala Anguiano. Participan Esperanza Bolland, José Luis Cortés, Pablo Marentes, Fernando Pérez Correa, modera José Carreño Carlón.

 

Homenaje Rafael Bernal

 

En noviembre de  2014  murió el fundador de Contenido, en su memoria recopilamos algunos testimonios de quienes tuvieron oportunidad de tratarlo y compartir sus ideales .

(Con testimonios de Fausto Alzati, Luis González O´Donnell, Eduardo Mejía, Gabriel Zaid y la Redacción de Contenido)

 

Originario de Abasolo, Guanajuato —coetáneo de Carlos Fuentes, ambos nacidos en 1928— Armando Ayala Anguiano aprendió el oficio de la escritura cuando obtuvo su primer trabajo en Telégrafos siendo apenas un adolescente. Al dominar el código Morse, precursor de los 140 caracteres del Twitter, adquirió esa economía en el lenguaje para decir lo justo, ni más ni menos. Como terminaba muy rápidamente su trabajo, empleaba el resto de su tiempo para leer vorazmente cuanto libro caía en sus manos. Fanático del cine, quedó deslumbrado por los reporteros que veía en las novelas y en la pantalla grande: soñaba con dedicarse a ese oficio. (RC)

Las telecomunicaciones y la meteorología le interesaron tanto que pensó en buscar una universidad donde estudiar estas carreras, pero al poco tiempo cambió de idea y, aprovechando que lo trasladaron al aeropuerto de Tijuana, empezó a estudiar guionismo cinematográfico al tiempo que se entrenaba como aprendiz de carpintero en una fábrica de muebles.

Con intereses y talentos tan variados, era evidente que el joven guanajuatense había nacido para todólogo, es decir, periodista, y decidió probar suerte en el DF. Mientras esperaba que lo llamaran de Hollywood para escribir el guión de alguna superproducción, ingresó como reportero a El Sol de México y ahí aprendió que en la vida real el periodismo no era tan glamoroso como en las películas.

 

Historia reporteada

Ayala no aguantó mucho. Tan pronto como pudo consiguió una beca del gobierno francés para estudiar en París ciencia política. Al mismo tiempo tendió líneas para empezar a colaborar en Visión, una revista estadounidense que se editaba en español para el mercado latinoamericano.

En la Europa de los 50 aún se palpaba el rescoldo de la Segunda Guerra Mundial, pero reporteando por los rincones el joven Ayala descubrió que la desmesurada tragedia no había logrado arrancar las raíces de la civilización. En Francia y Alemania le explicaron que, a diferencia de lo sucedido en el México post-revolucionario, la democracia sí podía funcionar.

Tiempo después Visión lo envió a Buenos Aires, donde Ayala descubrió que incluso en países que apenas se reponían de largas dictaduras, como Argentina, florecía un periodismo joven, irreverente y respondón.

En 1961, a los 33 años de edad, Ayala regresó a México por ver si podía, imitando lo visto en Europa y Estados Unidos, prender la mecha para detonar la modernización del periodismo mexicano.

Lo primero que descubrió el recién regresado fue lo mucho que ignoraba de su propio país. Para ponerse al día, se entregó frenéticamente a estudiar la historia mexicana. Lo segundo que descubrió fue que 8 o 9 de cada 10 textos de historia habían sido escritos para disimular, no para revelar; y comprendió que debía acometer el redescubrimiento de México con el entusiasmo y la desconfianza de un corresponsal recién aterrizado en un país exótico. (LGO)

Un periodista que hizo historia

Probablemente durante su estancia en la capital francesa descubrió su vocación editorial. Se volvió amigo de André Labarthe, fundador en Londres de La France Libre (con Raymond Aron, que lo recuerda en sus Memorias) y fundador en París de Constellation, una revista mensual subtitulada “El mundo visto en francés”. Constellation era parecida (por el formato) y en cierta forma opuesta (por la orientación) al Reader’s Digest. Al mexicano se le ocurrió hacer una revista semejante en español, aprovechando elementos de la revista francesa y Labarthe le cedió los derechos gratuitamente.

Al volver a México se asoció con Novedades (que, además del diario, publicaba un gran número de revistas) para imprimir y distribuir Contenido. La combinación fue un éxito. La experiencia de Fernando Canales, Gerente de Novedades, en todo lo que era circulación y administración, le permitió al fundador de Contenido concentrarse en el contenido. (GZ)

Poco antes de la aparición de su revista el guanajuatense probó suerte y también solicitó su ingreso como becario al prestigioso Centro Mexicano de Escritores(CME), sitio donde se formaron autores como Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Rubén Bonifaz Nuño, entre otros. Ayala ya tenía dos novelas publicadas (Las ganas de creer y El paso de la nada), fue aceptado y su plan era escribir un libro acerca de un joven que regresa a su aldea después de muchos años. Se publicó años después con el título Unos cuantos días.

Tuvo como compañeros de beca a Carlos Monsiváis, Gustavo Sáinz y el dramaturgo Héctor Mendoza con quienes tuvo algunos piques durante las asesorías pero con los que cultivó lazos afectuosos. Armando Ayala Anguiano fue el único becario del CME que durante años más de 30 años aportó anualmente a esta fundación 2,000 o 3,000 dólares, dependiendo de la prosperidad de su revista. (RC)

Terreno minado

Contenido se ajustaba a la fórmula internacional de publicación de interés general, no encajonada en un estrecho nicho del mercado, lo cual le permitía alcanzar gran circulación e independencia económica.

En aquel tiempo la mayoría de las publicaciones mexicanas ―excepto las especializadas en deportes y cómics―, no vivían de sus lectores y anunciantes sino del gobierno. Ayala no pertenecía a ningún cenáculo ni camarilla y para integrar su equipo de colaboradores buscó a jóvenes brillantes destinados a llegar lejos, entre ellos Felipe Garrido, Juan José Morales, Alfonso Perabeles, Ulalume González de León, Emmanuel Carballo y Pedro Bayona. Pronto atraería al ex jefe noticioso de García Valseca, Javier Ramos Malzárraga, y finalmente a Luis González O`Donnell, recién llegado de Argentina.

Lo que en México no se podía ignorar eran las incursiones de Contenido en terreno minado, no sólo en política sino en la “crítica de costumbres”, como se decía en el siglo XIX.

Por ejemplo, en 1967 esta revista reseñó en un “reportaje gigante” titulado ¿Qué es el PRI? la verdadera historia, hasta entonces inédita, del régimen político de aquellos años. El presidente Gustavo Díaz Ordaz se disgustó tanto que estuvo tentado a requisar la edición de la revista. Pasado el berrinche, el presidente sólo autorizó la reaparición de Contenido cuando Rómulo O’Farrill y Miguel Alemán le prometieron mantener a Ayala con rienda corta.

Sin línea editorial

En los 70 Contenido le dio la vuelta a la política y atacó por otros frentes. Por ejemplo, ésta fue la primera publicación de gran circulación en denunciar el desastre ecológico mexicano, y también fue la primera publicación mexicana en prever la catástrofe a que nos conducían las políticas de Luis Echeverría (1970-76) y José López Portillo (1976-1982).

Otra palabra, que todo el mundo entendía y sin embargo nadie ponía en letra de molde, era corrupción. Nuevamente tocó a Contenido romper el tabú: en 1978 se publicó La mordida, vergüenza de México, un gran reportaje del propio Ayala Anguiano y Fernando Martí, galardonado ese año con el premio de la agencia de noticias de España, EFE. (LGO)

En 1981, Cómo podría perder el PRI. Ligó ambos temas con imaginación de novelista: un ayatola mexicano encabezaría una revuelta contra la corrupción. Publicó también ensayos revisionistas de toda la historia oficial, que reunió finalmente en una serie titulada México de carne y hueso. Varios de sus libros vendieron cientos de miles de ejemplares.

Dos anécdotas sobre su independencia. Alguna vez un empresario me comentó cuánto le gustaba Contenido, excepto algunos chistes por los cuales no se anunciaba ahí, aunque con gusto compraría permanentemente la cuarta de forros (el anuncio más caro). Cometí el error de decírselo a Ayala y se enfureció: “¡Nunca permitiré que un anunciante me dé línea editorial!” (GZ)

La dignidad del oficio

Aunque fue novelista e historiador, se enorgullecía en especial de ser periodista, un género que suele olvidar los mayores logros; nadie recuerda, por ejemplo, que fue el primero en hablar en México sobre la contaminación, y puso en duda muchos mitos, como la existencia de los Niños Héroes, el conservadurismo de Maximiliano y el progresismo de Benito Juárez. (EM)

Armando es autor de novelas en las que se palpa la mano nerviosa del periodista, con su afán de veracidad y su prosa fluida. Es, también, el historiador empeñado en mostrar el reverso de la versión oficial, el enemigo de las letras para el mármol, el iconoclasta de la historia de bronce. A lo largo de 40 y tantos años se las ingenió primero, para desnudar la prepotencia de los gobiernos en un país sin alternancia y para señalar puntualmente las barbaridades de la familia revolucionaria; con el país regido por otros colores, Ayala Anguiano mantuvo las banderas en alto, las mismas que lo llevaron a realizar un gran trabajo sobre la corrupción, mismo que le valió en 1977 el Premio EFE internacional de Periodismo, aunque como es muy explicable, se le negó el Premio Nacional de Periodismo, botín de medios cercanos al poder de ayer y de hoy.

Pero si la mezquindad le quitó premios oficiales, durante más de cuatro décadas recibió la mayor gratificación a que puede aspirar un periodista: ser leído. Ganó ese reconocimiento con disciplina y pasión por el oficio y, por supuesto, con muy personales cualidades que lo hacen un personaje irreverente e irónico, culto y sobre todo laborioso.

Tuve con Armando Ayala Anguiano obvias diferencias de enfoque, pero la vida y la profesión me han enseñado que por encima de tendencias políticas, muy por encima de ideologías, importa hacer buen periodismo. Aprendí también que se puede ser un comunicador cumplido y honesto sin renunciar a las convicciones políticas, a condición de cumplir la tarea con veracidad y respeto por las diferencias y los diferentes. Armando Ayala Anguiano nos enseñó que, bajo las más difíciles condiciones, desde una heterodoxia sin estridencias, es posible ejercer el oficio con dignidad. (HM)

Pensamiento liberal

—No me acuerdo cuando conocí a Armando, para mí es como si lo hubiera conocido de siempre. Entre nosotros hubo una química instantánea basada en dos factores: uno, un pensamiento liberal radical pues él era un gran amante de la libertad; y segundo, era un hombre con un entendimiento profundo, sólido, heterodoxo, muy consciente de la historia de México.

Cuando se percibió la alternancia y que Vicente Fox podría llegar a ser presidente de México, llevé a Vicente a cenar a casa de Ayala, eso se volvió un punto culminante en la carrera de Fox porque fue la primera vez que un pensador independiente, un intelectual, no partidista, un hombre de la talla de Armando Ayala Anguiano lo recibió en su casa y le dijo: “bienvenido, sí puedes ser presidente, pero ante todo, comprométete aquí con nosotros (era un grupo muy selecto de intelectuales) , a que vas a ser un presidente liberal”. El entonces candidato se comprometió y respetó su compromiso porque nunca intentó hacer un gobierno religioso y eso es algo que debemos reconocerle.

Ayala tenía una gran capacidad para analizar las cuestiones más agudas del acontecer nacional desde una óptica de amor y cariño a México, basada en su muy particular compresión de nuestra historia. Era un hombre sin ídolos, sin mentiras, amante de la verdad, jamás me atreví a pedirle que por favorecer algún interés político, yo que soy político, torciera ni una coma de su opinión, sé que no lo hubiera hecho y por eso surgió entre los dos una relación de respeto y cariño.

Armando Ayala Anguiano es un hito un punto importante en el desarrollo de la opinión pública en México y nos dejó un legado quizá intangible. Un gran caballero del pensamiento, de la pluma, de la amistad y de un inmenso amor a un México que él quería y amaba sin sacrificar jamás la verdad. (FA)

Regreso a sus orígenes

Lo conocí en plan de jefe, de colaborador, de lector voraz y meticuloso; sobre todo, como amigo, que ponía en duda todo, se burlaba de lo solemne; ejerció una influencia poderosa en sus colaboradores; creó un estilo que copiaron seguidores y competidores y algunos se aficionaron, por él, a los puros; por sobre todo, aunque no era efusivo más que cuando se emocionaba en las conversaciones, fue generoso; eso sí, con mucha discreción. (EM)

En sus últimos años cuando “Contenido caminaba sola”, gracias a sus colaboradores, a quienes preparó con esmero y otorgó las mejores condiciones para desarrollar su trabajo, dedicó más tiempo a la literatura y manifestaba: “voy a ser escritor”.

Empezó a escribir una nueva novela Los fantasmas de Ramón, sin embargo, en su bien cuidada Remington 100, se negó siempre a usar su moderna PC, de vez en cuando se colaban algunos textos periodísticos, preparaba una biografía sobre Vicente Fox y algunos ensayos sobre cómo consolidar la alternancia en el poder. La muerte lo sorprendió en Malinalco. (RC)

Armando Ayala Anguiano hizo libros y reportajes sobre historia de México, pero además hizo historia como organizador de una conversación nacional para lectores muy lectores, que están dispersos por todo el país. (GZ)