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El último tercio

 

  El sexenio actual se ha desarrollado como una corrida de toros en tercios de dos años. Ahora, tras el cuarto informe de gobierno, está comenzando el último tercio.

El primero fue una verdadera luna de miel de Enrique Peña Nieto no sólo con los mexicanos sino con el mundo. El presidente impulsó una serie de reformas estructurales dentro de un pacto en el que participaron, por primera vez en la historia, los tres principales partidos políticos del país: el PRI, el PAN y el PRD.

En 2013 la aprobación de Peña Nieto entre los mexicanos se elevó por arriba del 60%. Los medios internacionales ofrecieron una avalancha de buenos reportajes sobre México que contrastaban con la cobertura del sexenio de Felipe Calderón, en que los temas obsesivos fueron la guerra contra el narco y la consecuente violencia.

Peña Nieto movió a México de la nota roja a las páginas de negocios y creó así un “Mexican moment”. CNN, BBC, The New York Times, The Wall Street Journal y Financial Times, entre otros medios, ofrecieron reportajes positivos sobre nuestro país. En febrero de 2014 la revista Time puso al presidente mexicano en la portada de su edición internacional con un artículo que tituló “Saving Mexico”.

En su segundo informe de gobierno, en septiembre de 2014, un Peña Nieto que parecía en la cima de su popularidad anunció que había llegado a su fin el capítulo de construir reformas y empezaba el de aplicarlas. Las cosas, sin embargo, empezaron a complicarse. La matanza y el secuestro de un grupo de estudiantes normalistas de la radical escuela de Ayotzinapa el 26 y 27 de septiembre, pareció marcar el inicio del segundo tercio del sexenio, el cual ha sido mucho más negativo.

Si bien los índices de criminalidad y de homicidios cayeron desde 2012, a partir de 2015 se ha registrado un repunte. El hallazgo de fosas clandestinas llenas de cadáveres reforzó la idea de que más que una baja en los homicidios lo que se había vivido en los últimos años era una simple ilusión. El desvanecimiento del Pacto con México multiplicó las críticas de los partidos de oposición. El escándalo de la “Casa Blanca”, la mansión adquirida por la esposa del presidente a Grupo Higa, un contratista gubernamental, dañó fuertemente la imagen de Peña Nieto.

La falta de crecimiento de la economía, a pesar de las promesas de que las reformas estructurales generarían una expansión sostenida, afectó también la popularidad del gobierno. Lo mismo ocurrió con las movilizaciones de la CNTE contra la reforma educativa, cuyos bloqueos afectaron a millones de personas. La aprobación del presidente ha caído a niveles apenas superiores al 30%.

Si bien el último tercio del sexenio no empezará formalmente hasta el 1 de diciembre de este 2016, la tradición política hace que este periodo inicie de manera práctica a partir del cuarto informe de gobierno. Los partidos políticos estarán atentos a los comicios de 2017, especialmente las elecciones del Estado de México, la entidad más poblada del país, pero algunos aspirantes están ya moviendo sus fichas para las candidaturas presidenciales de 2018.

El desempeño de la economía será particularmente importante en este cierre de sexenio. Quizá la promesa más importante de Peña Nieto como candidato fue que triplicaría el ritmo de crecimiento para llegar a 6% al año. En lugar de eso la economía ha mantenido su decepcionante expansión de 2% al año.

Cuando Enrique Peña Nieto ganó las elecciones de 2012 muchos lo festejaron porque creyeron que regresaba al poder un partido que sí sabía gobernar. Al inicio del último tercio del sexenio el presidente tendrá que hacer un gran esfuerzo para convencer a los ciudadanos de que no se equivocaron

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