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Edmundo O’Gorman y el Diablo

 

 

Una inquietante historia, una investigación inconclusa acerca del demonio en la época de la Conquista y la presencia de uno de los historiadores más connotados del país.

 

 

Hace seis meses la señora Gloria Rodríguez Fernández, asidua asistente a las conferencias semanales del Centro de Estudios de Historia de México Carso, solicitó una cita para hablar conmigo sobre un asunto de suma importancia. Días después tuve el gusto de encontrarme con ella en la oficina.

Sostuvimos una amplia conversación sobre varios temas. Me enteré que es hermana de una gran actriz de teatro y televisión de los años sesenta, setenta y aun inicios de los ochenta: Alicia Rodríguez. Recordé el programa Miércoles de teatro, que veía con mucho interés y también recordamos al actor Ángel Garasa, que semana a semana compartía los créditos con Alicia.

Entrando en asuntos más relacionados con el Centro de Estudios, doña Gloria me contó una historia que despertó de inmediato mi atención y mi asombro. Ella se había recibido como historiadora en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1976, con el tema Los Olmecas Metropolitanos y su expresión mágico-religiosa, lo que le valió la distinción de mención honorífica.

El tema que abordó Gloria Rodríguez se encontraba muy lejos de ser del interés de su maestro Edmundo O´Gorman (1906-1995) durante el curso de historiografía que impartió en la Facultad en 1950. Él como importante historiador –considerado uno de los mejores estudiosos mexicanos del siglo pasado, y creador de una nueva visión de la historia–, no comulgaba con temas relacionados con el mundo prehispánico. Así que trató de persuadir a su estudiante para que cambiara de asunto. Como Gloria era una alumna destacada, O´Gorman decidió ser su director de tesis, si es que aceptaba su invitación a abordar un tema que distaba mucho del mundo antiguo.

La conversación se deslizaba con un interés mutuo. Pero internamente me preguntaba: “¿Cuál era la razón por la que doña Gloria pidió hablar conmigo? ¿Informarme de sus estudios? ¿Mostrarme su tesis de licenciatura que venció el gusto de O´Gorman?”.

El historiador fue miembro del Consejo Consultivo del Centro de Estudios desde su fundación. A él se debe, en parte, la formación de la biblioteca así como las sugerencias para la adquisición de algunos archivos virreinales. Sin duda alguna, su presencia sigue en Chimalistac.

“Doña Gloria, entonces ¿cuál es su inquietud?”, pregunté. Un poco conmovida me comentó que don Edmundo la trató de convencer para que hiciera una tesis de la cual él ya tenía toda una investigación y llevaba años revisando fuentes primarias, como los grandes cronistas del siglo XVI: Hernán Cortés, Joseph de Acosta, Jerónimo de Mendieta, Juan Suárez de Peralta, entre otros, así como documentos tempranos.

El tema: El Diablo en la Conquista. “¡Qué tema doña Gloria! ¿Por qué no lo abordó?”, interrogué. Entonces vino lo asombroso: O´Gorman no pensaba continuar con la investigación por la sencilla razón de que el Diablo le empezó a enviar mensajes de su presencia. ¡Estremecedor! Puertas que se cerraban solas, ruidos inexplicables en su casa de San Ángel, como cadenas que se arrastraban en la escalera de ladrillo, cambio de objetos como los libros de su biblioteca o del buró de su habitación, así como la fotografía en blanco y negro de su maestro José Gaos. Señales que interpretó como que debía dejar el tema. El Diablo lo empezaba a perseguir. Increíble, sobre todo viniendo de un hombre escéptico.

Doña Gloria se quedó con la investigación prometiéndole estudiarla más adelante. Los años pasaron. Ella se tituló con el tema que le llamaba la atención. La investigación la conservó con gran cuidado y, con el tiempo, la olvidó. La joven historiadora guardó en un baúl el sobre de papel manila que contenía más de 500 fichas escritas por O´Gorman, además de las tarjetas de la bibliografía sobre el tema en los primeros años de la Conquista. Resulta que lo olvidado no quiso más estar encerrado. Gloria se mudó de casa y más de 60 años después desempolvó el sobre. Fue entonces que pensó que ese tesoro no podía quedar en el olvido. Y por esta razón pidió la cita con el director del Centro de Estudios de Historia de México Carso.

Es así como O´Gorman se volvió a presentar más de dos décadas después de su deceso en mi escritorio. Como dice Elizabeth Kubler Ross, en la vida no hay casualidades, hay causalidades.

Aunque también me aterra el tema, la tarea está iniciada: darle vida a esa investigación de O´Gorman y, claro, publicarla tal y como la dejó antes de abandonar el proyecto.

¿Se me aparecerá también a mí el Diablo?