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La clase media es un mito genial

 

Sin politiquería y sin las percepciones generadas por un consumismo ficticio e irracional, en México o eres rico o eres pobre. Punto.

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Las estadísticas siempre tienen que leerse con mucho cuidado. Y así lo entendí a partir de un ejemplo personal muy cercano. Durante una comida celebrada en un restaurante de más de tres cubiertos, en que no sabes si agradecer o no la invitación, al final el convocante dijo con singular alegría: “Perfecto, a pagar. La cuenta es de tanto y se divide entre tantos, a partes iguales para que nadie quede inconforme”.

El problema para mí fue que al analizar el promedio, el resultado aseguraba que entre mi colega y yo nos zampamos tres arracheras (1.5 cada uno), cuando en realidad el “come cuando hay” de mi acompañante se engulló dos platillos completos (guarnición incluida), mientras que su servidor apenas y pudo con uno. Igual ocurre con los datos a escala nacional.

Si la gente sólo atiende los promedios, entonces suspirará satisfecha y dirá: “Uff; en verdad pensé que estábamos mal”. Pero esa percepción equivocada se apega igual para los resultados en educación, salud, nutrición y desigualdad económica. Casi todos los análisis aseguran, sofisma estadístico, que la realidad es menos cruda de lo imaginado cuando, en verdad, es peor de lo elucubrado.

Y el problema se agrava todavía más cuando, al final de tanto repetirse una verdad creada por la “estadística-ficción”, la gente comienza a creerse dicha fantasía y a repetir frases, cual zombi de película setentera del siglo pasado, como: “No soy pobre, no soy pobre, no soy pobre…”.

 

¿Somos pura imagen?

Carlos Jeffrey McCadden Martínez y Miguel Diego de Guadalupe del Castillo Negrete Rovira, coautores del libro La clase media en México, lanzan una pregunta y, a su juicio, la rematan con una respuesta: “¿Por qué no está en la agenda nacional la construcción de una clase media? Quizá porque la mayoría de los mexicanos se considera a sí mismo como de clase media, por toda la carga simbólica que el concepto implica”. (Más información en nuestro espacio de Realidad Aumentada.)

Y agregan: “Paul Krugman (Premio Nobel de Economía 2008) ha aclarado que ser de clase media implica tener seguridad (seguro médico, estabilidad en el empleo y ahorros suficientes para enfrentar una crisis); oportunidades (poder dar a los hijos una educación y contar con el acceso a posibilidades de trabajo decente). Si somos honestos, debemos admitir que tanto en Estados Unidos como en México muy pocas personas gozan de seguridad y oportunidad en la actualidad”.

Lo comentado tanto por Carlos Jeffrey como por Miguel Diego me hicieron recordar una frase de Adam Smith, el llamado padre de la economía moderna: “Esta disposición a admirar y casi a idolatrar, a los ricos y poderosos, y a despreciar o, como mínimo, ignorar a las personas pobres y de condición humilde, es la principal y más extendida causa de corrupción de nuestros sentimientos morales”.

Así que, para acabar pronto, urge regresar a lo básico; dar la espalda a la deformación educativa basada en competencias y recuperar el conocimiento formativo de los clásicos, de las humanidades, si en verdad queremos revertir la realidad que nos golpea inmisericorde: en México, la clase media es un mito genial.

 

¿Somos un país desigual?

El índice de Gini mide hasta qué punto la distribución del ingreso (o, en algunos casos, el gasto de consumo) entre individuos u hogares dentro de una economía, se aleja de una distribución perfectamente equitativa. Así, un índice de Gini de 0 representa una equidad perfecta, mientras que un índice de 100 representa una inequidad perfecta. A continuación los datos de nuestro México:

Año Índice Gini
1984 48.95
1989 54.3
1992 51
1994 51.7
1996 48.5
1998 49
2000 51.7
2002 49.5
2004 46
2005 51.1
2006 48
2008 48.2
2010 48.1
2012 48.1

Fuente: Banco Mundial (sólo datos disponibles de 1984-2012).