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¿Están bebiendo más las mexicanas?

Diversos testimonios revelan que las mujeres, sobre todo las jóvenes, ya consumen alcohol a la par que los hombres.

mujeres-alcoholismo

Las estadísticas oficiales y privadas aún no dan cuenta del fenómeno en toda su dimensión. De hecho, parecería que algunos trozos de la realidad contradicen los registros en que se asegura que las mujeres mexicanas se mantienen más o menos estables en su consumo de alcohol en relación con los varones. Pero ¿en realidad es tan estable ese consumo?

La perspectiva a nivel macro, a escala país, no ha motivado que se disparen las alarmas. La proporción de mujeres que tienen problemas de dependencia con el alcohol crece, sí, pero no tanto como para que las autoridades sanitarias implementen iniciativas públicas que desalienten esa tendencia.

Sin embargo, en muchos hogares mexicanos las campanas de alarma repiquetean con fuerza a causa de este fenómeno social.

Es cada vez más frecuente que en bares, cantinas, restaurantes y antros, en las fiestas y reuniones escolares, en las tertulias familiares o laborales, grupos de mujeres se reúnan a conversar entre ellas o acompañadas de amigos y parientes. En esos círculos el ingrediente infaltable es el alcohol, el lubricante social por excelencia desde hace miles de años. No obstante, usado con exceso, ese lubricante se convierte en un riesgo para la integridad personal.

Ramiro González es un padre de familia quien, al igual que muchos más en este país, atestiguó cómo una de sus hijas de 16 años y que estudia la preparatoria, empezó a ir a fiestas con sus compañeros los fines de semana.

“Es normal que las chavas tomen, papá –solía decir la joven–; de hecho algunas amigas ya llevan varias borracheras, con vómito y todo el show”. Pocas semanas después de confesar tal cosa, esa misma joven empezó a sufrir los efectos de todo el show.

“Fue cuando decidimos su mamá y yo limitar las salidas, ir por ella en la noche a las pocas fiestas a las que la dejábamos ir y preguntar mucho más acerca de su grupo de amigos. No podemos prohibirle que socialice, pero el peligro de esas fiestas es muy real para su integridad física, sexual y emocional”, dice el señor González a Contenido.

 

El precio de la libertad

El alcohol, a diferencia de otras drogas, es socialmente aceptado. Su accesibilidad es abundante, sedistribuye en múltiples centros de venta y se sirve en lugares públicos; pero es en el mismo hogar, en reuniones y celebraciones, donde se empieza a incentivar su uso.

En entrevista, el ex presidente de la Asociación Mexicana de Hepatología, Jorge Luis Poo, experto en enfermedades del hígado, manifiesta que “como sociedad no somos tan mal portados: según las encuestas de salud, el 70% de la gente en México no bebe, y del 30% que sí toma alcohol, sólo el 4.1% de los hombres tiene un problema de adicción, y de las mujeres apenas alrededor de 1.8% tiene una dependencia, que beben diario”.

El especialista reconoce ante Contenido que “es real que hay una apertura de las mujeres a animarse a consumir más alcohol, más de lo que estábamos acostumbrados como sociedad”.

Para el doctor Poo, “cuando las mujeres descubren sus libertades, una de ellas es elegir beber pero ya no en el contexto de una reunión familiar sino con el grupo de amigas o amigos”.

Una opinión semejante es la de Erick Díaz, director de la organización Convivencia sin violencia, que aboga por un beber responsable en los adultos y de cero tolerancia al consumo en los menores de edad.

“Las mujeres jóvenes tienen hoy mayores libertades –dice a Contenido–. Hoy ya se va dando más igualdad entre hombres y mujeres y eso se traduce en que ellas ven que pueden hacer lo mismo, incluso en lo que los hombres lo estamos haciendo tan mal, como es abusar del alcohol”.

Según la experiencia de esta organización civil, “una cosa es lo que dicen las estadísticas y otra la realidad; vamos a los colegios y nos damos cuenta que chavitas de primaria, el 80% de quinto o sexto, ya ha consumido alcohol”.

Sin embargo, Díaz coincide con el hepatólogo Poo que México no es el país que más consume bebidas espirituosas: “Tenemos el lugar 10 en América Latina en cuanto volumen –y por ello las compañías que venden alcohol nos ven con un potencial enorme para crecer–; pero ahí no está el problema, sino en el modo explosivo en el que bebemos”.

El alto consumo por parte de las mujeres se puede constatar fácilmente en las concentraciones urbanas y en los centros de estudios superior, medio superior e incluso en secundaria, que es donde jóvenes de ambos sexos entran en contacto con las sustancias legales e ilegales.

Según la doctora Gabriela Gutiérrez Reyes, jefa del Laboratorio del Hígado, Páncreas y Motilidad (Hipam), de la Facultad de Medicina de la UNAM, “que el alcohol sea la sustancia adictiva más aceptada e incluso se aliente su consumo como una forma de integración a los diferentes grupos sociales”, son factores que inciden en el aumento del consumo nocivo entre jóvenes.

Esta especialista, en la publicación Prevención e Hígado –liderada por el doctor Poo–, afirma que el consumo moderado y hasta benéfico de alcohol es de “dos copas para los hombres y una para las mujeres, por ocasión”. Si se hace de esa manera el consumo puede ser diario y aporta salud cardiaca, sobre todo si es cerveza o vino, que tienen efectos antioxidantes.

“Lamentablemente los hábitos de consumo de los jóvenes mexicanos se alejan de esa realidad, la gran mayoría son bebedores de fin de semana y lo consumen de forma nociva”, es decir, de tres a cuatro copas por ocasión para hombres y mujeres, respectivamente. Las mujeres “llevan la delantera en el aumento del consumo según las observaciones realizadas en el Hipam”, dice la doctora Gutiérrez Reyes.

 

¿A revisar las cifras?

Según la Encuesta Nacional de Adicciones 2011 (ENA), acaso 6% de la población mexicana desarrolla dependencia hacia el alcohol, unos cinco millones de personas: “La proporción de mujeres adultas con dependencia (1.7%) es similar a la observada en mujeres adolescentes (2%), indicando un fenómeno más reciente”, señala el informe, y apunta que poco más de la mitad de la población se inició en la ingesta antes de los 17 años, y que la cerveza es el producto más consumido seguida de los destilados.

No existen particulares focos de alerta en cuanto al alcohol, pero sí ante el consumo de drogas como la cocaína o la marihuana. La ENA señalaba que las mujeres del Distrito Federal, Baja California, Sonora, Sinaloa, Zacatecas, Aguascalientes, Jalisco, Colima y Nayarit reflejaban mayores problemas de adicción como el alcohol, tabaco, y otras drogas.

Según la mayoría de los entrevistados por Contenido habría que revisar las estadísticas para que estuvieran más acordes con la realidad. Porque no sólo en las jóvenes e inexpertas existe el riesgo del incremento en la ingesta alcohólica. El fenómeno también se da en mujeres en edad productiva, tanto ejecutivas como amas de casa, y no sólo en México sino en el mundo.

Una investigación de Francesca Borgonovi y María Huerta, de la London School of Economics, reveló que las mujeres con mayor nivel educativo tenían más inclinación a beber mayores cantidades. No es un secreto que las mujeres con estudios universitarios no se casan y tampoco se embarazan en sus veinte, lo que les permite tener una vida social más activa, donde el alcohol entra en escena.

Otro estudio, este de los Centros de Integración Juvenil en México, dice que entre los estudiantes de bachillerato y universidad, se descubrió que las jóvenes de 15 a 23 años abusan del alcohol para desinhibirse y en consecuencia poder “bailar, reventarse y ligar” en fiestas, bares y antros. Ven el alcohol como algo fashion, perciben que “se ve bien”.

Así, las causas del exceso de ingesta son variadas según la edad y ocupación de las mujeres. Tanto la diversión adolescente, la socialización intelectual o social, como las preocupaciones y el estrés cotidianos con o sin hijos entran en la ecuación.

David Ureña, de la asociación civil Central Mexicana de Alcohólicos Anónimos (AA), ejemplifica estas situaciones: “Sabemos de casos en que, si son mamás, llevan a la escuela a sus hijos pero desde que se levantan están bebiendo. O que se sienten mal en plena puerta del colegio y ahí mismo vomitan. O que una vez que dejan a sus hijos y se va su marido a trabajar, siguen haciendo sus labores de la casa pero beben durante toda la jornada, todos los días. Y lo peor es que tanto ellas mismas como sus familias tratan de que esas situaciones no salgan a la luz, sufren al interior del hogar, viven solas su drama, porque el estigma social de una mujer que tiene problemas con el alcohol es muy fuerte”, declara a esta revista.

Para Ureña el problema básico es que cuando la mujer empieza a tener problemas con el alcohol no suele hacerlo evidente.“Está estigmatizado socialmente, muy escondido, la misma mujer lo oculta; no es muy común ver dando tumbos a una mujer por la calle, las familias las esconden, y eso hace que no sean tan precisas las encuestas de las autoridades”, comenta.

Además, las mujeres tardan demasiado en pedir ayuda. Lo hacen cuando su problema se agrava y no suelen acercarse oportunamente a los centros de ayuda como los de AA, que con su número 1800-2169231 puede acudir a los domicilios y apoyar sin ningún costo.

Pero razones como las referidas son las que podrían ocasionar que México no conozca con precisión la cifra negra de este problema, una cifra que sólo se insinúa detrás de los cálculos de los expertos médicos que están en las trincheras al cuidado de mujeres con ingesta alcohólica desmedida.

 

 

A cuánto equivale “una copa”

Las cantidades para tequila, ron, whisky y vodka son semejantes.

 

Tequila: 45 ml (o 1.5 onzas, un caballito)

Vino de mesa: 120 ml

Cerveza: 350 ml

 

 

 

 

 

Ellas y las drogas

Según los informes oficiales las mexicanas en 2011 mostraban estos parámetros:

Droga            %

Alcohol           53.0

Tabaco           13.7

Marihuana    12.4

Solventes       11.0

Cocaína          1.0

 

Ellas son:

Solteras                      71.4%

Menores de 18 años            49%

Entre 36 y 65 años  27%

Entre 18 y 34 años  19.7%

Con secundaria        53.7%

Con bachillerato                   13.6%

Estudios superiores 13.6%

Con primaria            13.6%

Postgrados                6.0%

 

Fuente: ENA 2011

 

 

El nocivo “Qué dirán”

Según Alcohólicos Anónimos México las mujeres acuden muy poco a pedir apoyo de los 14,650 grupos de ayuda mutua de esta organización. El estigma social pesa en esa decisión.

 

Miembros AA

Hombres        91%

Mujeres         9%

 

Mujeres que integran grupos AA

Ninguna         52%

De 1 a 5         43%

De 6 a 10       3.0%

De 11 o más  2%

 

 

(José Ramón Huerta)

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