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Conoce al “Da Vilchis” mexicano, un pintor de exvotos

Publicado originalmente en 2003 este artículo da cuenta de la vida de Alfredo Vilchis, llamado el “Da Vilchis” mexicano, un pintor de exvotos que ha expuesto su obra en Estados Unidos y Europa y en el mismísimo Museo de Louvre.

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En 1966, mientras acompañaba a su madre a la Basílica de Guadalupe, Alfredo Vilchis Roque –un defeño que rebasa el medio siglo, bigotón, de estatura media y complexión robusta – se perdió. Al menos eso creyó su madre, que lo buscó angustiada por el templo y sus alrededores y al cabo lo encontró embelesado en la contemplación de los exvotos –cuadritos realizados por creyentes o pintores populares en láminas metálicas generalmente de no más de 25 por 35 centímetros para solicitar milagros o dar gracias por favores recibidos – y le propinó una buena tunda.

Años después, cuando perdió su empleo (era albañil), Vilchis invocó a la virgen para que lo ayudara a encontrar nuevo trabajo y a cambio fue iluminado: se dedicaría a pintar, valido de su habilidad natural para el dibujo. Primero empleo trastos de madera, cartón y hasta cazuelas de barro que vendía en la Zona Rosa y en San Ángel, en el DF. Luego se especializó en miniaturas.

Un día cayó en sus manos un exvoto antiguo dedicado a la virgen de Guadalupe que le despertó la nostalgia y pagó una pequeña fortuna por él. Interesado por el tema, comenzó a pintar algunos retablitos y a investigar sobre el tema.

Así aprendió que los exvotos se desarrollaron en América por imitación de la iconografía europea –los nobles solían hacerse retratar junto a su santo predilecto – y su uso se extendió rápidamente entre las clases populares al tiempo que surgieron reglas propias de elaboración: los artistas pintan un representación de la imagen venerada, una ilustración del favor agradecido, donde siempre aparecen los suplicantes, y un texto que lo explica. Generalmente las leyendas están escritas con tortuosa ortografía y sintaxis arrebatada (Ver: El humorismo involuntario de los retablos mexicanos, Contenido, Dic. 1977).

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Revolución pintada: A la fecha Vilchis reunió una colección de cientos de retablos modernos y antiguos y elaboró otros miles dedicados casi todos a la virgen de Guadalupe, el santo niño de Atocha, la virgen de San Juan de los Lagos y san Judas Tadeo; en muchos aparece un personaje de su invención, “el arcángel justiciero”, abocado a proteger al donante del exvoto.

Considerado por él mismo un «cronista de la fe», Vilchis también ilustra con retablos sus vivencias o noticias de las que se entera por los medios de comunicación: –Invariablemente son pequeñas historias que tienen un principio y un final feliz y lo primero que hago es meterme al pellejo del donante, para traducir sus sentimientos –relata –. Uno de mis primeros exvotos versó sobre un espectacular accidente automovilístico ocurrido en la esquina de mi casa, del que un niño salió ileso por milagro.

Otro de los retablos preferidos de Vilchis lo inspiró una nota periodística sobre un paralítico que agradecía a un luchador por haberle regalado una silla de ruedas. Empeñado en plasmar la vida moderna en los exvotos, el defeño no duda en incorporar temas como el terremoto de 1985; los ovnis; el viagra o el atentado contra las Torres Gemelas, a más de asaltos, secuestros y desorejados y cornudos.

Vilchis ganó fama de buen retablista primero en su barrio, Minas de Cristo, al oriente del DF, luego en la Zona Rosa y finalmente en el mercado de la Lagunilla, donde los vende en su propia tienda, El rincón de los milagros. Apodado sucesivamente “Juan Diego” (por su parecido al santo); “Leonardo da Vilchis” y finalmente “El pintor del barrio”, Vilchis asegura que los pintores que más influyeron en su estilo fueron Diego Rivera y Frida Kahlo («los considero mis maestros, aunque por supuesto jamás los conocí en persona») y para homenajearlos pintó un exvoto con la bandera mexicana al fondo, ambos pintores al frente y al centro un feto que representa a Vilchis conectado por un cordón umbilical a una paleta.

Gracia divina: Además de agradecer milagros en sus pinturas, Vilchis también plasma episodios históricos: el año pasado expuso en el Museo de la Revolución Mexicana “La revolución encomendada”, una colección de 70 retablos inspirados lo mismo en la huelga de Río Blanco que la firma del Plan de Ayala: –Me documenté en libros y revistas como la serie México de Carne Hueso, de Contenido, y aprendí de historia mucho más que en la escuela –asegura.

Uno de los retablos de la exposición representa a un sacerdote apellidado Polo, acusado por los carrancistas de apoyar a los zapatistas, que al cabo lo rescataron en 1914 luego de que los “carranclanes” le rebanaran las plantas de los pies, por “traidor”; en otro exvoto un revolucionario agradece a don Ramón Nonato porque nadie se dio cuenta que fingió disparar a Emiliano Zapata durante su muerte en la hacienda de Chinameca; en uno más alude a la muerte de Madero y en otro un revolucionario da gracias a la virgen de Guadalupe por haberle permitido cargar la bandera durante la entrada de Zapata y de Villa a la capital.

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Aunque la profesión de retablista no es muy bien pagada, los tres hijos de Vilchis (Hugo, Alfredo y Daniel) decidieron seguir las huellas del padre: –Únicamente deploro que dejaron de estudiar, pero no me desanimo: cada mañana ruego a san Judas Tadeo que los ilumine para que regresen a la escuela –reflexiona –. Lo bueno es que los 3 comprenden que este oficio no es para volverse ricos, sino para fungir de intermediarios entre la Dios y la gente.

Y la gracia divina tal vez lo cobija, pues su trabajo comienza a ser reconocido dentro y fuera de México: regularmente, coleccionistas y corredores de arte compran su producción y a finales de este año la casa Editions du Seuil (“Ediciones del umbral”) publicará en Francia un libro con 250 obras de Alfredo Vilchis y de sus hijos, además de críticas de coleccionistas: –Siempre agradezco a la virgen que me haya esclarecido la mente para tomar este florido camino –asegura – que si bien a veces no da para vivir siempre deja muchas satisfacciones.

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