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Una Iglesia de 2,000 años

 

La Iglesia es la institución humana más exitosa de la historia. Ninguna otra ha subsistido tanto tiempo a pesar de los cambios en la sociedad, la tecnología y la cultura universal, pero es tiempo también de modernizarse.

 

La visita del Papa Francisco demostró su poder de convocatoria y su carisma personal. En un México donde crece cada vez más el escepticismo ante toda figura de autoridad, hizo escuchar su voz frente a poderosos y pueblo llano. No es un logro pequeño en el ambiente negativo que se vive en nuestro país.

Una gran pregunta ahora es si una visita papal puede cambiar a un país en el que violencia y corrupción han tomado carta de naturalización al grado que el propio presidente afirma que la corrupción es un fenómeno cultural. Otra pregunta es si esta visita, que generó un enorme entusiasmo de la población a pesar de los excesos de seguridad de las autoridades, puede reanimar una fe católica que ha venido perdiendo terreno a lo largo de los años. En el censo de 1970 el 96.2% de los mexicanos se declaraba católico. Para 2010 la cifra había bajado a 82.9%. Es un cambio muy importante en apenas 40 años.

Algunos han dejado el catolicismo porque se han unido a otras religiones, particularmente evangélicas, que ofrecen una mayor participación y entusiasmo. Otros se han vuelto ateos o simplemente agnósticos. Muchos se dicen católicos pero sólo asisten a misa en bautizos, bodas y funerales. Otros se consideran católicos pero no acatan las normas, especialmente morales, de la congregación.

El Papa Francisco ha demostrado que la Iglesia puede convertirse una vez más en una fuente de actitudes y conductas positivas. No hubo nada más sorprendente en su visita que ver a políticos y obispos aplaudir cuando el propio pontífice los cuestionaba por la corrupción. Pero pasar de las palabras a los hechos es mucho más difícil. No sería ésta la primera vez que un Papa llega a México y se lleva el corazón de los mexicanos sin que nada cambie a su partida.

La Iglesia debe empezar el cambio. Su primera responsabilidad es involucrarse más con la gente y no solamente para obtener dinero u organizar fiestas populares. Los evangelistas han mostrado que hay una gran masa de población que quiere una religión más intensa y participativa.

            La Iglesia debe también modernizarse. La exclusión de las mujeres del sacerdocio, producto de una discriminación histórica, debe cesar. Si bien es cierto que Jesús sólo escogió a hombres como apóstoles, también escogió únicamente a judíos. Pero nadie pretende que los sacerdotes católicos sean hoy judíos.

Puede entenderse su rechazo al aborto ya que, si se considera que la vida comienza en la concepción, puede argumentarse que el aborto es un homicidio. Pero no son aceptables entonces las restricciones a los anticonceptivos. La manera más eficaz de reducir el aborto es promover el uso de anticonceptivos, particularmente entre los jóvenes. La exclusión de divorciados de las celebraciones eucarísticas es también una discriminación sin sentido, especialmente en un tiempo en que el divorcio es tan común.

La Iglesia es la institución humana más exitosa de la historia. Ninguna otra ha subsistido 2,000 años a pesar de los cambios de vida, tecnología y cultura. Como institución ha tenido buenos momentos, como cuando luchó contra la opresión del Imperio Romano, pero otros muy malos también, como cuando recurrió a la tortura y el homicidio para controlar la vida y el pensamiento de la gente.

Hay una filosofía positiva en el catolicismo. Pero no es la de las imposiciones moralistas. La mejor parte es la que surge de la filosofía del amor a los pobres que impulsaron san Francisco de Asís y la madre Teresa de Calcuta. El Papa Francisco parece querer recuperar esa filosofía. Si logra avanzar en ese camino, quizá la Iglesia pueda sobrevivir otros 2,000 años.

 

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