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¿Perú dará otra oportunidad al fujimorismo?

ELECIONES

El próximo 5 de junio Perú elegirá a quien lo gobernará en el siguientes cinco años. Durante la campaña previa lo que interesó, apasionó y polarizó fue el hipotético triunfo de Keiko Fujimori, candidata de la organización centro-derechista Fuerza Popular.

A Keiko, como ella gusta de ser identificada, unos idolatran y otros repudian por ser la primogénita del controvertido presidente que hace dos décadas y media dio paz y estabilidad al país sudamericano, al mismo tiempo que destruyó sus instituciones y tejió la red de corrupción más tenebrosa.

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Alberto Fujimori gobernó entre 1990 y 2000. La mitad de la sociedad peruana, en la que está el sector más pobre y marginado, lo recuerda con gratitud por haber controlado la inflación de más del 12,000%, y traído la paz, al liquidar al grupo guerrillero Sendero Luminoso, responsable de 31,000 asesinatos de civiles inocentes.

La otra mitad se refiere a este periodo como “una pesadilla” debido a graves abusos a los derechos humanos y al autogolpe de Estado que incluyó la disolución del parlamento y del poder judicial para instaurar “la más cínica y rapaz cleptocracia”.

El ex mandatario no quedó impune. En 2009 fue condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad y recibió sentencia por malversar fondos públicos (las autoridades calculan que fueron 6,000 millones de dólares). Sin embargo, el pasado ha revivido con la posibilidad de que su hija gane los comicios.

ERRORES AJENOS

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“He cargado una gran mochila llena de errores de terceros y otras personas, y nunca dejaré que mis dos hijas carguen lo que he acarreado durante muchos años”, ha reiterado Keiko, quien promete una y otra vez no cometer los “errores” de su padre. Para dar prueba de su decisión firmó en público un documento que compromete a su hipotética presidencia a garantizar los derechos humanos y el orden democrático.

Nacida hace 40 años en Lima, Keiko Sofía Fujimori Higuchi fue primera dama del país entre 1994 y 2000, luego del divorcio de sus padres. Dedicó los siguientes seis años a formar una familia con el empresario estadounidense Mark Villanella, a quien conoció cuando ambos estudiaban la maestría en administración de empresas en la Universidad de Columbia. Inició su carrera política en 2006 cuando fue electa congresista.

En 2011 contendió por la presidencia y quedó en segundo lugar con 48.5% de los votos. Ocupó ese capital político para consolidar al partido Fuerza Popular y preparar su segunda candidatura, la más votada en la primera vuelta electoral efectuada en abril pasado.

MANO FIRME

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Detractores de la candidata le reconocen haber arrastrado a su fuerza política al centro del espectro político, una osadía en un país tan conservador que se horroriza con temas como el aborto o las uniones civiles entre personas del mismo género.

En su campaña prometió incluir un “shock” en el gasto de infraestructura para reavivar la economía que crece por encima del promedio latinoamericano pero presenta síntomas de agotamiento debido al abaratamiento de sus exportaciones minerales; asimismo ha hablado de incentivos fiscales para las micro y pequeñas empresas.

Sus partidarios la alaban porque promete mano firme para combatir al crimen. Propone entrenar a miles de agentes para patrullar las calles y nuevas prisiones para delincuentes peligrosos que se construirán fuera de la cobertura de la telefonía móvil. Así los presos no podrán extorsionar u ordenar asesinatos desde sus celdas.

“Los problemas para Keiko no están en su pasado, comienzan con los señalamientos de corrupción y actividades delictivas que involucran a su organización política”, apuntan analistas de distinta orientación política. Para comenzar están las sospechas del origen de sus multimillonarios fondos de campaña, recabados, según la versión oficial en “concurridos cocteles a los que acceder cuesta 500 dólares por persona”.

Joaquín Ramírez (izq) es el el cerebro financiero de la candidata.

Luego está la investigación por parte de la DEA a Joaquín Ramírez, secretario general de Fuerza Popular hasta hace unas semanas, por presunto lavado de activos.

Actualmente 5 de sus parlamentarios están sujetos a investigación bajo sospecha de tener vínculos con el crimen organizado. Y en el arranque de la campaña electoral, sociólogo Jaime Antezana, especialista en temas de narcotráfico, dijo que 17 candidatos de Fuerza Popular recibían dinero de capos regionales del tráfico de cocaína.

En ninguno de los casos la aspirante presidencial se ha deslindado. A Ramírez lo apartó del cargo partidista, pero lo mantuvo en su círculo cercano. Y también dio un trato benévolo a José Chlimper, el nuevo secretario general de Fuerza Popular, acusado de orquestar la difusión de un audio editado para exculpar a su antecesor.

¿DE TAL PALO?

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“¿Qué se puede esperar de Keiko con colaboradores de tan baja calaña? Se preguntan los analistas para quienes la lideresa ha retomado los peores usos y costumbres de la época de su padre.

Ese razonamiento lo comparte el otro candidato presidencial en contienda, el centroderechista Pedro Pablo Kuczynski, seguro de ganar votos cuando advierte a la población “que hijo de ratero, ratero será”, y en términos más políticamente correctos cuando se presenta como la única opción para impedir que su país repita la historia de hace 25 años.

En unos días se sabrá cuál es la decisión de los peruanos.

(Por Pedro C. Baca)