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Aire contaminado

 

 

Para Gabriel Zaid el problema de la contaminación se debe a la falta de tiempo y no al costo ni a la carencia de soluciones.

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La contaminación del aire tiene causas, consecuencias y remedios estudiados por décadas. El monitoreo en México lleva medio siglo. Si el problema continúa, no es por falta de soluciones. Tampoco por su costo, menor que la contaminación. Es por falta de tiempo. Las carreras políticas se mueven por tramos de unos cuantos años, insuficientes para el lucimiento en acciones de largo plazo.

Está claro que hay que ampliar el Metro. Pero, ¿cómo lograr que el ciclo de construcción concluya antes que mi ciclo político? Esto no favorece las mejores decisiones. Todo jefe político de la Ciudad de México ha soñado en la contraesquina (el Palacio Nacional) y ha fracasado. ¿Cómo centrarlos en lo importante para la ciudad, sin que pierdan el tiempo en sueños imposibles? Haciendo de la Jefatura un impedimento legal para ser candidato a la Presidencia.

También está clara la importancia de la mala gasolina. Pero Pemex, que era el único proveedor, nunca pudo o quiso mejorarla. Ahora que se importa, las ciudades más contaminadas deberían recibir únicamente la mejor.

Arbolar ennoblece la ciudad, da sombra, favorece la lluvia, limpia el aire y no es tan costoso. Desgraciadamente, tarda años en lucir. Pocos se animan a sembrar para otros.

En Londres y otras grandes ciudades hay que pagar peaje al entrar a zonas congestionadas. Sería mejor una calcomanía mensual que no deje entrar a los otros más que a ciertas horas.

La lluvia limpia el aire y, en ciertas circunstancias, es posible sembrar químicamente las nubes para que descarguen su humedad. Doble beneficio: el aire y el agua.

El Metro, el Trolebús y el Tren Ligero tienen la ventaja de ser eléctricos. La contaminación producida por la generación de electricidad se hace en otra parte. Los autos eléctricos tienen la misma ventaja y pueden combinarse con un sistema de pensiones nocturnas para su recarga, dentro o cerca de las estaciones del Metro.

Hay que desviar la circulación foránea que no viene a la ciudad, sino la cruza, porque no tiene vías de circunvalación. Hay que restringir el tamaño, tonelaje y horas de circulación de los tráileres en la ciudad. Todos los motores diésel (móviles o estacionarios) deben retener sus residuos contaminantes. El Metrobús no debería usar gasolina.

Y está la contaminación que no circula: la planta de asfalto, las hectáreas de basura al aire libre, los campamentos sindicales, los bloqueos.

Las marchas por un solo carril y dejando libre el paso en los cruceros tendrían la ventaja política de irritar menos y aumentar la longitud de la manifestación. Además, no afectarían tanto el tráfico: contaminarían menos que los bloqueos.

El programa a favor de las bicicletas ha sido un éxito y debe ampliarse. También el programa del Metrobús. Pero el programa Hoy No Circula ha sido un fracaso, costosísimo.

Si en el Distrito Federal y área metropolitana circulan cinco millones de automóviles con un valor promedio de $100,000, inmovilizar la quinta parte representa un desperdicio permanente de un millón de autos: 100,000 millones de pesos invertidos para nada.

Peor aún, hay evaluaciones técnicas negativas: “The effect of driving restrictions on air quality in Mexico City” (Lucas W. Davis de la Universidad de Michigan, febrero 2008); “Análisis del programa Hoy No Circula” (Héctor G. Riveros Rotgé, Ciencia, Instituto de Física de la UNAM, enero-febrero 2009, que reiteró su posición en Radio UNAM el 5 de abril 2016) y Evaluación del programa Hoy no Circula” (Centro Mario Molina, 2014).

El primero señala que en 1989 (cuando empezó el programa) mejoró la vialidad, pero “no se observó ninguna reducción en la contaminación del aire en la ciudad”; y cuando se introdujo el “No Circula” sabatino en 2008 “pasó lo mismo que en 1989”. El segundo concluye que “No se ha visto una mejoría en la calidad del aire”. Además, señala algo importante: que las restricciones llevaron a la compra de 325,000 autos adicionales, sobre todo usados, traídos de otras ciudades de México y de Estados Unidos. El tercero establece que el ozono aumentó. Todavía no hay análisis de la más reciente necedad: el Doble Hoy No Circula.

Cuando los médicos confiaban en las sangrías para toda clase de enfermedades, ¿qué hacían si el enfermo no mejoraba? Sangrarlo más. No se les ocurría pensar que las sangrías no curan. Sucede lo mismo con el Hoy No Circula. Si la contaminación no cede, a pesar de restricciones cada vez mayores, lo razonable es concluir que el remedio no funciona. Pero se vuelve a sangrar la circulación todavía más.

Gabriel Zaid