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El galeón de El Amor en los tiempos del cólera

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El hallazgo de la embarcación, hundida por piratas hace tres siglos, podría considerarse uno de los grandes acontecimientos en la historia de la humanidad.

La tarde del viernes 8 de junio de 1708 fue marcada como fecha trágica para el Imperio español. Una de sus embarcaciones más importantes se hundía a manos de los ingleses en el mar Caribe, frente a las costas de Cartagena de Indias.

Las aguas salinas sepultaron la nave. Esfuerzos de todo tipo, de todas las naciones y de todos los tiempos la han buscado junto con los tesoros que resguarda. El pasado 4 de diciembre, un tuit del presidente colombiano Juan Manuel Santos cambió la historia: “Gran noticia: ¡Encontramos el galeón San José!”.

Un día después en rueda de medios anunció: “Estamos ante uno de los más grandes hallazgos del patrimonio sumergido, si no el más grande dicen algunos, de la historia de la humanidad. Sin lugar a ningún tipo de dudas hemos encontrado 307 años después de su hundimiento el galeón San José”.

El descubrimiento se dio la mañana del 27 de noviembre, cuando el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, la Armada de Colombia y un equipo de científicos internacionales, identificaron los inconfundibles cañones de bronce del pecio: “La forma de delfín no deja ninguna duda respecto a la identidad del yacimiento arqueológico”, declaró Santos.

El legendario galeón tuvo un buque gemelo bautizado San Joaquín. Ambos fueron construidos a finales del siglo XVII en los astilleros de Mapil, cerca de San Sebastián en el País Vasco español.

El buen clima del jueves 7 de junio de 1708 fue la señal para que el almirante José Fernández de Santillán, conde de Casa Alegre, y comandante del galeón San José, decidiera levar anclas. Unas horas después, el cielo se cerró. Tal como si se tratara de un presagio, una llovizna cayó sobre la cubierta del barco que avanzaba muy lentamente debido a la sobrecarga.

La flota española fue asediada por los ingleses desde el siglo XVI. Piratas, corsarios y filibusteros acechaban cerca de las costas tanto europeas como americanas, con el fin de hacerse a la fuerza de los tesoros hispanos. Incluso la corona británica alentaba el hurto y personajes tan oscuros como Francis Drake, fueron distinguidos con el título de “sir”, “señor”, que se otorga hasta la fecha a aquellos hombres que destacan por su profesión o conducta que retribuye “honores” a la sociedad.

Era sabido que el galeón San José apenas había cargado en la feria de Portobelo, Panamá, un tesoro de oro, plata y piedras preciosas que había sido recogido en el Virreinato del Perú. Se dirigía a Cartagena de Indias para que se hicieran unas reparaciones y tras la escala en La Habana, Cuba, zarpara a Cádiz, España y refrendara un comercio global, de intercambio de productos, ideas y modernidad.

Así, en 1708, el Expedition, el Kingston, el Portland y el Vulture, salieron al encuentro de las naves españolas que hacían la llamada “Carrera de las Indias”. La batalla se prolongó dos días; cerca de la isla de Barú, el San José se fue a pique después de recibir cañonazos del Expedition, dirigido por el comodoro Charles Wager. Los 30 cañones de entre 10 y 18 libras  en forma de delfines, que defendían la embarcación, no fueron suficientes para contener la arremetida inglesa. De los 600 tripulantes, apenas unas decenas de marineros sobrevivieron.

Hasta hoy se han encontrado frascos de vidrio, cien vasijas de cerámica y algunas de porcelana, armas personales y la empuñadura de una espada. Sin embargo, la nave iba cargada con cerca de 11 millones de monedas de ocho escudos y las preciadas esmeraldas de la Nueva Granada (hoy Colombia). Su valor se ha calculado en unos 5,000 millones de dólares

El gobierno de España anunció que solicitará a Colombia “información precisa” sobre el hallazgo antes de decidir qué actuaciones adoptar. Colombia publicó en 2013 la ley que tiene por objeto “proteger, visibilizar y recuperar el Patrimonio Cultural Sumergido”.

Cartagena está de fiesta. Tendrá un nuevo museo. Aún faltan muchos estudios y muchos afanes. La cuidadosa y costosa labor está por comenzar. Al fin saldrán a flote esmeraldas, lingotes y quizá algún documento que animaran en su búsqueda a Florentino Ariza y a historiadores, arqueólogos, arqueólogos marinos, cazadores de tesoros…

Cuando todo emerja no será de nación precisa, tampoco de la humanidad, el tesoro siempre pertenecerá a Fermina Daza, tal como lo relató Gabriel García Márquez en su entrañable El amor en los tiempos del cólera.