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De convento a museo

zócalo df

 

Por Alberto Barranco Chavarría

Tensas las ansias en la larga espera, cuya antesala nacía al olor de tejocotes en miel de buñuelos, la suerte se colgaba de las estaciones de radio en espera del boleto de oro con proa al paraíso.

La posada de la vecindad más famosa de México.

El primer boleto, damas y caballeros, para quien nos diga el nombre completo de Cri-Cri. El segundo, señoras y señores, para quien adivine el nombre de esta canción; el tercero, mi jovenazo, para quien nos cuente de qué murió Guty Cárdenas…

Y quién fuera Lucha Villa, Lola Beltrán o Miguel Aceves Mejía, para entrar de gorra.

Ahora que dizque el maestro Salvador Novo y el dramaturgo Luis G. Basurto vienen a robar inspiración. Y esa que lleva la botella de tequila es Chavela Vargas.

La fiesta, el ponche, la colación, las piñatas, el baile, el burrito vivo con los peregrinos, el heno, las cubas, la portera de Virgen María y su nieto de Niño Dios, se agotaba a las tres de la mañana.

Y ya se me están largando porque aquí espantan.

Alma en pena

Dicen que la sombra del monje de sayal café, de paño burdo, flotaba por el patio en busca del consuelo del pretil de la fuente.

Dicen que era el alma en pena del mismísimo fundador del Convento y Hospital de Betlemitas, Pedro de San José Betancourt, quien importara de Guatemala la planta de esquisúchil que le curó el herpes.

Dicen que busca la campana con que recorría las calles en pos de enfermos a quién curar, mujeres desvalidas honestas a quiénes proteger, niños descarriados a quiénes educar  bajo el principio máximo de “la letra con sangre entra”.

Cerrado el convento a la hostilidad de las Leyes de Reforma, el largo terreno se fragmentaría en pedazos de historia: el Gran Teatro Nacional, donde se cantó por primera vez el Himno Nacional. La casa de mármol blanco de don Manuel Romero Rubio, el suegro del presidente Porfirio Díaz… un poco más joven que él.

Ahí estuvo el Hotel Vergara, luego el Hotel Europa y más tarde el inolvidable Dos Mundos, cuyo nombre anda aún rodando.

Monumento histórico

Ahí, en el convento vuelto vecindad, o la vecindad con olor de convento, vivía una mujer conocida sólo como Cora “La Holandesa”, quien se bañaba de sol, totalmente desnuda, en la azotea de las piedras de tres siglos…

¿O qué, no les he dicho que soy muy amiga de Ernesto P. Uruchurtu?

Y el “Regente de Hierro” llegaba de tarde en tarde. Y los balcones se abrían cada primero de septiembre al paso del presidente de la República, en un largo desfile que se terminó con José López Portillo.

Declarado monumento histórico en 1950, el Convento de Betlemitas salió de escena durante 15 años para reaparecer como Museo Interactivo de Economía (MIDE). Inflación por posada; cifras por hábitos; estadísticas por leyendas.

El milagro lo hizo el Banco de México.

Se acabó el guateque.