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Racismo, el Donald Trump que todos llevamos dentro

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 Por Mariana Chávez Rodríguez

 El color de la piel y la apariencia es determinante en México para conseguir empleo, tener un buen salario, realizar un negocio, alcanzar un puesto político o simplemente recibir un buen trato, opinan los especialistas consultados.

I: El tamaño del problema

Luego de las declaraciones discriminatorias del precandidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, ciudadanos y empresarios mexicanos manifestaron indignados su rechazo. ¿En verdad somos así de incólumes?

Un vistazo a nuestra historia, a los estudios estadísticos y a la realidad, nos muestra que podemos ser igual o más racistas que los estadounidenses.

La Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2010 (Enadis) evidenció que en este país tres de cada 10 ciudadanos reconoce que a las personas se les insulta en la calle por su color de piel, y el 74.6% de los consultados considera que no se han respetado sus derechos por su apariencia física.

“Los mexicanos identifican a las personas de piel blanca como más guapos, inteligentes, agradables, mejor educados y de clase social más alta. En contraste, las personas de piel oscura son consideradas menos educadas, desagradables y pobres. De ahí que exista una correlación entre clasismo y racismo. El problema es que con base en esto toman decisiones de negocios, políticas o laborales”, afirma la doctora en ciencia política e investigadora del CIDE, Rosario Aguilar.

El estudio PERLA, por sus siglas en inglés, señala que el color de la piel y la identidad mestiza, son factores discriminatorios en el mercado laboral en México, pues 11% de las personas de piel blanca y estudios universitarios tiene más probabilidades de conseguir un empleo que alguien de piel menos clara.

El Barómetro de las Américas dejó en claro que independientemente del nivel educativo, sexo y edad, el ingreso de una persona de piel oscura es menos de la mitad que el ingreso de una persona de tez blanca.

La investigadora Aguilar constató a través de un experimento que la  tez blanca es coadyuvante en la votación de candidatos políticos, sobre todo en indecisos, así como al elegir socios en una empresa. “Se dice que el dinero blanquea, pero en México esto no ocurre, pues se mantienen las diferencias sociales”, afirma.

Según datos de la Enadis los indígenas son el grupo más vulnerable; 44.1% de los mexicanos reconoce que no se respetan los derechos; el 19.5% ha reportado discriminación; entre el 30 y 40% consideran que no tienen las mismas oportunidades que los demás para conseguir trabajo y recibir apoyos del gobierno.

“No se equivocan, el racismo en México está tan asimilado que incluso existen expresiones institucionales”, afirma el doctor en ciencias políticas Mauricio Merino, investigador del CIDE y presidente de la asamblea consultiva del Conapred.

El 72% de la población indígena no es derechohabiente de ninguna institución federal de salud, lo que incrementa la muerte infantil, materna y merma su desarrollo. También carece de servicios, créditos, y educación que les permita superar su marginación y en lo político no tiene una representación real en las Cámaras, según se desprende de los informes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, Coneval y del Conapred.

Las expresiones racistas de ciertas autoridades también son una muestra clara, como ocurrió en abril pasado cuando se dio a conocer la conversación que mantuvo Lorenzo Córdova, presidente del Instituto Nacional Electoral (INE) con el secretario ejecutivo Edmundo Jacobo Molina, luego de una reunión con Hipólito Arriaga Pote, representante de los pueblos indígenas.

Lo más grave del asunto, coincidían entonces algunos analistas políticos, fue que la reunión buscaba que se les permitiera elegir diputados y senadores indígenas sin recurrir a los partidos políticos. Solicitud que fue denegada por “improcedente”, sin otorgarles la alternativa de acudir a la Cámara de Diputados donde se han lanzado iniciativas para la elección de representantes indígenas y migrantes”, escribió el abogado Francisco López Bárcenas.

Desprecio internacional

La Encuesta Mundial de Valores expuso que 9.9% de los mexicanos no están dispuestos a convivir con una persona de raza distinta. Sin embargo, la Enadis y el Conapred indican que un rango de 42.1 a 63.9% de nacionales discrimina a los migrantes sobre todo a los centroamericanos; 3.5% los considera un grupo potencialmente generador de conflictos; y 40.1% está de acuerdo en que la policía interrogue a cualquier individuo que parezca migrante, cifra cercana al 62% de los estadounidenses que también estuvieron de acuerdo.

Datos corroborados por los migrantes, según investigaciones del Conapred, 47% de los refugiados ha reportado discriminación laboral y 20% discriminación y maltratos por parte de las autoridades mexicanas, que en las estaciones migratorias no proporcionan los mínimos cuidados ni atienden debidamente a víctimas de violencia sexual y de género.

La propia ONU ha dado cuenta de la dramática manifestación del desprecio y agresión hacia los migrantes, básicamente centro y sudamericanos, hecho que también ha puesto en duda “la imagen prevaleciente de México como país solidario y abierto a los extranjeros”.

  • Un 32.1% de las mujeres mexicanas tiende a identificarse con los tonos de piel más claros, aunque ellas sean morenas (Enadis).
  • El 50% de las trabajadoras del hogar son de origen indígena y 29.7% de los mexicanos reconoce se les da los sobrantes de la comida (Mauricio Merino y la Enadis).
  • El 60% de los mexicanos reconoce que no se respetan los derechos de los migrantes centroamericanos (Conapred).

El panista Carlos Treviño, ex secretario de Desarrollo Social de Querétaro, en septiembre de 2014 llamó “simio” al futbolista brasileño Ronaldinho, en su cuenta de Facebook.

II: En busca de la raza superior

Beatriz Urías Horcasitas, autora del libro Historias secretas del racismo en México, señala que el racismo forma parte de nuestra propia historia. En la Colonia, ejemplifica, existió una organización social que a partir de un criterio racial, entablaba vínculos jerárquicos que eran expresión de lo que se consideraba una desigualdad natural.

La Independencia –de acuerdo con Urías  -investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM–, si bien trajo ideales de igualdad como la aparición del concepto de ciudadanía, abolió el esquema de jerarquía de castas y desapareció del vocabulario jurídico el término ‘indio’; por otra parte, la interacción social permaneció marcada por formas de discriminación enraizadas en criterios biológicos: “Incluso comenzó a circular el estereotipo del indígena como un ser perezoso, borracho, vicioso, sodomita, violento, tendiente a la barbarie y a la rebelión”, apunta en su libro.

“La Revolución, con sus ideales de tierra y libertad –agrega-, no hizo desaparecer la idea de que el mundo indígena debía transformarse o desaparecer para poder integrarse a un proyecto de nación. Y en el periodo posrrevolucionario el tema racial siguió en el centro de las preocupaciones de las élites políticas y científicas.

“A la luz de nuevas concepciones –la eugenesia y la higiene mental– extraídas de los autoritarismos europeos, se alimentó un programa de ‘reconstrucción’ social y político, que volvió a vincular el cambio y la modernización del país a la realización de una mutación fisiológica”, destaca.

“Para lograr dicho cometido -continúa en su libro-, algunos intelectuales y científicos plantearon que se necesitaba depurar la herencia degenerativa y propusieron eliminar la reproducción o aprobar el aborto en personas catalogadas como indeseables: alcohólicos, toxicómanos, epilépticos, desviados sexuales y enfermos mentales o aquejados de males venéreos.

“Incluso en Veracruz en julio de 1932, durante la gubernatura de Adalberto Tejeda, fue expedida una ley que legalizaba la esterilización en caso de idiotismo, locura, enfermedades incurables o criminalidad.

“Nuestro pasado indígena –añade- fue catalogado de indeseable pues decían que la opresión los había convertido en seres taciturnos, reservados, desconfiados, mentirosos y pasivos, y el alcoholismo había disminuido su inteligencia y sensibilidad. Características que según algunos criminólogos los hacían propensos a la conducta criminal. Incluso se promovió la inmigración de europeos, para literalmente ‘mejorar la raza’. Además se llegó a sustentar que la raza blanca era la única capaz de gobernar.

“Estas ideas -insiste la especialista-, ocultaban una búsqueda de los políticos posrrevolucionarios de organizar la sociedad de manera autoritaria, en aras de crear una ‘mejor sociedad’. Afortunadamente estas ideas totalitarias no se solidificaron, por las tensiones entre grupos políticos así como por el rechazo que recibieron de un amplio sector de la población.

“Sin embargo, coadyuvaron a encarnar el racismo que adquirió nuevos matices de discriminación donde se entrelazan los prejuicios raciales con la marginación económica, cultural y social”, reitera la doctora en historia y civilizaciones Urías Horcasitas, en su libro Historias Secretas del racismo en México.

III: ¿Racistas por naturaleza?

Presente en todo el mundo a lo largo de la historia, el racismo ha llevado a los estudiosos a tratar de indagar si los seres humanos somos racistas por naturaleza.

Estudios realizados por neuropsicólogos de la Universidad de Nueva York y de Cambridge (Neurociencia del racismo), detectaron la activación anormal de la amígdala y de la corteza cingulada -estructuras encargadas de procesar las emociones y tomar decisiones-, en individuos que se decían no racistas a quienes se mostró fotos de personas de raza distinta.

“Su activación dejó al descubierto sentimientos de desagrado, temor y agresión a grupos étnicos diferentes, y también se aclaró que dicha reacción fue producto de aprendizajes adquiridos en la infancia”, explica el psicólogo clínico José Eduardo Suarez Santiago, académico de la Universidad del Valle de México (UVM)

Otras investigaciones han dado cuenta de que el racismo podría tener sus orígenes más arcaicos en una desconfianza biológica, propia de todos los seres vivos, sostiene la especialista en psicología evolutiva y ecología de la conducta, Guillermina Echeverría Lozano, para quien esta desconfianza podría tener ventajas pues, en términos biológicos, pone en alerta y contribuye a la protección de los grupos familiares y ayuda a evitar que éstos sean explotados de alguna manera.

La científica apunta que este mecanismo de desconfianza en los humanos se consolida a partir de aprendizajes sociales que pasan de padres a hijos y entre los miembros del grupo hasta que, finalmente, se integran al bagaje cultural.

También existen reportes sociológicos y psicológicos que muestran que los sentimientos de cólera, agresión o frustración pueden mitigarse si se dirigen contra aquellos hacia los que tenemos estereotipos negativos o contra aquellos que consideramos menos poderosos y por lo tanto incapaces de tomar represalias contra nosotros.

“El pertenecer a hogares donde se imposibilita, desde la infancia, expresar sentimientos de coraje e ira, puede favorecer conductas racistas y de búsqueda de  dominio sobre grupos vulnerables”, agrega José Eduardo Suárez Santiago, también candidato a doctor en neurociencias, de la UVM.

Empero, coinciden nuestros especialistas, una conducta por más natural que parezca, no puede considerarse inevitable y mucho menos aceptable.

IV: Daños colaterales

En 2011 se reformó el artículo 1° constitucional para añadir cláusulas referidas a la obligación del Estado mexicano de promover, respetar proteger y garantizar los derechos humanos y la igualdad. Se indicó también la obligatoriedad de cumplir con todos los tratados internacionales que se hayan firmado, elevándolos a rango constitucional.

Sin embargo, para el doctor Mauricio Merino del CIDE, esto sigue siendo una utopía, pues el racismo y la desigualdad se ha encarnado en México, pues se está actuando horizontal y verticalmente, es decir, de poderosos a desfavorecidos, y entre iguales.

El racismo vertical, nos explica el maestro José Eduardo Suárez Santiago de la  UVM, obedece al interés de un grupo de personas por detentar el poder político y social y, para ello, utilizan la ideología racista. Mientras que la discriminación horizontal se debe a una falsa búsqueda de protección contra la pérdida de status:

“La devaluación de las diferencias, así como la alabanza y asimilación de prácticas culturales, es la forma de manifestarlo. Para eludir el racismo los mexicanos han empleado estrategias de ‘blanqueamiento’, como pintarse el cabello de rubio, la utilización de cremas aclaradoras o, incluso, cirugías que proporcionan rasgos caucásicos. Pero por más dinero que se tenga las separaciones se mantienen”, expone Beatriz Urías de la UNAM.

Según el Conapred esta ideología produce y reproduce la violencia e impunidad y se extiende a los grupos homosexuales, discapacitados o incluso de nivel económico inferior, que afirman ser objeto de discriminación social y laboral. Esto coadyuva a la separación de la población y a la justificación incluso de las diferencias económicas, laborales y sociales.

Nuestros expertos creen que abatir este problema no será nada sencillo, y que el mejor camino es aceptarlo, dejar de disfrazarlo de clasismo, para luego emprender campañas de concientización y educación a través de los medios de información, reproductores y legitimadores del racismo.

“La igualdad es el camino para el crecimiento económico,la paz social y la democracia. Mientras no lo entendamos todos, desde políticos hasta ciudadanos, estaremos boicoteando el desarrollo de México”, sentencia el doctor Mauricio Merino, del CIDE.

  • El 95% de las fotografías de revistas y suplementos de sociales, muestran a personas blancas: Mauricio Merino (CIDE).