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Plano de la ciudad de México de 1720

planos ciudad de México

Por Manuel Ramos Medina

Este bello plano es un testimonio artístico que muestra el auge económico de la aristocracia criolla, la riqueza de la Iglesia, el clero secular y regular, así como los conventos de monjas, las plazas y grandes calles que distinguían a la señorial ciudad de México como una de las grandes urbes del imperio español.

El plano está dibujado en papel de trapo, mide 59×42 centímetros, y la técnica es tinta sobre papel. Lleva por título Plano de la Ciudad de México de 1720 para organizar la recolección de la basura.

Se trata de un mapa realizado por los maestros de arquitectura Antonio Álvarez, alarife mayor de la ciudad de México, y Miguel Rivera, asentista de las cañerías de la ciudad. Está fechado el 27 de junio de 1720 y presenta un instrumento para poner en práctica la orden del virrey Baltasar de Zúñiga y Guzmán, marqués de Valero (1716-22), la Real Audiencia.

Lo que se pretendía en aquellos tiempos era organizar la evacuación de la basura de la populosa ciudad. En el mapa se encuentran señalados los lugares para los depósitos de desperdicios y excrementos, los que serían transportados hacia las afueras de la urbe por medio de carros tirados por caballos que agilizarían las prácticas cotidianas.

La casa reinante española de los borbones, iniciada a principios del siglo XVIII con Felipe V (1700-1746), se preocupó por sus posesiones en ultramar, y la ciudad de México en particular, ordenando cédulas reales para embellecerla y hacerla digna del título de capital del Virreinato de la Nueva España. Así, poco a poco nuevas ideas y teorías fueron permeando en la ciudad de México, y sus resultados inmediatos fueron la limpieza y el buen funcionamiento.

Durante el siglo XVIII las nuevas teorías sobre la circulación de la sangre modificaron la forma de ver el mundo urbano. Por ello el tránsito del aire y del agua fueron consideradas por las autoridades como una necesidad ineludible para evitar enfermedades, epidemias y plagas. Con estas ideas comenzaron a hacerse intentos por eliminar la basura y los focos de infección y putrefacción.

No obstante, en una sociedad ampliamente dispareja y desigual como la capital del Virreinato, para sus habitantes las enfermedades siguieron siendo consideradas como castigo divino que se materializaban por medio de la influencia perniciosa de los astros, y las rogativas destinadas a las imágenes milagrosas continuaron practicándose como única solución para contenerlas. Los intentos racionalistas por mejorar las condiciones higiénicas cayeron en el vacío y fueron letra muerta a causa de la poca respuesta que hubo por parte de la población.

El plano está orientado de norte a sur y muestra claramente los límites de la antigua ciudad. Destacan como límites del lado poniente, la acequia, el gran convento de San Francisco, el callejón de la Condesa; por el lado oriente, el puente y convento de Jesús María y de Santa Inés y, del lado sur, el convento y templo de San Bernardo. Por el norte, la parroquia de Santa Catarina y el antiguo Colegio de San Ildefonso. Destaca en el centro del plano la majestuosa catedral metropolitana, la Plaza del Volador, el Palacio Virreinal, el templo de Portacoelli, el convento de Balbanera, entre otros.

Se puede considerar el antecedente de una serie de bandos que se dictaron en la ciudad de México en los que se ordenaba la limpieza del centro urbano y sus barrios. La salubridad fue evaluada según la condición de sus aires. Pero la población se comportaba indiferente hacia los nuevos descubrimientos circulatorios.

Sabemos por las crónicas que la ciudad distaba mucho de ser una metrópoli limpia. Se cuenta que en las grandes casonas, desde los balcones se echaban afuera las inmundicias a la calle, y que la gente que pasaba en ese momento gritaba: “¡Aguas, aguas!”, lo que ha quedado hasta nuestros días como un término que quiere decir: “¡Cuidado!”.

Invitamos al público lector a que ingrese a ver el plano detalladamente con el fin de que ubique la antigua ciudad y pueda pasearse tranquilamente reconociendo sus calles antiguas así como las grandes casonas virreinales.

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