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Los elefantes de Dalí en Museo Soumaya

elefantes de dalí

Por Alfonso Miranda

Una visita obligada dentro del vanguardista edificio diseñado por el arquitecto Fernando Romero, es esta colección de paquidermos.

Todas las mañanas, cuando despierto […] experimento un placer supremo: el de ser Salvador Dalí.

En la colección de esculturas dalinianas en Museo Soumaya. Fundación Carlos Slim, desfilan jirafas, caracoles, hormigas, caballos, dragones, unicornios… Los más alucinantes serán los paquidermos. Bajo el método paranoico-crítico, los sentidos dobles o múltiples conforman el juego. Los opuestos convergen, se funden en estas piezas.

Me gustan mucho los cráneos de elefante. Especialmente en verano. No puedo pasarme sin ellos. No concibo un verano sin ver un cráneo de elefante, redactó Dalí en julio de 1952, en Diario de un genio. Presuponen gravidez y ahora se sostienen en delgadísimas patas de jirafa. Frágiles huesos de los que pende la realidad. También la Vía Láctea en aquellas refracciones del obelisco de resina y oro inspiradas en los clásicos Palladio y Bernini.

En los bestiarios medievales se le recuerda por la pureza, ya que se pensaba que no lo movía el instinto sexual. Cesare Ripa en su Iconología le atribuye fuerza, mansedumbre y templanza. Los símbolos poderosos abrevan de igual forma en el lado oscuro. La Edad Media condenó al animal por su rareza, debido a que la hembra provocaba el deseo al ofrecer la mandrágora.

Las elefánticas esculturas de Museo Soumaya tienen su origen en Las tentaciones de san Antonio en el Museo Real de Bellas Artes de Bruselas, Bélgica. El lienzo de 1946 representa al ermitaño en el desierto. Desnudo y en la misma posición del famoso Gabinete antropomórfico –famosa escultura también en el acervo mexicano–, con la cruz en la diestra ahuyenta al mal.

Para Dalí, los caballos de pezuñas desgastadas aluden al triunfo. La mujer que muestra complacida su desnudez, representa la vanidad y la lujuria. Oro y riquezas en la pirámide, así como las espléndidas monturas, serán rechazados por el asceta.

Dalí optó por distintos formatos. En escala, también empequeñeció a los paquidermos; de ellos también da cuenta el acervo. Pátinas pintadas en verde intenso contrastan con los dorados pulimentados que deslumbran a propios y extraños.

En la sala Julián y Linda Slim, en lo más alto del vanguardista edificio diseñado por el arquitecto Fernando Romero, Dalí convive con la gliptoteca de Fundación Carlos Slim. Un acervo que emprende lecturas transversales, no lineales. Puntos de encuentro y desencuentro, ahí donde los visitantes más que encontrar respuestas, hallan nuevas preguntas sobre el arte y sobre sí mismos.

Desde 2012 Elefante triunfante da la bienvenida en la explanada de Museo Soumaya en Plaza Carso. Los escritores surrealistas utilizaron el automatismo como forma literaria; es decir, escribían palabras según venían a su mente.

No las alteraban para no interferir en el acto puro de la creación. Los artistas dejaban fluir libremente su pensamiento para establecer una vía de comunicación con el inconsciente, refiere el investigador David Cardozo. En palabras de los poetas Eugène Grindel, conocido como Paul Éluard, y Benjamin Péret: Los elefantes son contagiosos.

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