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¿Cuál es la razón de que México siga creciendo a un ritmo de apenas 2% anual?

crecimiento económico

Por Sergio Sarmiento

Durante décadas se habló de la “tasa india de crecimiento”. Se sabía que, independientemente de las fluctuaciones naturales, la India terminaba siempre por crecer a un ritmo promedio de 3% al año. Esa tasa la experimentó el país a todo lo largo de su periodo de economía planificada, desde la década de 1950 a la de 1980. Las reformas económicas de los años noventa, sin embargo, demostraron que no había nada de irremediable en la tasa india de crecimiento; esas reformas impulsaron su economía y la llevaron a crecer a un promedio de 7% al año.

A los mexicanos nos ha ido peor. Nos hemos tenido que habituar a una expansión de apenas 2% al año. Ésta es ya la “tasa mexicana de crecimiento”. La hemos tenido con nosotros tres décadas. Algunos años la economía alcanza cifras mayores, pero sólo para caer en crisis que dejan el promedio en ese persistente 2%.

Cuando Enrique Peña Nieto era candidato a la Presidencia prometió hacer reformas que llevarían a un crecimiento de 6% al año. No ha sido el único. También Vicente Fox pronosticó 7% y Felipe Calderón 6%. Al final ninguno tuvo éxito.

En el sexenio de Fox, México tuvo una tasa promedio de crecimiento de 2.28% al año. Con Felipe Calderón el ritmo bajó a 1.92% . En los dos primeros años del sexenio de Peña Nieto fue de 1.75% anual. El primer trimestre de 2015 la economía se expandió en sólo 0.4% frente al trimestre anterior, lo cual anualizado se traduce en 1.6%.

¿Por qué sigue creciendo México a un ritmo de apenas 2% al año? ¿No han servido las reformas que se han hecho en las últimas décadas?

Lo primero que hay que entender es que la falta de crecimiento no se registra en toda la economía nacional. Estados como Aguascalientes y Guanajuato, beneficiadospor la apertura económica, han registrado altas tasas de expansión en los últimos años. De hecho, sus cifras rivalizan con las de la India y China. En contraste, estados como Oaxaca, Guerrero y Chiapas, se rezagan cada vez más, a pesar de que son los que más dinero reciben en subsidios del gobierno. Su problema son las barreras que levantan a las inversiones privadas.

El Distrito Federal es un caso especial. La entidad es sede de las principales empresas del país y recibe un subsidio implícito tanto por el hecho de que las corporaciones pagan impuestos en la capital como porque el gobierno crea la mayor parte de sus puestos burocráticos y políticos aquí. Pero ante el creciente uso de recursos públicos para subsidios asistencialistas y las restricciones a la circulación de vehículos por medidas gubernamentales, así como por los constantes bloqueos de las vías de comunicación por manifestaciones y plantones, la ciudad ha tenido en los últimos años una baja tasa de crecimiento.

La apertura comercial ha impulsado la industria automotriz y la ha convertido en una de las más importantes del país. La inversión extranjera directa ha sido constante en los últimos años. Las grandes empresas extranjeras y nacionales pueden operar en México con mucha facilidad.

No es el caso, sin embargo, de las pequeñas y medianas empresas locales. Éstas enfrentan tasas de impuestos muy elevadas, por arriba de los países europeos, además de violencia e inseguridad y competencia de una creciente economía informal.

La tasa mexicana de crecimiento está aquí para quedarse, por lo menos mientras el gobierno mexicano no entienda que las reformas no deben restringirse a la apertura internacional. Hoy deben concentrarse en el mercado interno para dar a las pequeñas empresas nacionales las mismas oportunidades que a las extranjeras.