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Por María Luisa Jiménez y Guillermo Anaya

“Habíamos quedado para almorzar a mediodía, pero, por una casualidad imprevista, nos ocurrió un accidente fortuito. Nuestro coche chocó contra un camión y quedó sumergido bajo el agua. Juan y yo, encerrados en el vehículo, no podíamos salir al exterior. Nunca antes habíamos pasado tanto miedo.”

Las redundancias y los pleonasmos son muy frecuentes en nuestra lengua, tanto que en muchas ocasiones no nos percatamos de su presencia. Así, se han vuelto comunes frases tales como “Se le dibujó una sonrisa en los labios”, “Estuvo deambulando sin rumbo”, “Se le vio volar por los aires” o “Después de este lapso de tiempo”, sin mencionar los clásicos “Entrar adentro”, “Salir afuera”, “Subir arriba”, “Bajar abajo” o “Con el puño cerrado”.

Antes de seguir enlistando estas expresiones del lenguaje, hagamos un paréntesis para aclarar qué son el pleonasmo y la redundancia. Ambas palabras se refieren a la repetición innecesaria de términos. Mientras la redundancia suele tener connotaciones negativas y se considera un vicio de expresión, el pleonasmo se cataloga como una figura estilística empleada, aparentemente, para dar énfasis al discurso; no obstante, en ningún caso aporta expresividad ni añade nada nuevo al significado de la frase.

¿A qué se debe tanta repetición?

Por naturaleza, la lengua española tiende a ser reiterativa en sus formas y en sus funciones (es por eso que solemos decir “A mí me gusta el mole”, en lugar de sólo “Me gusta el mole”). Sin embargo, muchas veces este uso se debe simplemente al desconocimiento de las palabras y su significado semántico.

De esta manera, resulta innecesario mencionar que alguien tiene una sonrisa en los labios, dado que la sonrisa es un gesto que únicamente se realiza con los labios; o bien que deambular implica caminar sin dirección determinada, o que un lapso es el tiempo que hay entre dos límites.

Lo mismo sucede con frases como “parvada de aves” o “enjambre de abejas”, que por definición hacen referencia al colectivo al que pertenecen. Para no cometer este tipo de errores es necesario estar conscientes del significado de las palabras y recurrir siempre a la economía del lenguaje. Al final, lo que sobra no hace falta.

¿A ver o Haber?

A ver: Se emplea cuando se quiere aclarar algo, equivale a decir “veamos”. “Vamos a ver cuál es tu problema”, “A ver si este año nos toca la lotería”.

Haber: Es el verbo en infinitivo que significa poseer, y suele utilizarse como auxiliar para conjugar otros verbos. “Debió haber tenido buenas calificaciones”, “¿Habrá tenido buenas calificaciones?”.

Guerrero Salazar, Susana. “Las redundancias en español: Un medio para pulir la lengua en los niveles de perfeccionamiento”, Actas del XI Congreso Internacional de la ASELE. Zaragoza, España, 2000. Visto en Centro Virtual Cervantes [12/05/2015]