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Real Cédula de fundación de la ciudad de Tlaxcala

Tlaxcala

Por Manuel Ramos

Uno de los documentos más valiosos del Centro de Estudios de Historia de México Carso es  esta cédula, ordenada por el emperador Carlos I de Habsburgo de España, en 1535 a petición de los indios.

Los tlaxcaltecas fueron los grandes aliados de Hernán Cortés para organizar el sitio y la caída de México Tenochtitlan en 1521. Como premio la Corona otorgó a algunos dirigentes tlaxcaltecas canonjías y reconocimientos por parte del rey e incluso el otorgamiento de algunas encomiendas. Tlaxcala fue reconocida como una ciudad de indios del Imperio Español y distinguida con todos los privilegios y la dotación de tierras y aguas.

Uno de esos reconocimientos fue la Cédula que hoy nos ocupa. En 1534 Diego Maxixcatzin (o Diego Tliquiyahuatzin), había sido el gobernador indio de la Provincia de Tlaxcala en 1530. Éste se trasladó a la península ibérica para entrevistarse con el rey Carlos I acompañado por los indios Sebastián, Martín y el oidor Salmerón, quienes recibieron uno de los primeros privilegios que se dieron a los tlaxcaltecas el 22 de abril de 1535 el título de Leal Ciudad y el escudo de armas, que hasta la fecha ostenta.

La Real Cédula, escrita sobre pergamino -enmarcada por flores de colores diversos y adornada con pequeños animales, presenta en la parte superior el escudo de los Habsburgo con el águila bicéfala y las columnas Plus Ultra, sostenidas por tanates-, es una obra de arte en sí misma.

La distingue la firma de “Yo, la reina”, que se atribuye a doña Juana, conocida en la historia como Juana la Loca, madre de Carlos I. En este documento se asienta la petición de don Diego Magiscaco, es decir, Maxixcatzin, quien siendo gobernador de la ciudad y provincia de Tlaxcala, “en nombre de la dicha ciudad nos suplicó que acatando los servicios que nos ha hecho, e que hasta ahora ha estado dicha provincia en nuestra cabeza, fuésemos servidos de señalar armas a la dicha ciudad, según de como las tienen las otras ciudades y villas de las nuestras. Y nosotros acatando el susodicho y porque somos ciertos y certificados de los servicios que los principales y pueblos de la dicha provincia nos han hecho… tenémoslo por bien y por la presente hacemos merced y queremos y mandamos que ahora y de aquí en adelante la dicha ciudad de Tlaxcala se llame e intitule la Leal Ciudad de Tlaxcala y que tenga por sus armas conocidas un escudo, el campo coloreado y dentro de él un castillo de oro con puertas y ventanas anules, y encima del dicho castillo una bandera con águila negra… y por orla, en cada uno de los dos lados un ramo de palma verde y en lo alto tres letras que son los nombres de don Felipe, nuestro amado nieto e hijo, y entre estas tres letras, coronas de oro y de la parte de abajo dos calaveras de hombres muertos y entre ellas dos huesos de hombres muertos”. Así, afirma la Cédula, podrán en adelante portar y poner en sus pendones, sellos y escudos y banderas.

Este Cédula ortorgó pues un sitio distintivo a Tlaxcala entre otras muchas ciudades del Imperio Español, solicitando su reconocimiento oficial y el respeto correspondiente. Lo interesante es que la misma dirigencia tlaxcalteca solicitó el documento, como lo fue también la ciudad del Cusco, en el Virreinato del Perú. Las dos ciudades y provincias más representativas de los indios americanos.

El 22 de abril de este año de 2015, cumpliendo una promesa de entrega del facsímil de la Cédula Real a los cuatro señoríos de Tepeticpac, Ocotelulco y Zitlalpopocatzin pertenecientes al municipio de Totolat, y Tizatán, perteneciente al municipio de Tlaxcala y sus representantes respectivos, Ing. Juan Ramírez Jiménez, Silvestre Aquiahuatl Toledo, Jesús Sánchez Santos y Julio Zempoalteca León, el Centro de Estudios en el 480 aniversario de la promulgación del documento, en compañía del embajador de España don Luis Fernández-Cid de las Alas Pumariño y su esposa, en una ceremonia llena de color, danza y bellos atuendos, se celebraba el acontecimiento, se entregaron las cuatro copias con el fin de que en cada sede de gobierno se ostente dicho documento, orgullo de los tlaxcaltecas.

Por primera vez un alto funcionario español visitaba estos señoríos. Su asombro y dedicación se dejaron sentir entre la población, particularmente entre los niños con un discurso de aceptación y orgullo por la historia de ambos países.

Los discursos de los cuatro señoríos fueron de una gran enseñanza. La reconciliación del pueblo tlaxcalteca con su pasado se hizo presente. Los orígenes indios y la aceptación de la Conquista, así como el ingreso de la cultura occidental, el cristianismo y el lenguaje, son parte de un presente. Los nombres y apellidos están entremezclados como símbolo de un origen mestizo. La raíz india, así como la raíz occidental es un hecho. Tlaxcala, a diferencia del resto del país, se ostenta como un pueblo conquistador, no conquistado. Están orgullosos de su expansión en compañía de las huestes castellanas, en tierras lejanas del norte que fueron conquistando y poblando a lo largo de fines de los siglos XVI y XVII. Sangre tlaxcalteca se regó por todo el norte.

La labor de Sabino Yano Bretón, entusiasta tlaxcalteca defensor de la cultura y Cónsul de España, en compañía de la alianza de los Cuatro Señoríos muestran la recuperación de la identidad de los antiguos señoríos tlaxcaltecas. Reconciliarse y aceptar el pasado da una nueva visión del futuro de nuestro país y Tlaxcala es el ejemplo más claro.

La recuperación arquitectónica del primer templo cristiano en Mesoamérica, construido en un antiguo adoratorio a Tláloc y dedicado entre 1519 y 1524 a Santiago Apóstol, conocido en la región como El Patrón, es un ejemplo de aceptación de una nueva cultura.

Así pues, los tlaxcaltecas son y manifiestan un gran ejemplo en nuestro país.

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